Armas biológicas
Miguel Ángel Cevallos
Si la cuarta guerra mundial se librará
con piedras y palos, en la tercera seguramente usarán virus y
bacterias
LO
QUE SUCEDIÓ el 2 de abril de 1979 en Sverdlovsk, en la ex
Unión Soviética, no fue más que una prueba de algo
que se sospechaba desde hacía ya mucho tiempo: el armamento biológico
de destrucción masiva es una realidad.
En esa fecha,
en el complejo militar número 19, hubo una explosión que
accidentalmente liberó unos cuantos miligramos de esporas de
Bacillus anthracis. Pocos días después, 96 personas
enfermaron de ántrax; 69 de las cuales murieron. Ésta
fue la peor epidemia de ántrax humano adquirido por inhalación
de esporas registrada hasta la fecha. Durante años, las autoridades
de la antigua Unión Soviética argumentaron que la epidemia
fue originada por el consumo de carne contaminada con bacilos del ántrax,
situación que muy de vez en cuanto sucede sobre todo en regiones
en las que este bacilo habita naturalmente, como es el caso de Sverdlovsk
(hoy Ekaterinburgo). Sin embargo, en mayo de 1992, Boris Yeltsin admitió
que en Sverdlovsk se estaban desarrollando armas biológicas,
el ántrax entre ellas. Ese mismo año emigró a los
Estados Unidos el doctor Ken Alibek, quien fuera científico en
jefe de 1988 a 1992 del "Biopreparat", la institución militar
soviética encargada del desarrollo de las armas biológicas
y confirmó que Rusia posee armas para una guerra biológica
en gran escala. Este género de guerra no es nuevo y de hecho
se ha usado en múltiples ocasiones desde la antigüedad.
Los romanos arrojaban animales muertos en los suministros de agua de
sus enemigos con el fin de contaminarlos. Los tártaros, en el
siglo XIV, lanzaron con catapultas cadáveres infectados con peste,
sobre las murallas de la ciudad de Kaffa, esperando así contagiar
a sus habitantes. Durante la llamada guerra franco-india (ocurrida de
1754 a 1763 y en la que se enfrentaron Francia y Gran Bretaña
por el dominio de territorios de parte de lo que hoy es Canadá
y los Estados Unidos), el ejército británico obsequió
a los indios americanos, aliados de los franceses, cobijas que habían
sido usadas por personas enfermas de viruela, iniciando así una
epidemia que diezmó a muchas tribus. Durante la década
de los treinta, en la guerra chino-japonesa, los japoneses utilizaron
la peste como arma, afortunadamente sin mucho éxito.

Moscú, B.M. Kustodiev, 1905 |

Máscara de gas (segunda Guerra Mundial) |
En la primera Guerra Mundial, Alemania usó el ántrax contra
el ganado caballar y vacuno que aportaban a las fuerzas aliadas España,
Noruega, Argentina, Rumania y -hasta antes de que se involucraran en la
guerra, en 1917- los Estados Unidos. Se sospecha que durante la segunda
Guerra Mundial, los rusos utilizaron la tularemia contra los alemanes
durante el sitio de Stalingrado; esta enfermedad es producida por la bacteria
Francisella tularensis y usualmente se transmite a través
de picaduras de garrapatas, pero también se puede adquirir por
beber agua contaminada o por estar en contacto con carne de mamíferos
infectados (principalmente conejos); la tularemia se puede presentar de
diversas formas, entre ellas un tipo de neumonía muy grave. En
esta misma guerra, los japoneses hicieron uso de armamento biológico
contra los chinos (otra vez sin mucho éxito) y además experimentaron
con éste en prisioneros de guerra estadounidenses. Al terminar
la guerra, el gobierno de los Estados Unidos pactó con los japoneses
no someter a sus científicos a juicio por crímenes de guerra,
¡a cambio de compartir los resultados de tales experimentos! Los
datos así obtenidos enriquecieron el programa de armas biológicas
del gobierno estadounidense iniciado en 1942. En países como Canadá,
la Unión Soviética, el Reino Unido y los Estados Unidos,
los programas de armamento biológico se expandieron al finalizar
la guerra y cobraron auge durante la guerra fría. Este crecimiento
se detuvo, al menos oficialmente, con la firma del tratado surgido durante
la Convención de Armas Tóxicas y Biológicas de 1972,
en la cual se prohibe el uso y desarrollo de armas biológicas.
Una de las debilidades del documento es que no se establece ningún
mecanismo de verificación. A pesar de que este tratado fue firmado
por 140 naciones, se sospecha que China, Vietnam, Laos, India, Bulgaria,
Irak, Irán, Taiwan, Siria, Cuba, Corea del Norte, Egipto, Israel,
Japón, Estados Unidos y algunos países del ex bloque soviético
todavía tienen programas de desarrollo de armamento biológico
e incluso, algunos de ellos cuentan con grandes cantidades almacenadas.
Lo que últimamente ha alarmado a las autoridades
de muchos países es que ciertos grupos terroristas ya tienen acceso
a armamento biológico. Por ejemplo, en 1995 se descubrió
en Japón que el culto Aum Shinrikyo (Verdad suprema) responsable
del ataque al metro de Tokio con el gas neurotóxico Sarín,
también desarrolló armamento biológico e intentó
usarlo en al menos ocho ocasiones. Incluso, se sabe que en octubre de
1992, su líder, Shoko Asahara, y otros 40 miembros viajaron a Zaire
supuestamente para ayudar a las víctimas del ébola pero
probablemente su objetivo fuera obtener muestras del letal virus. Sólo
en 1997, en Estados Unidos se investigaron cerca de 100 amenazas terroristas
en 50 las cuales se alegaba la participación de agentes biológicos.
Asesinos
diminutos
Para tratar de entender por qué han proliferado las armas biológicas,
es útil que definamos qué se entiende por arma biológica
y después cuáles son las ventajas y desventajas de su uso.
Entendemos como guerra biológica el uso de enfermedades producidas
por microorganismos o agentes bioactivos (toxinas) con el fin de dañar
o aniquilar a las fuerzas militares del enemigo, sus poblaciones civiles
o contaminar sus fuentes de agua o alimentación. Para fabricar
un arma biológica teóricamente se puede utilizar cualquier
microorganismo patogénico. Por ejemplo, en 1984 en Dallas (Oregon),
la secta religiosa Rajneeshi contaminó con la bacteria Salmonella
las barras de ensalada de una cadena de restaurantes. Como resultado,
751 personas tuvieron que ser hospitalizadas por malestares gastrointestinales
más o menos severos; afortunadamente en esa ocasión nadie
falleció. Pero desde el punto de vista práctico, sólo
un pequeño número de microorganismos tienen la potencialidad
de utilizarse efectivamente como armas biológicas. Hay que tomar
en cuenta que el microorganismo elegido tiene que poder cultivarse en
grandes cantidades y poder dispersarse con facilidad (de preferencia como
aerosol); debe ser muy infeccioso y de preferencia que pueda contagiarse
de persona a persona. Otro requisito es que con bajas dosis del organismo
elegido se pueda iniciar la enfermedad, ya que muchas veces no basta
para ese propósito que un solo virus o una bacteria infecte a una
persona. Los microorga-nismos con potencialidad de ser utilizados como
armas deben ser estables en el ambiente, para así asegurar su permanencia
como agentes patogénicos y, por último, hay que tomar en
cuenta la existencia o no de medidas preventivas o terapéuticas.

Micrografía de Bacillus antracis (Robert Koch). |

Ángeles con arcos transmiten la epidemia (en Crónica
de las cosas de Lucas de Giovanni Sercambi, 1347-1424). |
El manual de la Organización del Tratado del
Atlántico Norte (OTAN) menciona 31 organismos con una potencialidad
real de ser usados como armas. La lista incluye la viruela, el ántrax,
la peste, el botulismo, la tularemia, el tifus, la fiebre Q, la encefalitis
equina venezolana, el ébola y la influenza. Recordemos que esta
última enfermedad mató a cerca de 25 millones de personas
alrededor del mundo en 1918. De estos 31 organismos, la viruela y el
ántrax son los que más fácilmente se pueden convertir
en armas biológicas de alta eficiencia.
La
amenaza de la viruela
La viruela es una enfermedad viral infecciosa muy grave; de cada 100
personas que la contraen 30 mueren, pero se sabe que en algunas poblaciones
la mortalidad ha llegado a ser del 90%. Los sobrevivientes pueden quedar
ciegos o con la vista nublada, y con horribles cicatrices que les recordarán
la terrible enfermedad el resto de sus días. Gracias a una campaña
muy intensa de vacunación a nivel mundial, ya no se han reportado
nuevos casos desde 1978. El último caso mortal del que se tiene
noticia ocurrió ese año, en uno de los cinco laboratorios
de alta seguridad que tenían muestras del virus. En 1980 la Organización
Mundial de la Salud declaró que la viruela era la primera enfermedad
humana completamente erradicada de la faz de la Tierra. Sin embargo,
existen todavía dos muestras del letal virus en dos laboratorios
de alta seguridad. Uno de ellos se encuentra en las instalaciones Vector,
en Novosibirsk, Rusia y el otro en el Centro de Control de Enfermedades
(CDC) en Atlanta, Estados Unidos. Supuestamente estas muestras tenían
que haberse destruido en junio de 1999; sin embargo, tanto Rusia como
los Estados Unidos cambiaron de opinión a última hora
y se negaron a hacerlo. La decisión de ambos países obedece
a que cada uno sospecha que el otro tiene almacenado este virus en cantidad
suficiente para utilizarlo como arma biológica. También
se teme que los rusos hayan facilitado muestras de viruela a Corea del
Norte. En pocas palabras, se han conservado estas muestras exclusivamente
por su potencialidad bélica.
Utilizar la viruela como arma causaría estragos
en la población, puesto que al ser considerada una enfermedad
erradicada, los esquemas de vacunación ya no la contemplan. Es
muy probable que hoy en día todos los menores de 20 años
no estén vacunados. Lo que es peor, ya no hay quien produzca
esta vacuna a escala industrial, ni existe en almacén en cantidades
suficientes como para enfrentar un brote por pequeño que sea.
Para apreciar la magnitud del problema, basta mencionar que en 1947
aparecieron en Nueva York ocho casos de viruela; a fin de detener la
incipiente epidemia fue necesario aplicar seis millones de vacunas en
una semana. Si el problema se presentara hoy, no habría manera
de enfrentarlo. Afortunadamente, conseguir el virus de la viruela es
extremadamente difícil, por lo que provocar con éste una
epidemia queda prácticamente fuera del alcance de los grupos
terroristas, a menos que estén apoyados por un gobierno que cuente
con el virus.
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La
bioseguridad |
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Independientemente de la peligrosidad de su uso potencial como
armas de destrucción masiva, los microorganismos patógenos,
en tanto objetos de estudio, también constituyen un riesgo
para los seres humanos y el medio ambiente. Con el fin de mantener
bajo control esta amenaza, existe una serie de medidas preventivas
para proteger de posibles enfermedades tanto a las personas que
manejan dicho material biológico como a su entorno. Estas
medidas conforman la bioseguridad, que se aplica en hospitales,
empresas farmacéuticas y, sobre todo, laboratorios donde
se trabaja con parásitos, bacterias o virus.
La bioseguridad implica seguir ciertas reglas
de protección, que se aplicarán en el laboratorio
desde la recepción hasta el desecho de agentes o muestras
biológicas, pasando por su manipulación y las cuales
dependerán del tipo y cantidad de éstos y los procedimientos
empleados para su manejo. Y es que, por ejemplo, no es lo mismo
trabajar —por cantidad— con una muestra para diagnóstico
que con agentes o cepas para la elaboración de una vacuna.
En cuanto a las prácticas de bioseguridad dentro del laboratorio,
muchas de ellas son de sentido común, otras no tanto. Para
empezar, el acceso debe estar restringido, sobre todo durante
el tiempo de trabajo, y la puerta perfectamente cerrada. El personal
debe lavarse las manos antes y después de manipular el
material biológico; no comer, beber, fumar, manejar lentes
de contacto o aplicarse cosméticos; ni "pipetear" con la
boca, sino utilizar los instrumentos adecuados para ello: propipetas,
pipetas automáticas y bulbos de seguridad, así como
evitar crear aerosoles o derrames. La superficie de trabajo debe
desinfectarse antes y después de usarla, sobre todo si
se presentó algún derrame.
Además, todo cultivo o material biológico
debe ser tratado por métodos como la esterilización
antes de ser descartado, y debe existir un programa de control
de insectos y roedores. La señal gráfica de riesgo
biológico debe estar colocada a la vista en el acceso y
acompañada de los datos del jefe de laboratorio y los requisitos
para entrar en el lugar. En ocasiones, debe existir un programa
de vacunación y toma de muestras de suero (pruebas de sangre)
del personal que labora en el área. Es indispensable, asimismo,
un manual y un reglamento de bioseguridad que debe conocer y seguir
dicho personal, así como programas de entrenamiento constante
en la materia. Adicionalmente, debe tenerse extremo cuidado con
el manejo y eliminación de agujas, porta-objetos, pipetas,
tubos capilares, entre otros, colocándolos en contenedores
especiales y cuando sea posible sustituirlos por materiales de
plástico desechables.
El equipo e instalaciones para efectos de bioseguridad
también dependerán de la peligrosidad y características
del microorganismo que se maneje. Por ejemplo, para algunos es
necesario utilizar trampas de doble puerta para evitar la contaminación
tanto del espacio interior como del medio externo; en otros casos,
se utilizan gabinetes de bioseguridad, de los cuales hay de varios
tipos: abiertos o totalmente cerrados, para proteger al material
o a las personas y el medio ambiente, con o sin guantes integrados,
pero todos ellos dotados de complejos sistemas de filtración
de aire. De cualquier manera, el equipo personal mínimo
se integra de bata, guantes, goggles y mascarillas.
Las instalaciones deben estar construidas para
su fácil aseo y desinfección; disponer de lavamanos
y lavaojos; tener paredes, piso y techos resistentes a la humedad
y de fácil limpieza. Las mesas deben ser resistentes a
solventes, ácidos y calor moderado, y los muebles sencillos
y colocados con la separación suficiente entre ellos para
permitir el aseo. Las ventanas deben estar selladas y las que
se abren contar con mosquitero. Por último, hay que mencionar
que tanto el equipo como las instalaciones del laboratorio en
general deben recibir mantenimiento y desinfectarse periódicamente.
He aquí tan sólo algunas de las medidas que recomienda
esa gran amiga de quienes trabajan con los no tan amigables microorganismos
patógenos: la bioseguridad.
Luis Felipe Brice
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El terrible ántrax
A diferencia de la viruela, la bacteria Bacillus anthracis, agente
causal del ántrax, se encuentra naturalmente en muchas regiones
del mundo que incluyen Centro y Sudamérica, el Caribe, África,
Oriente Medio y algunas regiones de Europa. Esto permite que cualquier
grupo militar o terrorista pueda recolectar y almacenar sin mucha dificultad
esta bacteria. Saddam Hussein tomó un camino más simple:
compró los agentes patogénicos a una compañía
biotecnológica de los Estados Unidos.
El ántrax es una enfermedad propia de animales
de sangre caliente, pero cuando afecta al ser humano es especialmente
maligna. Esta enfermedad se considera como ocupacional, ya que sólo
la adquieren aquellas personas que están expuestas a animales
muertos o sus productos.
En el ser humano se puede presentar en tres formas:
como ántrax cutáneo, gastrointestinal o pulmonar. El cutáneo
se presenta cuando el bacilo o sus esporas caen en una herida abierta
o en los ojos de su víctima; en esa forma es una enfermedad agresiva
pero se puede tratar con antibióticos y raramente es mortal.
El ántrax gastrointestinal se adquiere cuando se consumen alimentos
contaminados con el bacilo o sus esporas; se caracteriza por una severa
inflamación del intestino, náusea, vómito sanguinolento,
diarreas fuertes y llega a ser un afección mortal hasta en un
60% de los casos. El ántrax pulmonar se adquiere inhalando esporas
del bacilo que son lo suficientemente pequeñas como para penetrar
muy adentro en los pulmones. Al principio, la enfermedad tiene síntomas
parecidos a los de una gripe severa: tos, dolor muscular, de cabeza
y de pecho; luego la enfermedad se torna más severa, hasta producir
un estado de shock en el cual muere el 95% de los afectados. La enfermedad
sólo puede controlarse si se empieza un tratamiento drástico
con antibióticos dentro de las primeras 48 horas de iniciarse
los síntomas. Sin embargo, debido a que en sus primeras etapas
la enfermedad es difícil de diagnosticar, generalmente los afectados
pocas veces reciben el tratamiento oportuno.
Otra de las características que hacen apetecible
a esta bacteria como arma biológica, es que puede cultivarse
fácilmente y a bajo costo. Lo que tiene realmente valor militar
es que las esporas de ántrax son muy resistentes a las agresiones
del medio ambiente y pueden permanecer viables por muchas décadas;
además, las esporas son lo suficientemente pequeñas como
para que algún grupo militar intente liberarlas al ambiente en
forma de aerosol. Por fortuna, fabricar aerosoles con esporas de ántrax
es técnicamente muy difícil ya que éstas tienden
a agregarse, lo cual complica su dispersión. El equipo que se
necesita para producir ántrax como bioarmamento no requiere de
mucho espacio, ni equipo demasiado sofisticado: bastaría con
el equipo que se encuentra comúnmente en un laboratorio de investigación
farmacéutico o de biotecnología. La única diferencia
es que para producir armamento biológico se tendrían que
extremar las condiciones de seguridad para evitar el contagio del personal
que manipule el bacilo. Los laboratorios de este tipo son más
o menos fáciles de ocultar, ya que, en general, son pequeños
y no tienen equipo demasiado especializado que delate su existencia.
Un laboratorio de bioarmamento se puede confundir fácilmente
con un laboratorio farmacéutico de investigación. Por
esta razón es muy difícil establecer mecanismos de verificación
que impidan que se desarrolle armamento biológico con ántrax.
Utilizar ántrax como arma biológica
puede ser devastador. La Organización Mundial de la Salud ha
estimado que la liberación de 50 kg de esporas de ántrax,
en un frente de 2 km, sobre una ciudad de 500 000 habitantes, produciría
la muerte de 95 000 personas. En el caso de un ataque terrorista, digamos
en un estadio de fútbol, esconder una ampolleta con un concentrado
de esporas de ántrax es mucho mas fácil que esconder un
artefacto explosivo, aunque quizá desde el punto de vista propagandístico
sea mas espectacular una explosión. Los efectos de una infección
de ántrax se empezarían a notar algunos días después,
lo que permitiría al perpetrador escapar más fácilmente.
El costo de "devastar" con ántrax un kilómetro
cuadrado de territorio, es aproximadamente de un dólar, y de
2 000 dólares si se utilizan armas convencionales. Por esta razón
hay quien dice que el armamento biológico es la "bomba atómica"
de los países pobres.
Dado el peligro real de una guerra bacteriológica
en la que seguramente el ántrax sería uno de los elementos
importantes en juego, el gobierno de los Estados Unidos decidió,
en diciembre de 1997, vacunar contra el bacilo a 1.4 millones de elementos
activos de su ejército.
Por otra parte, una de las grandes desventajas del
armamento biológico es que su uso puede representar una amenaza
para el propio agresor; por ejemplo, si al rociar al enemigo con un
agente patogénico cambia la dirección del viento, resultarán
afectadas las propias tropas. Además, las regiones atacadas con
armas biológicas pueden quedar inutilizadas, dada la dificultad
de descontaminarlas eficazmente.
El gobierno de los Estados Unidos ha asignado en
el último año un presupuesto importante para desarrollar
un mecanismo eficiente que permita prevenir, detectar y combatir ataques
con bioarmamento en su territorio. México, un país pacifista
por vocación, debe seguir apoyando, o incluso encabezar, cualquier
iniciativa internacional que detenga la proliferación del armamento
biológico. Esto no descarta la conveniencia de tener en nuestro
país un equipo médico bien entrenado, que sepa reconocer
y actuar para detener posibles agresiones con armamento biológico.
Miguel
Ángel Cevallos es doctor en investigacón biomédica
básica. Actualmente trabaja en el Centro de Investigación
sobre Fijación de Nitrógeno (UNAM). Si la cuarta Guerra
Mundial se librará con piedras y palos, en la tercera, estoy
seguro, se usarán ampolletas.
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