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Mandíbulas de trampa
Germán Octavio López Riquelme
Ilustraciones: Jesús Contreras
Fotos: Ana Isabel Bieler Antolín y
G. López Riquelme
¿QUÉ HAY QUE SEA MÁS
HERMOSO QUE UNA HORMIGA?
SUS LÍNEAS SON CURVADAS Y DEPURADAS, SU AERODINAMISMO, PERFECTO.
TODA LA CARROCERÍA DEL INSECTO ESTÁ ESTUDIADA PARA
QUE CADA MIEMBRO ENCAJE PERFECTAMENTE EN EL LUGAR PREVISTO A ESTE
EFECTO.
CADA ARTICULACIÓN ES UNA MARAVILLA MECÁNICA. [...]
NADA RECHINA, NO HAY NI UN ROCE.
BERNARD WERBER, LAS HORMIGAS
LAS
HORMIGAS, el pináculo de la evolución de los insectos,
se encuentran en casi todas partes. Son muy abundantes (se han descrito
más de 8 000 especies), y su acción sobre el medio
ha sido sumamente importante; a lo largo de los 100 millones de
años transcurridos desde su aparición se han convertido
en uno de los pilares que soportan la biosfera.
Descendientes de avispas, las hormigas han desarrollado
lo que podría llamarse altruísmo egoísta,
en el que comparten el alimento, renuncian a su propia reproducción
en beneficio de la de su madre e incluso pueden sacrificar su vida
por el bien de la comunidad. Todas las hormigas son sociales, esto
es, viven en grupos familiares organizados y coordinados. Los grupos
están constituidos por una reina madre, la cual se dedica
a poner huevecillos, y por su progenie de hembras estériles,
las obreras, quienes se encargan del cuidado de las crías,
la obtención de alimento, la construcción del nido
y su defensa. A diferencia de las obreras, que se producen todo
el año, los machos sólo nacen en épocas reproductivas
muy específicas.
La variedad de formas de vida que se puede encontrar
en las hormigas es asombrosa. Hay, por ejemplo, hormigas que se
alimentan únicamente de hongos o semillas; mendigas que viven
de los desperdicios de otras especies; parásitas que roban
alimento; nadadoras que bucean entre los jugos digestivos de plantas
carnívoras para conseguir alimento; y las que se dedican
a la cacería. Entre las cazadoras existen muchas especializaciones,
desde las incursiones masivas en termiteros, hasta la cacería
en solitario.
Tal variedad es resultado del desarrollo de adaptaciones
a lo largo de millones de años de evolución. Por ejemplo,
muchas conductas y estructuras anatómicas implicadas en la
interacción entre depredador y presa se han visto envueltas
en una carrera coevolutiva, en la que los cambios ocurridos en una
especie repercuten sobre otra. Así, la tendencia de los depredadores
ha sido a la sofisticación de las armas (poderosos aguijones
y químicos muy tóxicos) o tácticas de cacería,
en tanto que la de las presas, a la refinación de los mecanismos
de protección o de escape. Algunas especies de hormigas han
desarrollado sorprendentes mecanismos que dependen de la acción
de las mandíbulas y de las antenas. Tales mecanismos, llamados
mandíbulas de trampa, evolucionaron primero como un sistema
de caza y secundariamente como defensa. Estas hormigas, como las
del género Odontomachus, poseen largas mandíbulas
dentadas en la punta, semejantes a pinzas, que pueden cerrarse con
extraordinaria rapidez para atrapar y herir a la presa instantáneamente.

Mandíbulas de hormigas.
Obreras: A, B, F, I, K (Odontomachus),
N, O, Q, R.
Soldados: C, G, H, L, M, P, S, T.
Reinas: D, U.
Las mandíbulas más rápidas del mundo
Las mandíbulas son esenciales para las hormigas, ya que con
ellas pueden modificar el medio, adecuándolo para su supervivencia.
Tienen dos, una a cada lado de la boca; su función es muy
diferente a la de nuestras mandíbulas, de hecho se parece
mucho más a la que tienen nuestras manos. Las hormigas utilizan
sus mandíbulas en tareas tan delicadas como el transporte
de huevos y larvas, así como en aquéllas donde se
requiere de la fuerza: la búsqueda de alimento, la excavación
del nido, o la defensa frente a enemigos. La forma de las mandíbulas
es tan importante como el movimiento y el control muscular.
Las hormigas del género Odontomachus
son cazadoras mandíbulas de trampa; bellas y grandes, se
especializan en la caza de pequeños insectos y otros artrópodos.
Frecuentemente realizan incursiones en los alrededores de los enormes
nidos de las hormigas cortahojas del género Atta, atrapando,
en solitario, a las incautas y laboriosas obreras.
El movimiento de las mandíbulas de las
Odontomachus se conoce como golpe de mandíbula y circunscribe
un arco de 180¼ desde que están cerradas hasta que las abren
completamente. Todo el movimiento se realiza en ¡0.3 milisegundos!
No se conoce otra estructura anatómica animal que se mueva
a una velocidad tan grande: 8.8 metros por segundo. Debido a ello,
las mandíbulas están protegidas contra el choque entre
sí cuando la presa no es atrapada: desaceleran durante el
último tercio de su trayectoria.
Dado que no existe ningún músculo
que realice contracciones a velocidades tan altas, las Odontomachus
han desarrollado un mecanismo tipo catapulta que incluye mecanismos
que traban la mandíbula y tres músculos, uno abductor,
para abrirlas; uno aductor, para cerrarlas y un pequeño músculo
gatillo o disparador, el cual inicia el golpe de mandíbula.
Solidez, sensibilidad y ligereza
Cada mandíbula de las Odontomachus, de 1.8 mm de largo,
0.45 mm de ancho y 0.25 mm de grosor, tiene tres dientes en la punta
que causan una herida mortal en la presa. Aunque las hormigas pueden
mantener sus mandíbulas en cualquier ángulo entre
0¼ y 180¼, es más frecuente que las lleven ya sea abiertas
y trabadas cuando están de cacería o completamente
cerradas. En su base, donde se unen con la cabeza, las mandíbulas
son más gruesas y forman una estructura tipo eje alrededor
de la cual la mandíbula puede desplazarse en el plano horizontal
( a los lados).
Aparte de ser estructuras muy sólidas,
las mandíbulas tienen una gruesa capa externa o cutícula.
Asimismo, están cubiertas con estructuras parecidas a pelos,
llamadas sensilas, que son sensibles a la acción mecánica.
Las sensilas tienen una función propioceptiva, es decir,
registran la posición de los músculos y las articulaciones,
enviando al cerebro señales que indican la ubicación
exacta de cada mandíbula. Las hormigas cuentan, además,
con dos sensilas gigantes (0.6-1.2 mm) que se originan cerca de
la base de cada mandíbula y sólo pueden realizar movimientos
en el plano horizontal.
La mayor parte del interior de las mandíbulas está
ocupada por un gran saco traqueal lleno de aire, que sólo
deja una pequeña capa entre la cutícula y la tráquea.
En esta capa hay tejido y hemolinfa (que es la sangre de los insectos)
y a través de ella pasan las fibras nerviosas provenientes
de las sensilas. La ligereza resultante de esos espacios aéreos
incrementa la velocidad de las mandíbulas.
De cacería
Cuando las Odontomachus están de cacería, llevan
las mandíbulas abiertas 180¼, trabadas en una posición
fija. Mientras avanza cuidadosamente, la obrera explora el terreno,
barriéndolo con sus antenas de lado a lado al frente de la
cabeza. Prepara el golpe mandibular contrayendo los enormes músculos
aductores; sin embargo las mandíbulas todavía no realizan
movimiento alguno, ya que se encuentran trabadas. Así se
almacena la energía mecánica generada por esta lenta
pero poderosa contracción, estirando y tensionando tanto
elementos elásticos tipo tendón como la gruesa cutícula
de la cabeza. Para liberar dicha energía, es necesario un
disparador, como en las ballestas, que retire el seguro
que traba las mandíbulas. Esta función la realiza
el pequeño músculo disparador.
El
cierre de las mandíbulas se activa por los dos pares de sensilas
gigantes; cualquier cosa que las toque en la posición correcta
es suficiente para que quede atrapada por los dientes. No obstante,
la acción del cierre no es un simple reflejo producido por
el contacto con las sensilas gigantes: el golpe mandibular está
además regulado y modulado por el contexto ambiental y el
estado interno de la hormiga. La secuencia conductual completa involucra
contacto con la presa por medio de las antenas, movimientos corporales
rápidos hacia adelante, contacto con las sensilas y, como
una consecuencia, el cierre súbito de las mandíbulas.
Sólo los extraños son atacados y
asesinados; las Odontomachus nunca atacan a sus compañeras
de nido, porque el golpe de mandíbula se inhibe con la presencia
de unos compuestos químicos volátiles: los olores
pasaporte. Cada miembro de una colonia tiene olores pasaporte con
los cuales es reconocido como parte de la misma. Los olores se adquieren
viviendo en la colonia, de la dieta, de la transmisión del
alimento y a partir de la reina. No obstante, es probable que intervenga
además un componente innato, que se complementa con el aprendizaje
de ese olor.
Control complejo de un movimiento simple
En el golpe mandibular están involucradas varias modalidades
de percepción: química, mecánica y propioceptiva
o de posición. Para lograr un golpe exitoso, tanto la posición
de la presa en relación a las mandíbulas, como la
sincronización de éstas son de suma importancia. Dada
la fuerza del golpe, la presa podría ser expulsada en vez
de capturada, por ejemplo si una mandíbula golpeara a la
presa antes que la otra o si la presa no se encontrara en la posición
correcta.
Tras detectar a la presa por el olfato, a través
de las antenas, la hormiga orienta simétricamente su cuerpo
hacia ésta de tal forma que ambas antenas conserven ángulos
similares, así la presa queda centrada con respecto al eje
longitudinal del insecto y a sus mandíbulas. Entonces, la
hormiga se aproxima muy despacio, acortando la distancia entre las
mandíbulas y la presa a 1 o 2 mm; después avanza abruptamente
y, mientras retrae sus antenas en tan sólo 8.3 milisegundos
(para evitar que se dañen cuando se dé el golpe) las
sensilas gigantes tocan a la presa y se flexionan hacia afuera de
la línea media del cuerpo.

Secuencia del golpe mandibular. De izquierda a derecha:
1. localización y acercamiento;
2. alineación con la presa;
3. retractación de las antenas;
4. las sensilas tocan a la presa;
5. las mandíbulas se cierran.
Esta flexión produce impulsos nerviosos que viajan
a través de prolongaciones nerviosas (axones) de gran diámetro,
de modo que la conducción se realiza a muy alta velocidad.
La duración del proceso desde que la señal sensorial
es recibida en las sensilas, luego llevada al ganglio subesofágico,
en donde pasa a las neuronas motoras de los músculos mandibulares
y de regreso, a través de estas últimas, hasta el
músculo disparador, es casi instantánea: tan sólo
4.2 milisegundos, la menor registrada para la conducción
sensorial en animales. En este tiempo se lleva a cabo la transformación
de la flexión mecánica de las sensilas gigantes en
impulsos nerviosos, el procesamiento y la propagación de
la información neuronal, y, finalmente, la activación
y contracción del músculo disparador para destrabar
la mandíbula y acelerarla a más de ocho metros por
segundo. De esta manera, inmediatamente después del contacto
de las sensilas gigantes con la presa se libera el golpe mandibular.
Para que el músculo disparador se active,
es preciso que se den varias acciones de forma casi simultánea
y coordinada, ya que está controlado por neuronas motoras
que tienen dos regiones. Por un lado está la que contacta
con el músculo disparador y se encarga de activarlo; y por
otro, una compleja red de fibras nerviosas (dendritas) en donde
se reciben señales de los órganos quimiosensoriales
(que detectan los olores pasaporte), además de la información
sobre las condiciones de las patas y el abdomen, y las señales
cerebrales que reportan el estado de la hormiga llevándola
a inhibir o disparar el golpe mandibular.
Así, para que este golpe se ejecute la hormiga debe
estar sujeta a la configuración correcta de una enorme cantidad
de estímulos que son evaluados en conjunto y a una extraordinaria
velocidad.
Agradecemos a la maestra Gabriela Castaño
Meneses por haber
facilitado especímenes de su colección para la realización
del material gráfico; así como a la doctora María
Luisa Fanjul por sus sugerencias.
Germán Octavio López Riquelme es
biólogo y actualmente estudia
el doctorado en el área de neutoetología de hormigas,
en la Facultad de Ciencias de la UNAM.
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| Cerebro
de hormiga |
El
comportamiento de las hormigas es el más complejo de
todos los insectos; ellas nacen con circuitos neurales programados
genéticamente que despliegan un exquisito y amplio
repertorio de conductas, las cuales están enriquecidas
por el aprendizaje y la memoria necesarias para la vida en
sociedad. El cerebro de una hormiga es el sustrato biológico
para tan complejo comportamiento; está constituido
por aproximadamente medio millón de neuronas organizadas
en regiones especializadas en procesar señales provenientes
de distintas partes del cuerpo. Las áreas cerebrales
de asociación son sitios donde se llevan a cabo gran
cantidad de procesos y sinapsis donde se integra información
de distintos tipos (química, visual, mecánica).
Estas áreas crecen diferencialmente con la edad y la
experiencia; así, una hormiga vieja es una hormiga
sabia.
El éxito del hormiguero depende del comportamiento
de cada hormiga en función de la sociedad, y el secreto
de esta conducta individual está resguardado y programado
en un órgano con un volumen no mayor a 0.06 mm cúbicos:
el cerebro, al cual apenas ahora comenzamos a asomarnos, y
que podrá proporcionar información acerca de
las bases neurobiológicas del comportamiento social.
La hormiga más antigua de que se tiene noticia, Sphecomyra
freyi, se encontró preservada en ámbar y vivió
hace más de 100 millones de años, durante el
periódo Cretácico. |
| El
estudio de las hormigas |
| El
Laboratorio de Neurofisiología Comparada de Invertebrados,
del Departamento de Biología de la Facultad de Ciencias
de la UNAM, se dedica principalmente a establecer las bases
neurofisiológicas de los ritmos biológicos en
varias especies de acocil (un crustáceo de agua dulce).
Además tiene dos líneas de investigación
sobre hormigas. Por una parte se estudian los ritmos biológicos
de estos insectos a nivel individual, comparados con el nivel
social o poblacional, así como los efectos de un nivel
en el otro. Por la otra, se investigan las bases neurobiológicas
de diferentes comportamientos sociales de las hormigas, por
ejemplo la necroforesis, o conducta de acarreo de compañeros
de nido muertos, que presentan obreras llamadas sepultureras. |

Morfología
de la cabeza de una hormiga Odontomachus
y las estructuras empleadas en el golpe mandibular. El lado
izquierdo muestra la mandíbula abierta; el derecho la muestra
cerrada.
M = mandíbula; AD = músculo aductor;
AB = músculo abductor; G = ganglio;
D = músculo disparador; S = sensila.
Ilustración:
Jesús Contreras / basada en el trabajo de Wulfila Groenenberg
| Una
familia muy variada |
| Las
hormigas están entre las criaturas más fascinantes
del planeta. De las más de ocho mil especies descritas,
cada una tiene un estilo de vida distinto. Por ejemplo, las
hormigas australianas gigantes pueden medir hasta 2.5 centímetros
de largo y las reinas y las obreras se parecen mucho entre sí.
En contraste, las hormigas cortahojas de Centro y Sudamérica
cuentan con una estructura social mucho más compleja
y pueden existir tres o cuatro tipos de obreras diferentes.
Otras, como la Formica yessensis de la costa de Japón,
se agrupan en colonias inmensas de un millón de reinas
y 306 millones de obreras que viven en 45 mil nidos interconectados.
Por el contrario, las sociedades enteras de las hormigas del
género Leptothorax podrían vivir entre dos portaob-jetos
de un microscopio. En la Costa de Marfil, en África,
pueden existir hasta 7,000 colonias de hormigas por hectárea,
con un promedio de 2,850 hormigas por colonia, lo que equivale
a 2,000 hormigas por metro cuadrado. Algunos investigadores
han estimado que si se pesaran todos los animales que habitan
en el Amazonas, las hormigas conformarían cerca del 30%
del total. Se calcula que las hormigas forman el 10% de la biomasa
total del planeta y si sumamos a todas las hormigas del mundo,
pesarían aproximadamente lo mismo que todos los seres
humanos. |
| Impacto
en el ecosistema |
Las
hormigas, además de fascinantes en cuanto a su fisiología,
anatomía y conducta, son imprescindibles para el correcto
funcionamiento de los ecosistemas donde se encuentran. En todo
el mundo, son de los depredadores más importantes de
pequeños invertebrados, incluyendo a otros insectos,
por lo que ayudan a regular el crecimiento de estas poblaciones,
que sin la presencia de las hormigas se convertirían
en plagas. Las hormigas cortahojas son los principales herbívoros
de las selvas tropicales americanas, incluso más importantes
para la cadena alimenticia de estos ecosistemas que los mamíferos.
En muchas regiones, las hormigas realizan la importante labor
de dispersar las semillas de distintas especies de plantas.
Algunas especies de hormigas son polinizadoras de flores y dondequiera
que se encuentren, remueven y oxigenan la tierra aún
más que las lombrices.
Hay muy poca información sobre especies de hormigas amenazadas,
pero algunos investigadores consideran que son varias las que
están en peligro de extinción. Las más
vulnerables son las que viven en áreas geográficas
restringidas y que requieren de hábitats muy específicos.
El factor más importante de riesgo para estas especies
es la destrucción de su hábitat natural: las selvas
tropicales. |
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