La luz social
Einstein destacó también por su lucha a favor de las libertades civiles en el mundo, y especialmente en su país adoptivo, Estados Unidos. Desde ahí se opuso al fascismo, defendió a los judíos, ayudando a muchos a huir de Alemania durante la Segunda Guerra Mundial, y luchó contra la discriminación racial, contra la violencia y las armas nucleares. Einstein afirmó estar en contra de la violencia, excepto en el caso de un enemigo entregado a la destrucción de la vida, como la Alemania de Adolf Hitler.
Einstein era socialista declarado: “Estoy plenamente convencido de que sólo existe un camino para eliminar estos graves males [el capitalismo], a saber, el establecimiento de una economía socialista, acompañado de un sistema educativo orientado hacia metas sociales… La educación del individuo, además de estimular sus facultades innatas, desarrollaría en él un sentido de la responsabilidad ante sus semejantes, en lugar de la glorificación del poder y del éxito, típica de nuestra sociedad actual.”
En los años 50 el senador estadounidense Joseph McCarthy desató una cacería de brujas en su país cuando afirmó que los comunistas se habían infiltrado en las instituciones estadounidenses. Las autoridades empezaron a sospechar de todos los intelectuales, y especialmente de los físicos. Los llamaban a declarar ante una comisión especial del congreso estadounidense e instaban al pueblo a denunciar a quien tuviera lazos con el comunismo. Bastaba la más mínima sospecha para ser llevado ante la comisión. En ese periodo de terror Einstein llamó públicamente a los científicos a negarse a prestar testimonio y a estar dispuestos a ir a la cárcel y a perderlo todo en aras de la libertad que se les quería negar. Más tarde se descubrió que el FBI tenía un grueso archivo de investigaciones acerca de las actividades del profesor Albert Einstein, peligroso extranjero. Muchos maestros y algunos científicos resistieron a los ataques gracias a la inspiración y el apoyo de Einstein.
Así, Einstein luchó no sólo por defender sus ideas físicas, sino por una sociedad más humana, igualitaria y educada, en el buen sentido de la palabra. Enfrentó a sus adversarios científicos, políticos y sociales con el don de la palabra y el pensamiento.
La luz humana
Pese a su fama mundial, que él deploraba, Einstein fue un científico humilde. Su aspecto desaliñado transmite el mensaje de que lo que importa es el fondo y no la forma. No importa el aspecto físico, sino el contenido. Todavía hoy muchos físicos, quizá inspirados por Einstein, prefieren vestir informalmente. En Einstein el desaliño de los últimos años (de joven era un dandy) refleja tal vez su actitud de rebeldía contra el poder.
Bitácora biográfica
EEl niño Albert Einstein nació a las 11:30 de la mañana del 14 de marzo de 1879, en Ulm, Alemania. Era cabezón y aprendió a hablar tarde. A los tres años de edad le enseñaban el camino de ida en las calles de Munich y lo dejaban que regresara solo, vigilándolo de lejos. No le gustaban los juegos violentos y hacía casas de naipes de 14 pisos. Le pegó a su hermana varias veces, también a una maestra y hacía rabietas. Durante sus primeros años careció de fluidez en el lenguaje. Aprendió a tocar el violín y su madre Pauline lo acompañaba con el piano. A los once años compuso algunas canciones de alabanza a Dios. La escuela en la que estudió el equivalente a la primaria le pareció autoritaria, mecánica y aburrida. No es cierto que Einstein fuera un mal estudiante, sacaba buenas calificaciones en todo con excepción de los deportes; de hecho hay constancia por su madre de que varias veces fue el primero de la clase. Se cuenta la anécdota de que su profesor de griego le dijo en una ocasión que nunca llegaría a ser alguien. Sus lecturas de divulgación de la ciencia entre los 10 y los 15 años fueron fundamentales, según él mismo, para acabar con su religiosidad. La educación férrea alemana, excesivamente disciplinada e impaciente, lo que llamaba el “ambiente filisteo acomodado”, así como su antibelicismo, hicieron que Einstein renunciara a su nacionalidad para adoptar la suiza.
En 1898 Einstein inicia una relación amorosa con Mileva Maric, serbia del norte de Yugoslavia y tres años mayor que él, quien también estudiaba física en la Escuela Politécnica de Zurich, en Suiza. Se cuenta que la madre de Einstein era muy posesiva y sobre Mileva le dijo: “Cuando tengas 30 años ella será una vieja bruja”. A Einstein le costó encontrar trabajo y sobrevivía dando algunas clases. Mientras tanto Mileva no conseguía aprobar sus exámenes de doctorado y quedó embarazada. Einstein y Mileva vivían separados; ella da a luz en enero de 1902 a una niña, Lieserl, y ambas permanecen en casa de los padres de Mileva. El nacimiento se mantiene en secreto, por tratarse de una hija ilegítima. Al parecer, la niña fue dada en adopción y después enfermó de escarlatina. No se sabe más de ella y es posible que muriera. El mismo año del nacimiento de Lieserl, Marcel Grossman, amigo de Einstein, le consigue un puesto en la Oficina de Patentes de Berna, Suiza, gracias a que su padre era amigo del director. Allí Einstein patenta varios inventos, entre ellos un refrigerador “insonoro” y un nuevo tipo de audífonos.
El 6 de enero de 1903 Einstein se casa con Mileva; al año siguiente nace su hijo Hans Albert y en 1905 publica en los Annalen der Physik los cinco artículos que sacudieron los cimientos de la física. Eduard, tercer hijo de Albert y Mileva, nace en 1910 —un niño con severos problemas mentales, que tuvo que ser internado—. En 1911 Einstein entra como profesor de tiempo completo en la Universidad Alemana en Praga. Un año después la familia se traslada a Zurich, donde Einstein es profesor de física teórica en el Politécnico. En 1914 se mudan otra vez a Berlín, pues Albert ha sido nombrado director del Instituto Kaiser Wilhelm. Tres meses después Mileva y él se separan. En 1917 Einstein enferma gravemente y lo cuida su prima Elsa Lowenthal, viuda con dos hijas.
Elsa y Albert se casan en 1919. Ese mismo año se comprueba por un eclipse de Sol una de las predicciones de la teoría de la relatividad general de Einstein, propuesta en 1915. Después la pareja emigra a los Estados Unidos. En esa época Einstein fue no sólo un gran personaje científico y social, sino político, y le ofrecen la presidencia de Israel. El doctor Carlos Graef Fernández, uno de los físicos mexicanos más destacados, tuvo el placer de conocerlo, para exponerle otra teoría de la relatividad, propuesta por él, junto con Alberto Barajas y George David Birkhoff.
Elsa murió en 1936. Einstein trabajó hasta el final de sus días en el Centro de Estudios Avanzados de Princeton, Nueva Jersey, acompañado de su secretaria Helen Dukas. Dedicó sus últimos años a buscar una teoría que abarcara la gravitación y el electromagnetismo, sin conseguirlo. Hoy, en pleno siglo XXI, los físicos siguen sin lograr unificar la gravedad con las otras fuerzas conocidas. Albert Einstein murió el 18 de abril de 1955.
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Einstein fue, a fin de cuentas, un ser humano en todo el sentido de la palabra, con cualidades y defectos. Disfrutaba la música y él mismo la interpretaba con el violín. Le encantaba navegar en velero y fumar pipa. Con las mujeres era galante, pero tuvo una relación compleja con ellas. Mantuvo una relación edípica con su madre, lo que quizá condujo al fracaso de su primer matrimonio, con Mileva Maric. Pese a todo, Einstein cumplió sus obligaciones, y ya en 1918, tres años antes de ganar el premio Nobel, acordó con Mileva destinarle a ella y a sus hijos el dinero del premio que él estaba seguro de ganar.
Acerca de su relación con sus congéneres Einstein escribió: “Mi pasión por la justicia y la responsabilidad sociales siempre ha contrastado de manera extraña con mi marcada falta de necesidad de contacto directo con otros seres humanos y comunidades humanas. Soy en verdad un ‘navegante solitario’, y nunca he pertenecido de corazón ni a mi país, ni a mi hogar, ni a mis amigos y ni siquiera a mi familia inmediata; pese a todas estas relaciones, nunca he dejado de sentirme distanciado ni de necesitar la soledad”.
Einstein no solo revolucionó la física, sino que se preocupó de que la física fuera algo humano y cercano a la sociedad. Y, lo más importante, fue un ser humano con inteligencia en todos los ámbitos. 
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Juan Tonda es subdirector de Medios Escritos de la Dirección General de Divulgación de la Ciencia de la UNAM y Premio Nacional de Divulgación de la Ciencia 1997 jtonda@universum.unam.mx
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