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Las hormonas sexuales
y el cerebro
Ignacio Camacho Arroyo
¿ALGUNA VEZ HAS UTILIZADO EXPRESIONES COMO
SE TE ALBOROTÓ LA HORMONA O LA AGARRASTE EN SUS
DÍAS? EN REALIDAD ESTAS EXPRESIONES HACEN ALUSIÓN
A LA INFLUENCIA DE LAS HORMONAS SEXUALES EN NUESTRO ESTADO EMOCIONAL,
QUE ES SÓLO UNO DE LOS MUY VARIADOS EFECTOS QUE ESTOS MENSAJEROS
QUÍMICOS TIENEN EN EL CEREBRO.
SI MEDIMOS un descubrimiento por su impacto en nuestras vidas,
no cabe duda que el de las hormonas sexuales y el papel que éstas
desempeñan en nuestro organismo se quedaría con uno de los
primeros lugares. Ésta debe ser una de las razones por las cuales
varios premios Nobel en medicina y en química han sido otorgados
a científicos que han realizado estudios relacionados con estas
sustancias. Las hormonas sexuales están en el centro de la llamada
revolución sexual del siglo XX, que se inició
con el desarrollo de la píldora anticonceptiva en los años
60. Esto produjo un cambio enorme en la manera de entender la sexualidad,
que a su vez se ha reflejado en otras áreas de la vida social e
individual. Pero lo que estas hormonas regulan en nuestro organismo va
más allá de la reproducción y la conducta sexual:
influyen en nuestro estado de ánimo, la memoria y el sueño.
Las hormonas sexuales están con nosotros durante toda la vida,
incluso desde antes del nacimiento. Son sustancias que se producen principalmente
en las gónadas (ovarios y testículos) y viajan por la sangre.
Químicamente hablando, son moléculas de lípidos (grasas)
que pertenecen a un grupo de compuestos denominados esteroides, los cuales
se forman a partir del colesterol en las gónadas, la placenta,
la glándula adrenal y el sistema nervioso.
Entre los esteroides sexuales más importantes están las
típicamente consideradas hormonas femeninas como el estradiol y
la progesterona, y la muy masculina testosterona. Cada una de ellas pertenece,
respectivamente, a familias de compuestos conocidos como estrógenos,
progestinas y andrógenos. Estas hormonas están presentes
tanto en hombres como en mujeres, sin embargo sus concentraciones son
diferentes en ambos sexos y cambian a lo largo de nuestra vida, particularmente
en la mujer durante el ciclo menstrual, el embarazo y la menopausia (véase
tabla abajo). Así, por ejemplo, los hombres en la edad adulta tienen
15 veces más testosterona que las mujeres mientras que el estradiol
está de cinco a 10 veces más concentrado en las mujeres
que en los hombres. Los niveles de ambas hormonas son más altos
en adultos que en niños y ancianos.

¿Siempre
estás pensando en sexo?
Quizá respondas que también te gusta el fútbol o
argumentes que el sexo no es todo en la vida y que el amor y la comprensión
son básicos. Independientemente de tu respuesta, lo que sí
es vital es la participación de las hormonas sexuales, a través
de su acción en el sistema nervioso central, en nuestra conducta
sexual y en la reproducción.
Desde hace varios años se sabe que el estradiol y la progesterona,
a través de su acción en sitios específicos del cerebro
como el hipotálamo, son fundamentales en la ovulación y
la conducta sexual femenina. De hecho, si se alteran los niveles normales
de estas hormonas no hay ovulación y por lo tanto tampoco embarazo;
éste es justamente el efecto que tienen las píldoras anticonceptivas.
La conducta sexual femenina es estimulada por el estradiol y la progesterona,
por lo que en la etapa ovulatoria, cuando los niveles de ambas hormonas
son altos, la mujer es más susceptible a una relación amorosa,
es más cariñosa y está más dispuesta a una
relación sexual. A diferencia de la mujer, en el hombre adulto
no hay fluctuaciones cíclicas en los niveles de testosterona, por
lo que su líbido y potencia sexual se rigen además de la
testosterona por otros factores tanto biológicos como psicosociales.
Ella y él
Los hombres y las mujeres pensamos, sentimos y actuamos diferente, pero
¿por qué? Se sabe, aunque no siempre lo comprendemos en
nuestra vida diaria, que el cerebro de una mujer es distinto al de un
hombre. Así, por ejemplo, en el hipotálamo (zona del cerebro
que regula una gran cantidad de procesos fisiológicos, entre otros,
el control de la temperatura y el del ciclo sueño-vigilia), hay
regiones que participan en la conducta sexual cuyo tamaño, cantidad
de cé-lulas o las sinapsis (estructuras de comunicación
entre dos neuronas) que establecen son diferentes en individuos de un
sexo o de otro, lo cual repercute en la vida de todos nosotros.
Estas diferencias se basan en un fenómeno muy interesante, conocido
como diferenciación sexual del cerebro, en el que la participación
de las hormonas sexuales es fundamental. Cabe mencionar que este fenómeno
es parte de un proceso más amplio e incluye la formación
de órganos sexuales bien definidos y la generación en la
adolescencia de características sexuales secundarias, como son
en las mujeres el crecimiento de los senos y la acumulación de
grasa en las caderas, y en los hombres el engrosamiento de las cuerdas
vocales que lleva al cambio de voz, la aparición y el crecimiento
de la barba y el bigote.
Los cambios en la organización del cerebro (volumen de algunas
regiones cerebrales y establecimiento de diferentes sinapsis) producidos
por las hormonas sexuales en etapas tempranas del desarrollo embrionario,
son permanentes, por lo que establecen de por vida las conductas sexuales
asociadas a la reproducción. Hay datos interesantes para el caso
de animales de experimentación como las ratas. En ellas los cambios
en la organización del cerebro producidos por las hormonas no ocurren
durante el desarrollo embrionario, sino poco después del nacimiento.
Se ha observado que ratas hembras expuestas a testosterona durante los
primeros días del desarrollo posnatal no presentan la conducta
sexual típica de su sexo en la edad adulta sino que, por el contrario,
pueden presentar una conducta sexual masculina. Sin embargo, hasta ahora
no se ha determinado si las preferencias sexuales en el ser humano dependen
de diferencias en la exposición a las hormonas sexuales en etapas
tempranas del desarrollo.
Las diferencias en la organización del cerebro que causan las hormonas
sexuales permiten explicarnos, en cierta medida, por qué los hombres
y las mujeres presentamos una conducta sexual diferente, no apreciamos
de la misma manera las situaciones que se presentan en nuestras vidas
y poseemos distintas habilidades mentales. Por ejemplo, por lo general
las mujeres tienen mayor fluidez verbal, mejor coordinación motora
fina y mayor velocidad en la percepción e identificación
de objetos que los hombres, mientras que éstos presentan un mayor
razonamiento matemático y una mejor comprensión de relaciones
espaciales y de navegación a través de una ruta. Si llegáramos
a entender que hombres y mujeres tenemos un cerebro diferente quizá
nos comprenderíamos mejor y tendríamos menos problemas.

Mucho más que sexo
Además del papel fundamental que tienen las hormonas sexuales en
la regulación de la reproducción, éstas influyen
en nuestro comportamiento y estado de ánimo.
Los cambios tan impactantes en la conducta de los adolescentes se deben
en gran parte a los cambios hormonales que experimentan a partir del inicio
de la pubertad y duran varios años. Estos cambios producen la aparición
de las características sexuales secundarias y el establecimiento
de la fertilidad en ambos sexos, el aumento en los niveles de testosterona
en el hombre y la regularización en la periodicidad del ciclo menstrual
en las mujeres.
En distintas especies de mamíferos la mayor agresividad que se
observa en los machos respecto a las hembras que es muy importante
en términos reproductivos, de defensa de territorio y de la manada
se ha asociado a los mayores niveles de testosterona presentes en los
machos. La asociación entre niveles altos de testosterona y mayor
agresividad en el hombre sigue siendo controvertida.
El estado de ánimo de la mujer adulta está muy relacionado
con los niveles de estradiol y progesterona. La ansiedad e irritabilidad
que se presentan en muchas mujeres al final de la última fase del
ciclo menstrual, la llamada fase lútea, se ha asociado con la disminución
en los niveles de progesterona y de los productos derivados de su procesamiento,
al no haber ocurrido embarazo.
Se ha sugerido también que los cambios emocionales de las mujeres
embarazadas y la disminución en la sensación de dolor, se
debe al aumento en los niveles sanguíneos de progesterona y de
sus derivados. Estos últimos tienen efectos tranquilizantes, relajantes,
anestésicos y ansiolíticos (disminuyen la ansiedad).
Otros cambios emocionales importantes en las mujeres son los que generalmente
se presentan durante la menopausia, como nerviosismo, ansiedad, irritabilidad
y depresión, y se han asociado a la disminución en los niveles
de estradiol y progesterona propios de esta etapa.
En lo que se refiere a los hombres adultos, todavía existe controversia
sobre si presentan un fenómeno similar a la menopausia, al que
se ha llamado andropausia. Lo que sí existe en los ancianos, además
de la disminución en los niveles de testosterona, es una caída
en la producción de espermatozoides y en la función sexual,
lo que se acompaña en muchas ocasiones de cambios en el estado
anímico.
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¿Qué son
las hormonas?
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Las hormonas son los mensajeros químicos del sistema neuroinmunoendócrino.
En este sistema participan una compleja red de señales químicas
que controlan muchas de las respuestas y funciones del cuerpo; unas
producen respuestas instantáneas (como las respuestas al miedo),
pero otras actúan más lentamente, diciéndole
a otra parte del cuerpo cuándo y cuánto crecer. Todos
los vertebrados cuentan con este sistema para:
Mantener el equilibrio interno del cuerpo, es decir, regulan
la nutrición, el metabolismo, la excreción, y el balance
de sal y agua.
Reaccionar a los estímulos externos.
Regular el crecimiento, el desarrollo y la reproducción.
Producir, usar y guardar la energía.
Activar la respuesta inmunológica.
El sistema neuroinmunoendócrino consta de: las estructuras
productoras y liberadoras de hormonas como las glándulas; las
hormonas, que son los mensajeros que viajan a través de la
sangre hasta llegar a un órgano o tejido específico,
y las células de éstos, que cuentan con los receptores
necesarios para recibir la señal o mensaje y llevar a cabo
la instrucción indicada por la hormona.
Las hormonas se producen en el hipotálamo, la glándula
pineal, la pituitaria o hipófisis, la tiroides, la paratiroides,
el timo, las glándulas adrenales, el páncreas, los testículos
y los ovarios, entre otros órganos.
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Sueño y memoria
¿Alguna vez has pensado que las hormonas pudieran ser las responsables
de que tengas tanto sueño? Pues resulta que la pro-ges-terona y
sus derivados tienen propiedades hipno-génicas, esto es, que inducen
el sueño. El aumento en el sueño durante el embarazo se
debe en buena parte a los -altos niveles de progesterona en las mujeres
embarazadas y también se ha observado que la administración
de progesterona induce el sueño en los varones. Se ha encontrado,
además, que esta hormona y sus derivados tienen efectos anticonvulsivos
en animales de experimentación, por lo que se estudia la posibilidad
de utilizarlos en la terapia de la epilepsia, una de las enfermedades
neurológicas más comunes en todo el mundo.
En investigaciones recientes se ha encontrado que las hormonas sexuales
influyen en la memoria. En el caso de animales de experimentación,
uno de los ejemplos más ilustrativos es el hecho de que el estradiol
aumenta el número de sinapsis en el hipocampo (estructura cerebral
fundamental en los procesos de memoria y aprendizaje), lo cual brinda
mayores posibilidades de procesamiento de información. Por otro
lado, en varios estudios clínicos se ha demostrado que la terapia
con estrógenos aplicada a mujeres menopáusicas reduce el
riesgo de presentar la enfermedad de Alzheimer y también retarda
su aparición. Esta enfermedad es mortal y se caracteriza por una
pérdida gradual y muy dramática de la memoria que llega
a incapacitar totalmente a quien la padece.
Protección de las neuronas
Las neuronas son imprescindibles para todas las actividades cerebrales,
por lo que cualquier daño en ellas repercute en el funcionamiento
de nuestro cerebro. A través de diferentes experimentos realizados
en animales y en cultivos de neuronas se ha demostrado que tanto el estradiol
como la progesterona protegen a las neuronas de daños producidos
por la falta de irrigación sanguínea, la carencia de oxígeno,
el trauma cerebral por golpes, contusiones en la médula espinal
y agentes tóxicos diversos que alteran el metabolismo y la función
neuronal.
Se ha observado también que tanto la progesterona como la testosterona
participan en la regeneración de los axones, prolongaciones de
las neuronas que llevan información y establecen sinapsis, después
de una lesión en el sistema nervioso. Estos hallazgos han llevado
a varios investigadores a proponer el uso de las hormonas sexuales no
sólo en la prevención de enfermedades neurodegenerativas
como la de Alzheimer, sino también en la recuperación de
los pacientes que han sufrido daño cerebral.
Para pensar en la hormona
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Hormonas y deportes
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En la actualidad ya contamos con andrógenos sintéticos
que se utilizan con fines terapéuticos. Estos fármacos
producen un aumento de peso y de masa muscular, por lo que se han
vuelto muy populares entre varios tipos de atletas como ciclistas,
futbolistas o levantadores de pesas. Es común que estos atletas
ingieran dosis 100 veces mayores que las recomendadas por los médicos
para tratar algún padecimiento.
Ese uso de los andrógenos sintéticos, también
llamados esteroides anabólicos, es ilícito y además
de que quienes los emplean en eventos deportivos corren el riesgo
de ser descali-ficados, producen una serie de efectos secundarios,
entre otros acné, disminución del deseo sexual y cambios
en el tamaño de los testículos y en la cantidad de
espermatozoides.
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Uno de los aspectos más fascinantes de la relación
que hay entre las hormonas sexuales y el cerebro es de qué manera
una misma sustancia como el estradiol o la progesterona puede regular
procesos tan distintos como la diferenciación sexual del cerebro,
la memoria o el estado de ánimo. Todo esto es posible gracias a
que las hormonas sexuales tienen diferentes mecanismos de acción
que involucran muchos cambios en la actividad de diversos genes, aumento
en la permeabilidad de la membrana celular para algunas sustancias y activación
de diferentes proteínas en el interior celular.
Las hormonas sexuales además se comunican, a través de diferentes
mecanismos celulares, con otros mensajeros químicos como los neurotransmisores,
los factores de crecimiento y otras hormonas, lo que permite que todos
ellos regulen de manera conjunta una función cerebral en particular
de manera muy fina y muy precisa.
Finalmente es necesario recalcar que dado el gran espectro de funciones
que tienen las hormonas sexuales en nuestro cerebro, hay muchos grupos
de investigación en todo el mundo (por supuesto también
en México) dedicados a esta área, con el fin de entender
no sólo por qué pensamos, sentimos y actuamos de manera
distinta los hombres y las mujeres a lo largo de nuestra vida, sino también
para utilizar a dichas hormonas o a fármacos que tengan una acción
similar (o contraria) a ellas para prevenir y tratar diversas enfermedades
que afectan a nuestro cerebro.
El doctor Ignacio Camacho Arroyo es investigador de
la Facultad de Química
de la UNAM en áreas de neurobiología, biología de la
reproducción y hormonas
esteroides.
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