
Benjamín Ruiz Loyola
Ilustraciones: Pedro Luis Rodríguez
Fotografías: Dante Bucio
Qué son, de dónde provienen,
cómo alteran la percepción y el comportamiento, y cuáles
son los riesgos de consumir estas sustancias.
LA
MAYORÍA de los químicos que se dedican a la investigación
farmacéutica diseñan moléculas, a partir de productos
de la naturaleza, pensando en sus aplicaciones médicas. Así
se han creado múltiples medicinas, entre ellas, analgésicos
basados en sustancias que existen, por ejemplo, en los sauces y quitan
el dolor, la fiebre y la inflamación. Sin embargo, no todos los
fármacos que se diseñan así son exitosos y uno
de los problemas que pueden presentarse, y obligan a descartarlos, es
que tengan demasiados efectos secundarios negativos. Entre esos fármacos
hay algunos que son compuestos cuya estructura molecular tiende a repetir
o incrementar los síntomas de las drogas naturales; éste
es el origen de la mayoría de las llamadas drogas de diseño,
como el éxtasis.
Burlar la ley
La metilendioximetamfetamina (MDMA), conocida ahora como
éxtasis, originalmente fue preparada en 1914 para reducir el
apetito y combatir la obesidad. Como resultó poco efectiva para
ello, se mantuvo en el olvido hasta la década de 1960, cuando
se descubrió su capacidad para incidir en los procesos mentales.
Comenzó a ser utilizada por algunos siquiatras y sicólogos
para tratar de ayudar a personas con desórdenes sicológicos
y emocionales hasta 1985, cuando se comprobó que al combinar
los efectos estimulantes de las anfetaminas con un efecto alucinógeno
propio, causaba más daños que beneficios. Precisamente
esta última propiedad la convirtió en una droga de diseño
pues permitió obtener juntos los efectos de algunos estimulantes
y alucinógenos, en una sustancia que, entonces, era aceptada
legalmente.
De esta manera surgen muchas de las actuales drogas de diseño:
al no existir una prohibición expresa para la sustancia diseñada,
se podía explotar e inundar el mercado con drogas no controladas,
en tanto no se modificaran las leyes para incluir a dichas sustancias.
Recordemos el principio jurídico que dice que lo que no está
expresamente prohibido, está permitido. Así las cosas,
al estar prohibida la cocaína y no la MDMA, los yuppies de los
años ochenta utilizaban esta última como sustituto de
la primera sin infringir la ley.
Aunque el concepto de droga de síntesis expresamente diseñada
para burlar la ley se está eliminado en algunos países
y se les comienza a clasificar como compuestos análogos,
siguen existiendo -lagunas, que se aprovechan para comercializar sustancias
potencialmente dañinas. Así sucede con ciertos productos
que se venden en algunas tiendas naturistas y que se promueven como
inocuos aduciendo que están hechos exclusivamente a partir de
plantas. Y en ese camino, se olvida que la heroína y la cocaína
provienen precisamente de plantas.
Las drogas de diseño, también llamadas drogas rave,
drogas de club, drogas tecno, drogas dance o drogas de fiesta
(véase recuadro), abarcan una gama de sustancias, entre las cuales
las más conocidas son el éxtasis, el GHB, el Rohypnol,
la Ketamina (Special K), el LSD y el PCP.
¿Éxtasis?
El
éxtasis es una anfetamina que, como todas, actúa
sobre el sistema nervioso central, incrementando la cantidad de neurotransmisores
(sustancias que transmiten información dentro del cerebro y desde
éste al resto del cuerpo). Entre sus efectos se encuentran el
quitar el sueño, producir sensación de euforia y reducir
el cansancio a la vez que generan excitación psicomotora, por
lo que se les emplea en las fiestas para poder resistir por largo tiempo
el ritmo de los bailes actuales. Además minimiza las inhibiciones,
haciendo al usuario más sociable, aunque no necesariamente más
agradable, e intensifica la experiencia sexual. Y también es
una droga muy peligrosa.
En España, por ejemplo, se han registrado varias muertes por
el consumo de éxtasis en fiestas rave. En Barcelona, en mayo
pasado, murió un muchacho de 19 años y en Málaga,
dos meses antes, dos jóvenes de 19 y 20 años fallecieron
y dos más, de 21 y 16, fueron hospitalizados. Uno de ellos volvió
drogado a su casa luego de asistir a un rave, y comenzó a tener
convulsiones con más de 200 pulsaciones por minuto, más
del triple de lo normal. Su padre declaró que tenía
el interior del cuerpo destruido y sangraba por todos los sitios.
En este caso, se anota como causa de la muerte Fracaso multiorgánico
sin respuesta a tratamiento alguno. Lo ocurrido lo explicó
Antonio Zarzuelo, farmacólogo de la Universidad de Granada (diario
El país, 5 de marzo, 2002): El éxtasis elimina la
sensación de fatiga y estimula el sistema cardiovascular; como
además se consume con calor y haciendo ejercicio, la temperatura
corporal se eleva (hipertermia); se presenta sudoración excesiva
y al perder líquido el corazón va más de prisa,
lo que inevitablemente provoca un paro cardiaco. Todo se conjuga
para perjudicar al usuario, porque la temperatura corporal aumenta sin
que éste lo perciba, lo que podría causar desde deshidratación
hasta lesiones cerebrales y renales o, como hemos visto, la muerte.
Pasado el efecto inicial, se presentan graves síntomas secundarios,
que van desde pánico y depresión hasta deseo vehemente
de administrarse alguna droga. Desde el punto de vista físico,
existen riesgos de estado de choque al aumentar de golpe el calor corporal
debido a la deshidratación; pérdida del apetito y del
sueño, además de persistir las irregularidades del funcionamiento
del corazón que mencionábamos.
Comúnmente el éxtasis se encuentra como tableta, cápsula
o polvo y se consume por la boca; a veces se ingiere con bebidas alcohólicas,
que transforman ésta en una mezcla altamente peligrosa. Eso no
significa que quien la prueba por primera vez vaya a morir, pero la
conjunción de varios factores podría dar ese resultado.
Uno de los principales problemas es que debido a la falta de control
sobre la producción de las pastillas de éxtasis, las dosis
son muy variables. Un día se pueden tomar tres pastillas que
contengan 35 miligramos cada una, y al siguiente pensar que otras tres
darán el mismo resultado pero en realidad se ingiere el triple
de la dosis porque esta vez son de 110 miligramos cada una.
GHB, Rohypnol y Ketamina (Special
K)
Por sus características sedantes y ge-neradoras
de amnesia, además de su poco sabor y olor, estas sustancias
se han utilizado como drogas de violación para cometer
abusos sexuales, principalmente de mujeres, ya que bajo sus efectos
la víctima ofrece menos resistencia al ataque. Es posible que
el empleo de estas drogas haya dado lugar a la creencia de que en algunos
bares o centros nocturnos, sobre todo en aquellos que cuentan con la
barra libre o la bebida incluida en el precio de entrada, le ponen éter
al hielo para embrutecer a los consumidores.
Los
efectos iniciales del GHB entre 15 minutos y una hora después
de la ingestión son principalmente alucinaciones sicodélicas
o estado de euforia que pueden durar hasta tres horas. Luego vienen
la sedación intensa, la sensación de vértigo, depresión,
alteraciones visuales y respiratorias, pérdida de la conciencia,
amnesia, coma y, eventualmente, la muerte. Si se le combina con alcohol,
la posibilidad de alcanzar una sobredosis mortal se eleva muchísimo.
El Rohypnol es un tranquilizante, diseñado originalmente como
medicina antidepresiva y contra la ansiedad, que pertenece a la familia
de las benzo-diazepinas (como el Valium y el Librium). Al principio
reduce la ansiedad, y luego provoca sueño, dificultad al hablar
y moverse (porque induce desde relajación hasta pérdida
total del control muscular); puede ocasionar confusión, depresión,
alteraciones respiratorias, lagunas mentales que duran más de
24 horas, amnesia y, en algunos casos, extrema agresividad.
La Ketamina, conocida como Special K, es un anestésico de uso
veterinario, prohibido para consumo humano. En las fiestas se le puede
encontrar en forma líquida o como un polvo blanco que se aspira
por la nariz o se fuma mezclado con tabaco o con mariguana. Provoca
alucinaciones intensas, desde relajación hasta pérdida
total del control muscular (si afecta a los músculos respiratorios,
puede ocasionar la muerte), así como pérdida de la conciencia;
tiene propiedades hipnóticas y provoca amnesia. El consumidor
se ve distante, aislado de lo que lo rodea.
LSD
Éste es un alucinógeno muy potente que
distorsiona las percepciones sensoriales y se le encuentra en las fiestas
en forma de pastillas, polvo o líquido. Durante el viaje
se dilatan las pupilas, se incrementan la temperatura corporal, la sudoración,
el ritmo cardiaco y la presión sanguínea. Posteriormente,
se presentan náuseas, visión borrosa y comportamiento
impredecible, que puede desembocar en paranoia o esquizofrenia. Como
efecto a largo plazo, pueden presentarse recuerdos de lo experimentado
durante el viaje, sin estar drogado, por el resto de la vida.
PCP
Esta droga, llamada también polvo de ángel,
comenzó a estudiarse como anestésico en 1950; durante
las investigaciones se detectaron efectos secundarios adversos como
alucinaciones, delirio y desorientación. Poco después
de haber sido aprobado para uso humano, se prohibió por esos
efectos secundarios y se autorizó sólo como analgésico
de uso veterinario. Frecuentemente se le emplea para adulterar o sustituir
a otras drogas más caras, como la cocaína y el LSD. El
nombre PCP viene de la época del movimiento hippie en San Francisco,
en los años sesenta, porque la llamaban píldora de la
paz (en inglés, PeaCe Pill).
Existen también el Fentanil, el Ritalin y muchos otros medicamentos
que se emplean como drogas de diseño.
Hay que saber más
Es importante tener en cuenta que muchas de las drogas
de diseño se elaboran en laboratorios clandestinos, sin condiciones
de limpieza. Por ello, la pureza de la droga es muy dudosa, y las impurezas
presentes podrían acarrear otros problemas insospechados. Además,
en este tipo de drogas las mezclas y combinaciones son cada vez más
comunes, lo que conlleva complicaciones diferentes para cada caso y
dificulta enormemente su tratamiento.
Por otra parte, al buscar la manera de alcanzar los efectos de las drogas
con medicamentos autorizados, se dificulta la lucha contra el tráfico
y consumo de ellas.
El consumo en México
El
pasado 4 de abril la policía de Guadalajara, acompañada
por elementos de la Procuraduría General de la República,
destacados en el Estado de Jalisco, irrumpió violentamente en
una fiesta rave y detuvo a varios jóvenes y cinco adultos, a
algunos de los cuales se les encontraron drogas. Un mes más tarde,
el 5 de mayo, un operativo similar en Tlajomulco, Jalisco, dejó
25 detenidos, a los cuales se les aseguraron 366 tachas, seis piedras
de éxtasis, 174 pastillas psicotrópicas, 620 gramos de
mariguana y 13 pipas para inhalar drogas.
De los detenidos el 5 de mayo, dos menores y tres adultos fueron consignados
por delitos contra la salud. De acuerdo con José Manuel Caldera,
secretario técnico del Consejo Nacional contra las Adicciones
(CONADIC), hay una gran incidencia de consumo de drogas en jóvenes
cuyas edades fluctúan entre los 6 y los 14 años de edad
y se calcula que al menos 500 mil jóvenes mexicanos consumen
alguna droga.
Un estudio realizado por los Centros de Integración Juvenil,
señaló que de 113 muchachos que acudieron a solicitar
información, 112 habían probado alguna vez metanfetaminas
(como el éxtasis). Es una cifra alarmante, sobre todo si se considera
que 51% de esos jóvenes consideró que esa droga era la
que más impacto tenía en su vida. Además, 36.7%
la consideró su droga favorita. Esto sugiere que al menos la
mitad de quienes prueban las anfetaminas se vuelven adictos a alguna
droga, y la tercera parte de ellos las siguen consumiendo hasta que
buscan ayuda profesional para rehabilitarse. En la misma encuesta las
drogas depresoras como el GBH, el Rohypnol, la Ketamina y el Fentanyl,
alcanzaron 68% de consumo alguna vez, aunque menos del 1% la consideraba
su droga favorita.
En una información preliminar acerca del aseguramiento de drogas
durante 2001, la PGR informó que se aseguraron más de
330 kg de metanfetaminas, lo que sería suficiente para preparar
más de tres millones de pastillas con dosis individuales. Si
eso fue lo que se aseguró, imaginemos las cantidades que se distribuyeron
en las calles y fiestas.
Por otra parte, es interesante analizar la evolución del consumo
de este tipo de drogas en nuestro país. En 1988, el 3.33% de
la población había probado drogas alguna vez en su vida,
cifra que cinco años después, en 1993, se ubicaba en 3.9%,
pero que de manera alarmante subió hasta 5.27% en 1998, lo que
representa un aumento superior al 58% en sólo 10 años,
o del 35% en solamente cinco. A ese ritmo, para el 2003 se alcanzaría
una cifra de entre 6.2% y 7.1%.
En el norte del país hay más consumidores que en el sur,
y los lugares con mayores índices de consumo son, en orden descendente:
Tijuana (14.7%), Ciudad Juárez, Guadalajara, Ciudad de México,
Monterrey y Matamoros (3.62%). Entre menores de edad, consumen más
los niños que las niñas y en ambos casos se tiene una
diferencia sensible si los menores viven en familia (4.5%) que si ya
no lo hacen (28%). Los estudiantes consumen menos (1.3%) que aquellos
jóvenes que no estudian (4.2%). A nivel del país, esto
implica que la deserción escolar (o la falta de oportunidades
para continuar estudiando) provoca que el consumo de drogas se triplique.
La edad mínima a la que se ha detectado consumo de drogas es
de cinco años, pero esos son casos aislados; en donde se dan
los patrones repetitivos de consumo es entre los 12 y los 25 años,
agravándose entre los 15 y los 18.
Específicamente hablando de drogas de diseño, se ha detectado
que el consumo de metanfetaminas aumentó, en un periodo de tres
años (de 1994 a 1997) en más de 15%, mientras que el de
depresores de utilidad médica (como el Rohypnol, el Ritalin y
el GHB) aumentó 11% en el mismo periodo.
¿Cómo prevenir?
Es importante hacer señalamientos en dos vertientes:
la gubernamental y la personal. En cuanto a la primera, debe destacarse
que hay pocos estudios serios acerca del consumo de drogas y sus efectos
entre los jóvenes mexicanos. Y, por si fuera poco, la escasa
información es muy difícil de localizar y aún más
de obtener. Los esfuerzos del gobierno para controlar el tráfico
de drogas deben estar ligados a un profundo conocimiento de la situación.
Mientras se siga contando con información poco actualizada la
lucha estará perdida. Por otra parte, debe considerarse la corriente
social que pugna por la legalización de las drogas como único
medio de control sanitario y de tráfico. El filósofo español
Fernando Savater es un exponente de esta corriente y sostiene que la
política de prohibición solamente alienta al narcotráfico
y los castigos inhumanos para los consumidores, antes que para los traficantes.
No necesariamente tenemos que estar de acuerdo con Savater, pero tampoco
debemos olvidar los estragos que causó en los Estados Unidos
la prohibición de las bebidas alcohólicas durante una
buena parte de la primera mitad del siglo pasado.
En lo que se refiere al ámbito personal, se necesita la plena
participación de los consumidores potenciales para que efectivamente
se nieguen a convertirse en adictos. Precisamente por ello los traficantes
enfocan sus baterías hacia los jóvenes, porque son los
más susceptibles de aceptarlas, sea como forma de rechazo a lo
establecido o como una nueva experiencia. En los centros nocturnos debe
exigirse que se sirvan botellas cerradas tanto de bebidas alcohólicas
como de refrescos, y abrirlas en la mesa, no en la barra, y abstenerse
de compartir comida, bebida y cigarros con desconocidos.
Si bien es remota la posibilidad de que alguien muera después
de consumir por primera vez alguna de estas drogas, el peligro existe
y los efectos secundarios permanentes también. Es innegable que
la experiencia al consumir una droga puede resultar atractiva; sin embargo,
el riesgo de caer en la adicción es enorme, con consecuencias
graves en la mayoría de los casos. Es cierto que a veces la curiosidad
y la presión social provocan una predisposición al consumo
de drogas, igual que ocurre con el alcohol y el cigarro. Pero hay que
preguntarse si de verdad vale la pena arriesgarse a dañar de
por vida los riñones, el corazón, el sistema nervioso,
la mente; si queremos pagar el precio de vivir una vida incierta muchos
años, por algunos momentos de éxtasis. La
decisión es, a fin de cuentas, personal, pero afecta muchas vidas
en torno a nosotros.