¿Qué se necesita para ganar un premio
Nobel? Algunos dirán que hay que ser un genio; otros, que se
requiere provocar una revolución científica, como hizo
Einstein, o bien que basta con inventar algo nunca antes visto, o
descubrir un secreto que nadie haya podido develar durante mucho tiempo.
El polémico caso del estadounidense James Dewey Watson y el
inglés Francis Harry Compton Crick parece una combinación,
en partes desiguales, de todos estos elementos. Se parece también
a una historia de detectives, o al armado, pieza por pieza, de un
complicado rompecabezas. Juntos, impulsados por su entusiasmo (y con
un poco de ayuda de sus amigos), Crick y Watson descubrieron en 1953
la estructura de doble hélice de la molécula del ácido
desoxirribonucleico (ADN).
¿Por
qué tanta alharaca?
Todos sabemos lo importante que es el ADN: los genes
que están en el núcleo de cada una de nuestras células
están hechos de ADN. Desde ahí controlan qué
proteínas fabrica la célula, y cuándo. Como las
proteínas forman el material del que están hechas las
células, y además regulan las reacciones químicas
que se llevan a cabo ahí dentro, resulta que los genes del
núcleo controlan indirectamente todas las actividades de una
célula (y por tanto, de todo ser vivo).
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Se
trata de una estructura simétrica, armoniosa, que impresiona
con su mezcla de sencillez y complejidad. |
Medallistas
Nobel 1962: (de izq. a der.) Maurice Wilkins (fisiología
o medicina), M. Perutz (química), Francis Crick (fisiología
o medicina), J. Steinbeck (literatura), James Watson (fisiología
o medicina), J. Kendrew (química). |
Hoy,
en el siglo XXI, nos encontramos con el tema de los genes a cada paso:
hablamos de enfermedades genéticas, causadas por defectos en
la información de los genes. Podemos fabricar sustancias útiles
por medio de la “ingeniería genética”, que
es una forma elegante para decir que introducimos en un organismo
genes de otro. En todos lados se discuten los pros y contras de la
clonación, o producción de un organismo que contenga
exactamente los mismos genes que otro. Se habla también de
los peligros y beneficios que puede acarrear la creación de
plantas y animales transgénicos (los que contienen genes procedentes
de otra especie). En pocas palabras, estamos viviendo plenamente en
la era de la genética. Sin embargo, todo esto comenzó
con un descubrimiento hecho hace medio siglo.
El 25 de abril de 1953 se publicó en la revista inglesa Nature
uno de los artículos científicos más importantes
de la historia. Se titulaba “Estructura molecular de los ácidos
nucleicos. Una estructura para el ácido nucleico de desoxirribosa”,
y estaba firmado precisamente por J. D. Watson y F. H. C. Crick. El
título no parece muy emocionante, pero hizo que sus autores
recibieran, nueve años después, el premio Nobel de fisiología
y medicina.
El artículo fue la culminación del trabajo de muchas
personas durante varios años. Puede considerarse que con su
publicación se inició la era de la genética moderna.
Y cuando decimos “genética moderna” nos referimos
a la genética molecular: a partir del artículo
de Crick y Watson pudo entenderse cómo estaban hechas las moléculas
de la herencia.
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