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Dondequiera que miremos, el mensaje es claro: ser delgado es ser atractivo. Si tenemos algunos kilos de más o incluso un peso normal para nuestra edad y estatura, pero una figura robusta, es posible que nos sintamos desvalorizados como personas y juzgados por nuestra apariencia y no por cualidades como la inteligencia, la creatividad, la simpatía o el talento. Desde luego es normal y sano decidir hacer algo por nuestro cuerpo e imagen. Deja de serlo cuando implica preocuparse en demasía, obsesionarse, dejar de comer, ayunar periódicamente, usar laxantes y diuréticos, hacer ejercicio compulsivamente, tomar medicamentos para adelgazar o hacer dietas que ponen en peligro nuestra salud.
Antes
que nada, debemos tener claro que nunca podremos ser delgados a menos
que nuestra constitución física y genética lo
permitan. Cada persona nace con un tipo de cuerpo que ha heredado
y que está basado en un particular marco esquelético
y composición corporal. En general, somos combinaciones únicas
de tres tipos corporales: ectomorfo, mesoforfo y endomorfo. Es muy
difícil, si no imposible, alterar el tipo corporal aun con
dieta y ejercicio. Pero sucede que al ver a los modelos (hombres y
mujeres) que nos muestra la publicidad, podemos imaginar que haciendo
dieta podemos parecernos a ellos, particularmente si éstos
llegan a afirmar falazmente que antes de tal o cual tratamiento se
parecían a nosotros y que la figura que ahora poseen es el
producto de un tratamiento dietético.
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