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Alimentos
funcionales:
salud a la carta
Agustín López
Munguía
SÓLO 8% DE LOS FRANCESES SON OBESOS, COMPARADOS
CON MÁS DE 30% DE LOS ESTADOUNIDENSES: ¿PODRÍAS IMAGINAR POR QUÉ?
LA RESPUESTA A ÉSTE Y OTROS ENIGMAS DIETÉTICOS HA DADO PASO
A UN NUEVO CAMPO EN LA INVESTIGACIÓN Y PRODUCCIÓN DE ALIMENTOS
PARA BENEFICIO DE NUESTRA SALUD.
DURANTE
LA ÚLTIMA década los científicos y tecnólogos
de alimentos han estudiado un extraño fenómeno, conocido
como la paradoja francesa: los franceses comen toda la mantequilla,
crema y pasteles que se les antoja, incluidos platillos tales como el
paté de ganso, el pato conservado en su grasa, quesos hay
uno para cada día del año, couscous con carne
de cordero, el tradicional cassoulet del sur (un caldo de alubias con
salchichas y carne de borrego o puerco), y no sé cuántas
delicias más, y a pesar de ello tienen una baja incidencia de enfermedades
de las arterias coronarias. (Cuando estas arterias son bloqueadas con
grasa y colesterol se puede producir el infarto al corazón, una
de las principales causas de muerte en el primer mundo, particularmente
en los Estados Unidos). Según los expertos en fisiología
y nutrición, el factor de la dieta francesa que contrarresta los
efectos nocivos de tanta grasa de origen animal es el vino. Y así
es, se ha demostrado que un consumo moderado de vino tiene efectos positivos
en la salud de hombres y mujeres, jóvenes, viejos y hasta de los
fumadores de cigarrillos Gitanes.
Dice mi amigo Don Eulalio que más que con el vino, el efecto tiene
que ver con esa capacidad casi genética de los franceses de saber
disfrutar sus alimentos y de detenerse dos o tres veces al día
a meditar, solos o acompañados, frente a sus sagrados alimentos,
frecuentemente preparados por ellos mismos y dejando el estrés
para más tarde. Dice también que la misma paradoja se vive
en su pueblo, sólo que allá en vez de pato hay guajolote,
en vez de caracoles, escamoles y en vez de vino, pulque o mezcal. Claro,
ahí la dosis de alcohol es mucho mayor de la que recomiendan los
estudiosos de la paradoja francesa (de cinco a 10 ml de alcohol por día),
por lo que las estadísticas son también bajas en infartos,
pero altas en atropellados en los alrededores de las cantinas. Lo que
Don Eulalio ignora es que los datos epidemiológicos demuestran
que el efecto benéfico del consumo de vino, en particular vino
tinto, es significativamente superior al de otras bebidas como la cerveza
o los martinis, pues de otra forma, ingleses, escoceses o estadounidenses
no tendrían problema y no habría paradoja. En realidad,
hay evidencias de que los efectos benéficos del vino tinto en la
salud del pueblo francés no pueden explicarse únicamente
por el alcohol, sino que se deben a una amplia gama de sustancias químicas
elaboradas por las plantas denominadas fitoquímicos. Un
ejemplo son los compuestos presentes en las uvas, que mantienen la salud
de nuestras arterias y contribuyen a evitar diversas formas de cáncer
al desactivar los componentes que lo causan.
Fitoquímicos
por todas partes
La paradoja francesa confirma aquella vieja premisa que establece que
los alimentos constituyen el fármaco más importante, pues
en cuestiones de salud, como en muchas otras, más vale prevenir
que lamentar. Así como lavarse las manos antes de comer es
mucho más efectivo contra la diarrea que el Lomotil y los antibióticos,
una alimentación sana, es decir, balanceada, es más efectiva
en el largo plazo que el mejor de los medicamentos. Al mismo tiempo, este
conocimiento y el efecto preventivo que pueden tener los fitoquímicos
descubiertos en un gran número de alimentos, han dado lugar a nuevas
tendencias en la ciencia y tecnología de alimentos. Los naturistas
recomiendan en primera instancia el consumo de estos alimentos frescos,
de acuerdo con sus propiedades preventivas o curativas. La industria,
por su parte, ha iniciado una nueva rama, la de los alimentos funcionales.
Aunque en esto de las definiciones cada quien entiende lo que quiere,
de acuerdo con el número de noviembre pasado de la revista Food
Technology son alimentos funcionales aquéllos a los que
se ha agregado un nutracéutico, esto es, una sustancia que es nutricional
y farmacéutica.
La lista de nutracéuticos sería muy extensa, pues fitoquímicos
benéficos a la salud hay en prácticamente todos los vegetales.
A ellos hay que agregar ciertas proteínas, la fibra, algunas grasas,
también un gran número de bacterias que agrupamos dentro
del término probióticos, bacterias que en efecto están
en favor de la vida como lo indica su nombre y, finalmente,
sustancias que promueven el establecimiento de los probióticos
en el tracto digestivo, llamadas prebióticos.
Los alimentos funcionales son una forma mediante la cual la industria
intenta extender los beneficios de los alimentos naturales, nutritivos
y con ventajas para la salud, a los alimentos procesados, aunque ahora
también convenientes, es decir, de acuerdo con las
tendencias actuales, que no sólo entren en la cadena de distribución
tradicional, sino que puedan también distribuirse en una máquina
automática y consumirse en el coche, el autobús o el escritorio,
dada la imposibilidad o incapacidad del hombre moderno de detenerse un
par de horas ya no digamos a salir de caza o de pesca, sino mínimo
de ir al mercado, preparar y disfrutar sus alimentos. A menos que se sienta
uno francés.
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La
paradoja azteca
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¿Podrías
imaginar un mundo sin chocolate? Pues si bien los aztecas no lo
consumían en la forma que lo hacemos hoy en día,
de cualquier manera recibían sus beneficios. ¿Cuáles?
¿Sabías que al comer 40 g de chocolate con leche,
400 mg de antioxidantes flavonoides pasan a tu torrente sanguíneo?,
la misma cantidad que hay en un vaso de vino tinto. ¿Sabías
que con la misma dosis de chocolate oscuro, duplicas el consumo
de antioxidantes?, más o menos la dosis que hay en una
taza de té negro. Entre los flavonoides identificados en
el chocolate destacan las procianidinas, una familia de compuestos
que también relajan la superficie interna de las arterias
ayudando a la salud cardiovascular. La epicatequina, el antioxidante
más abundante en el chocolate, puede producirse en el laboratorio
y probablemente también es el componente más abundante
del extracto de semillas de uva conocido como activina, actualmente
comercializado como nutracéutico pues inhibe en ratones
el crecimiento de células cancerosas. Estos resultados
han llevado a los productores a la conclusión de que hay
que reconsiderar los procesos actuales de producción de
chocolate, para conservar su riqueza en flavonoides tal como en
el pasado. Otra venganza de Moctezuma.
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Lo
que nos hace daño
No creo necesario insistir sobre el carácter vital de otro de nuestros
principales y fundamentales alimentos: el oxígeno. Parafraseando
a David Suzuki, un activo divulgador científico canadiense, en
nuestras próximas respiraciones, las de ustedes y las mías,
probaremos algo del oxígeno que estuvo en las respiraciones, suspiros,
estornudos, gritos y oraciones susurradas del pasado histórico
y prehistórico. Todas las células de nuestro organismo dependen
del oxígeno para liberar la mayor parte de la energía química
disponible en los alimentos mediante su oxidación. Sin embargo,
el metabolismo normal del oxígeno conlleva también la inevitable
producción de radicales libres, moléculas de muy alta reactividad
que oxidan las sustancias de las propias células (proteínas
y grasas, entre otras, y desde luego el material genético), lo
que está asociado con el deterioro y el envejecimiento de nuestro
organismo. Los radicales libres son algo equivalente en el medio ambiente
a los gases que resultan de la combustión incompleta de la gasolina
en los motores de automóviles.
Pero, por otro lado, nuestras células se valen del proceso de oxidación
para combatir bacterias y otros invasores, empleando para ello todo un
arsenal de potentes oxidantes que ellas mismas elaboran. El problema es
que estas armas no son nada selectivas y cuando se producen en exceso
se salen de control. Justamente este desequilibrio en el balance oxidativo
es uno de los factores que contribuye al desarrollo de un grupo importante
de enfermedades inflamatorias tales como la artritis reumatoide, el lupus
y diversas infecciones bacterianas o virales; los infartos y otras enfermedades
isquémicas, muchas enfermedades neurológicas como el mal
de Parkinson o el Alzheimer, y finalmente el cáncer y el sida.
Para contrarrestar entonces los daños oxidativos a nivel celular,
el organismo debe echar mano de sustancias que desempeñan el papel,
como su nombre lo indica, de antioxidantes, y que deben ser reforzadas
por las que ingerimos con los alimentos. La vitamina E, la vitamina C,
el alfa y betacaroteno son sustancias que nuestra especie ha venido consumiendo
desde sus orígenes para no oxidarse. A éstas hay que agregar
(se sabe ahora) una lista creciente de fitoquímicos descubiertos,
principalmente los flavonoides.
Los flavonoides son compuestos muy semejantes entre sí por estructura
química, que participan en el color de los alimentos, y de los
cuales se han identificado más de 4 000, entre ellos los de las
uvas, involucrados en la ya mencionada paradoja francesa o los del chocolate,
en lo que podríamos denominar la paradoja azteca (véase
recuadro).
El negocio de los alimentos funcionales
A nadie escapa ya la evidente relación en términos generales
entre una sana y variada alimentación y una buena salud. Tampoco
la forma en que han proliferado los tratamientos o remedios a las enfermedades
basados en dietas específicas. Además, gracias a la globalización
y el libre comercio disponemos hoy en día de frutas, verduras,
productos fermentados, hierbas, especias, etc., que antes eran inaccesibles
o de consumo limitado. Los puestos de jugos se han convertido también
en boticas, donde podemos acudir para tratar trastornos específicos:
el exceso de colesterol, con un juguito que contenga naranja y nopal,
el estreñimiento con papaya y ciruela, los nervios con melón
y lechuga, la piel con pepino y perejil, y no sé cuántas
formulaciones más para las mismas y muchas otras afecciones. Vaya,
hasta el té coreano de gingseng, que supuestamente cura
todos los males, energetiza y revitaliza está disponible en cualquier mercado de barrio.
Pero como el lector ya estará sospechando, esto de los fitoquímicos
ha abierto también negocios de dimensiones mucho mayores. Como
consecuencia del avance en este conocimiento se han generado productos
con base en extractos de alimentos naturales, generalmente en forma de
cápsulas, con los que se busca aumentar la potencia de sus principios
activos, es decir, los fitoquímicos responsables del beneficio
en la salud asociado con el alimento. Éste es el caso de extractos
o concentrados de ajo, cebolla, nopal, brócoli, alga espirulina,
raíz de gingseng, té negro, soya, alfalfa, y aquí
un largo etcétera, que el lector puede continuar en su próxima
visita a una tienda naturista e incluso a los supermercados. Pero hay
que ser cuidadosos. Si bien, por ejemplo, se ha identificado la sustancia
que hace que las poblaciones que consumen soya regularmente en su dieta
tengan una menor propensión al cáncer asociado con los estrógenos
(hormonas), no se ha demostrado claramente que un tratamiento con esta
sustancia pueda evitar o reducir el cáncer, mucho menos la dosis
requerida. No obstante, muchos de estos extractos se expenden y consumen
sin el menor control, bajo la consideración de que son complementos
alimenticios o nutricionales, incluidas hormonas extraídas
de plantas o productos fermentados. Naturalmente, éste es un abuso
de lo natural.
En segundo término estarían aquellos alimentos o productos
fortificados con altas dosis del elemento benéfico que a estas
alturas ya podemos llamar nutracéutico. Éste es el caso
de todos los productos con ácidos grasos omega 3 o con probióticos,
a los que nos referiremos más adelante, bebidas energéticas
para deportistas, o alimentos a los que se ha incorporado fibra extraída
por ejemplo de la avena. Se estima que las ventas anuales de estos alimentos
funcionales sobrepasan ya los 33 000 millones de dólares en los
Estados Unidos, mientras que en México, si bien no hay datos al
respecto, el crecimiento en los últimos años ha sido espectacular.
La demanda es tan amplia como el número de enfermedades conocidas,
multiplicado por el factor miedo en el que vive el ciudadano moderno a
perder primero la salud, luego la juventud y por último la funcionalidad.
A esto se agregan las recomendaciones en radio, prensa escrita y televisión,
pues pareciera que hoy todo mundo es experto en alimentos, con autoridad
para hablarnos de las virtudes de éste o aquel compuesto. Quisiera
dejar claro que no se trata de cuestionar el efecto de tales compuestos:
si hemos llegado hasta donde estamos, es gracias a lo que comemos. En
el recuadro de la página 15 el lector podrá encontrar una
recomendación sobre el consumo de alimentos con base en su potencial
en la prevención del cáncer, publicado por la Asociación
de Tecnólogos en Alimentos de los Estados Unidos. Esto representa
sin duda alguna gran avance en el conocimiento que hay entre las ciencias
alimentarias y la salud. Pero es importante también reflexionar
sobre lo que estamos haciendo con esta información. Si bien en
ciertas condiciones modificar la dieta para consumir preferentemente algún
alimento en particular, natural o nutracéutico, puede ser lo indicado,
especialmente en el tratamiento o prevención de alguna enfermedad
(caso del aceite de oliva, de la fibra de avena y los nopales en la reducción
de colesterol o del jugo de arándano en el tratamiento de infecciones
urinarias), en otras, la mercadotecnia rebasa la racionalidad. A la voz
de si algo es bueno, más es mejor se promueve el consumo
de ciertos productos sin tomar en cuenta que todo alimento es también
un tóxico potencial, dependiendo de la dosis en que se consuma.
Un exceso en el consumo de fibra, por ejemplo, inhibe la absorción
de minerales; además, como lo ha repetido incansablemente el doctor
Héctor Bourges, reconocido nutriólogo, una de las ventajas
de la dieta del mexicano es su riqueza en fibra, dado el alto consumo
de maíz y de muchos otros vegetales tradicionales de nuestra cocina,
por lo que quien está sano y tiene una dieta variada de nuestros
productos y platillos no necesita consumir más fibra. El delicado
balance que se da en nuestro organismo puede ser roto si jalamos la cuerda
demasiado de un solo lado, con una visión reduccionista de la alimentación:
coman sólo frijoles o lechuga y no les auguro que lleguen al próximo
aniversario de ¿Cómo ves?
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Con
sabor a
hierba
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Para los amantes de la buena cocina, será interesante saber
que de acuerdo con un estudio publicado en el Journal of Agriculture
and Food Chemistry el año pasado, el poder antioxidante
de las hierbas es extraordinario, incluso más alto que el de
frutas, vegetales y especias. Así, el orégano es el
campeón con 42 veces más actividad antioxidante que
las manzanas, 30 veces más que las papas y 12 veces más
que las naranjas. Otras hierbas de alta capacidad antioxidante son:
eneldo, tomillo, romero y hierbabuena. Sin embargo, el orégano
es el líder en este renglón. ¡Cuánta sabiduría
en la tradición del jueves pozolero!
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Al
principio eran los microorganismos
Quizá el ejemplo más claro de nutracéuticos, o al
menos el más abundante en los anaqueles de los mercados de nuestro
país, es el de los prebióticos y los probióticos.
¡Existen más microorganismos en nuestro tracto intestinal
que células en todo el cuerpo! Sólo en un gramo de nuestro
colon pueden existir entre uno y mil billones de bichos, principalmente
bacterias. Los probióticos son microorganismos vivos (se dice
viables) cuyo objetivo es reforzar la microflora intestinal, clave en
la última etapa de la digestión y con una importante función
en las defensas de nuestro organismo contra las infecciones. Por mucho
tiempo se pensó que al consumir yogurt y otros productos fermentados
de la leche, sus bacterias (Lactobacillus bulgaricus, L.
delbrueckii y Streptococcus thermophilus) reforzaban
dicha microflora. Sin embargo, investigaciones recientes han demostrado
que éstas, como muchas otras bacterias, no sobreviven en su paso
por las zonas ácidas del estómago y los intestinos.
Un caso distinto es el de las bebidas lácticas fermentadas en cuya
elaboración se emplean unas 100 nuevas especies bacterianas de lactobacilos y bifidobacterias (provenientes de la microflora
intestinal humana), que además de mejorar la función gastrointestinal,
se ha demostrado contribuyen a mejorar el funcionamiento del sistema inmunológico
y a disminuir los riesgos de infecciones por patógenos y el cáncer
de colon. En tu próxima visita a una gran tienda de servicios no
dejes de revisar el Yakult, el Chamyto, el Bonacult,
el Actimel, el LC1 y el Yolact. ¿Casi nada,
eh? La tarea es averiguar si alguno especifica qué tipo de probiótico
utiliza y, lo que es más, si garantiza un cierto número
de microorganismos vivos en la bebida. Para ir todavía más
lejos, dentro de los nutracéuticos también hay otro grupo,
el de los prebióticos. Se trata generalmente de azúcares
complejos derivados del azúcar de la caña (la sacarosa)
o de la leche (la lactosa) o extraídos de fuentes naturales, que
no son asimilados por el ser humano, pero favorecen el desarrollo de las
bacterias benéficas en el tracto digestivo pues les sirven de sustrato
para crecer. Dentro de los prebióticos de más aceptación
destaca la inulina y otros azúcares complejos a base de fructosa,
del tipo de los que se encuentran de manera natural en el agave tequilero,
aunque los productos comerciales se obtienen de una planta conocida como
alcachofa de Jerusalén y de la achicoria. En México, por
ejemplo, se comercializa un sustituto de la leche (Alegra), que contiene
fibra soluble, principalmente inulina y otros azúcares, y betaglucano,
que es fibra extraída de la avena. Actualmente se evalúan
sus beneficios en pacientes con diabetes y con problemas de obesidad.
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Alimentos
para no enfermar
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Mientras más avanza el conocimiento en la ciencia de alimentos,
más debemos convencernos de que lo que comemos, además
de darnos los elementos químicos necesarios para elaborar
los compuestos que el cuerpo necesita, además de llenarnos
el tanque de carburante, además de causarnos placer y de
estar en el centro de buena parte de nuestra vida social, además
de acompañarnos al cine o a la lectura de esta revista, además
de todo eso... también evitan que nos enfermemos. En la figura
se muestra una lista, que bien podría uno pegar en el refrigerador,
de productos vegetales de los cuales se han aislado una gran diversidad
de fitoquímicos cuya potencia preventiva de enfermedades
ha sido demostrada experimentalmente. La lista es sin duda limitada,
pues fitoquímicos activos existen en prácticamente
cualquier alimento vegetal pero no todos han sido estudiados. Los
compuestos identificados en estos alimentos caen dentro de unos
14 grupos de fitoquímicos; de ellos los más conocidos
y comunes son los carotenoides (responsables de los tonos que van
del amarillo al rojo en nuestros alimentos), las cumarinas, los
mono y triterpenos, los ácidos fenólicos y los flavonoides.
Estos compuestos actúan interfiriendo de diversas formas
las reacciones que dentro de nuestras células dan lugar al
cáncer o a su proliferación. Existen diversos agentes
cancerígenos en nuestra alimentación y en el ambiente;
en el caso del cáncer de mama, por ejemplo, su origen puede
ser también un daño oxidativo, ciertas hormonas esteroides
y ciertas prostaglandinas.
Alimentos e ingredientes que contribuyen a la prevención
del cáncer. Durante las ultimas dos décadas se han
identificado más de 50 alimentos con propiedades para eliminar
el cáncer. Los alimentos en la parte superior de la pirámide
serían los de mayor potencia. (De la revista Food Technology).
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Los grasofóbicos
La grasa nos enfrenta a una paradoja más en la alimentación.
Para mucha gente la grasa es el peor de los males que aqueja a la humanidad
después de la globalización. Durante los años de
la década de los noventa proliferaron los sustitutos de grasa y
los alimentos light como la manera más eficiente de luchar
contra la obesidad. Para finales de la década, ya era claro que
la gente estaba engordando con alimentos light. Pero no sólo
eso, sino que además estaba perdiendo nutrimentos. En efecto, independientemente
de las grandes ventajas que tiene la grasa en nuestra alimentación,
como son el sabor y la textura que confiere a los alimentos y el ser vehículo
de las vitaminas antioxidantes que requerimos en la dieta, ha quedado
claro que existen otros elementos esenciales para la salud que están
asociados a la grasa. Es así como ha surgido otro importante grupo
de nutracéuticos que contribuye a reducir el colesterol, que es
un tipo de grasa que si bien no confiere calorías es fundamental
en la construcción de las membranas de nuestras células.
El problema es que cuando el colesterol se encuentra en exceso contribuye
a engrosar las paredes de las arterias (arterioesclerosis), dificultando
el paso de la sangre y haciendo más difícil el trabajo de
bombeo del corazón. Grasa y salud van de
la mano y las recomendaciones actualmente van en el sentido de no reducir
el consumo de grasa en general, sino sólo el consumo de grasa saturada,
que es generalmente la que proviene del tejido animal como las carnitas
de puerco, el filete de res, las hamburguesas, la mantequilla o el huevo,
entre otras.
La
Food and Drug Administration (agencia estadounidense
encargada de la aprobación de nuevos ingredientes para la alimentación)
ha aceptado la publicidad que asegura que los ácidos grasos conocidos
bajo el nombre genérico de omega 3 (W3) reducen el riesgo de enfermedades
coronarias pues contribuyen a disminuir el colesterol. Estos ácidos
han tenido también efectos benéficos en el tratamiento de
la hipertensión, de la diabetes y en la inhibición del crecimiento
de tumores. Como otros ácidos grasos, los omega 3 forman parte
de las grasas; se encuentran presentes en el aceite de pescado, particularmente
salmón, sardinas, anchoas, atún, etc., y también
son abundantes en la linaza, las espinacas, el brócoli y las nueces;
están presentes además en la leche materna y la materia
gris, por lo que se usan en el diseño de fórmulas lácteas
infantiles. A nivel industrial son extraídos del aceite del pescado
y de algunas algas, aunque hoy en día se investiga intensamente
sobre la posibilidad de producirlos mediante procesos fermentativos. De
hecho, para continuar con la relación entre buenos hábitos
alimenticios y buena salud, en el caso de los omega 3 podríamos
referirnos a algo así como la paradoja esquimal, pues
el alto nivel de consumo de pescado crudo, con las vitaminas intactas
y los ácidos grasos omega 3, explicarían el por qué
de la buena salud de los habitantes del Polo no obstante su escaso consumo
de frutas y vegetales. Los omega 3, como muchos otros nutracéuticos,
pueden adquirirse directamente en forma de concentrados en cápsulas
y en México la empresa Nestlé comercializa una leche a la
que se han agregado estos ácidos grasos. En los Estados Unidos
ya se aceptó su incorporación en alimentos infantiles pues
se consideran necesarios para el desarrollo del sistema nervioso central,
además de que soportan el desarrollo mental y visual del bebé.
Por otra parte, muchos aceites derivados de plantas contienen pequeñas
cantidades de sustancias denominadas fitoesteroles, los cuales
apenas difieren químicamente del colesterol pero se comportan de
manera diferente y tienen la capacidad de reducir el colesterol en las
arterias. Dentro de los más abundantes están los aceites
de salvado de arroz, ajonjolí, algodón, soya, oliva, aguacate
y cacahuate; desde 1995 llegaron al mercado margarinas elaboradas con
fitoesteroles (Benecol, Phytrol, Reducol, Take
Control).
Un último ejemplo de un nutracéutico reciente tiene que
ver con el huevo, producto a cuyo consumo se hacen los recortes más
fuertes cuando se presentan enfermedades asociadas a un alto consumo de
colesterol. El huevo es una extraordinaria fuente de colina, una
sustancia importante para el cuerpo y el cerebro. Estudios preliminares
con animales demuestran que la alimentación con colina es clave
para una alta eficiencia cerebral, y que ratas con dietas suplementadas
con colina durante la gestación, tienen posteriormente crías
con mejores eficiencias de aprendizaje. Así que no será
de extrañar ver surgir al huevo o bien tabletas de colina en las
tiendas naturistas, dentro de los productos recomendados en el corto plazo
para los que quieran ser más listos, aunque las naranjas, las papas
o los cacahuates también la contienen. Lo que demuestra que en
materia de nutrición y salud, no hay que ir a buscar muy lejos
para encontrar lo que necesitamos.
En conclusión, saber más sobre la composición y el
efecto que tienen nuestros alimentos ya no sólo en la nutrición,
sino también en la prevención y tratamiento de ciertas enfermedades,
sin duda redituará en una mejor salud para la sociedad del futuro.
Pero habrá que evitar caer en la tentación de querer resolver
todos los problemas, nutricionales y de salud, en un solo platillo o con
una pastilla. Los avances en el conocimiento permiten beneficiarnos de
la posibilidad de emplear nutracéuticos como medida correctiva
ante una dolencia o como medida preventiva ante una predisposición,
pero lo más claro es que el botiquín debemos ubicarlo en
la despensa y no en el gabinete del baño.
Una alimentación sana debe ser balanceada e incluir diversos productos
naturales que, como vemos, además de proporcionarnos nutrimentos,
también nos protegen de la enfermedad, en particular los de origen
vegetal. Esa sigue siendo la gran conclusión de este proceso que
se inició hace miles de años cuando las mujeres intuyeron
que algo andaba mal comiendo tanta carne de mamut e inventaron la agricultura.
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Contra el cáncer
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La Sociedad Americana del Cáncer (American
Cancer Society) ha dado a conocer recientemente un nuevo documento
sobre acciones para prevenir este padecimiento (Nutrition and Physical
Activity Guidelines for Cancer Prevention). El documento pone énfasis
en la importancia de la actividad física tanto de jóvenes
como de adultos, y llama por primera vez a una acción entre
las comunidades locales para mejorar la salud de sus residentes. De
acuerdo con datos de la Sociedad, casi un tercio de los más
de 500 000 casos de muertes anuales causadas por el cáncer
en los EUA pueden atribuirse a la dieta y los hábitos de actividad
(léase inactividad) física. En estos nuevos lineamientos,
al igual que en versiones previas, se insiste en la necesidad de adoptar
una dieta con una amplia variedad de alimentos saludables, entendiendo
por éstos fundamentalmente a los de origen vegetal. Recomiendan
consumir cinco o más porciones de vegetales y frutas al día,
así como cereales integrales en lugar de productos refinados,
como una forma de adquirir más nutrientes y fibra. Adicionalmente,
basados en el hecho de que el riesgo de cáncer depende del
tipo de grasa y no simplemente de la grasa
consumida, los lineamientos sugieren limitar la ingesta de alimentos
ricos en grasas saturadas. Finalmente, urgen a los consumidores a
limitar el consumo de alcohol y perder peso en caso de obesidad. La
Guía está disponible en www.cancer.org
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Agustín López Munguía es investigador en el
Instituto de Biotecnología de la UNAM, autor de varios libros y múltiples artículos
de divulgación de la ciencia, y miembro del Consejo Editorial de ¿Cómo ves?
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