El
Discreto encanto de las matemáticas
REFIRIÉNDOSE A LAS MATEMÁTICAS,
EL TEÓRICO FRANCÉS HENRI POINCARÉ (1854 - 912)
ESCRIBIÓ: ... SUS ADEPTOS ENCUENTRAN EN ELLAS PLACERES
ANÁLOGOS A LOS QUE PROPORCIONAN LA PINTURA Y LA MÚSICA.
ADMIRAN LA DELICADA ARMONÍA DE LOS NÚMEROS Y DE LAS FORMAS;
SE MARAVILLAN CUANDO UN NOVEDOSO DESCUBRIMIENTO LES PROPORCIONA UNA
PERSPECTIVA INESPERADA; Y LA ALEGRÍA QUE ASÍ EXPERIMENTAN
¿NO TIENE ÉSTA EL CARÁCTER ESTÉTICO, AUNQUE
LOS SENTIDOS NO DESEMPEÑAN EN ELLA UN PAPEL?.
VEAMOS QUÉ OPINAN, CÓMO ENTRARON EN ESE MUNDO Y POR QUÉ
SIGUEN EN ÉL ALGUNOS DE ESOS ADEPTOS, DESTACADOS MATEMÁTICOS
MEXICANOS, AHORA QUE CONCLUYE EL AÑO MUNDIAL DE LAS MATEMÁTICAS.
El
suplicio de enfrentarse a los números
Juan José Rivaud, profesor e investigador del Centro de
Investigación y Estudios Avanzados del Instituto Politécnico
Nacional, comenzó a interesarse en las matemáticas cuando
cursaba el quinto año de primaria. Al principio empecé
a tener dificultades y se lo comenté a mi padre quien, lleno
de paciencia, me instó a ver que, en matemáticas, lo importante
es entender, y que entender quiere decir hacer tuyas las ideas. Después
de unas cuantas semanas el suplicio que representaba enfrentarme a los
números o a las figuras geométricas se tornó en
interés y placer. Cuando llegué a secundaria me tocó
un excelente profesor de matemáticas, pero había un problema:
la clase era temprano y nunca pude llegar a tiempo (creo que tampoco
él); de cualquier forma tomábamos el mismo tranvía
al salir de la escuela y con él hablaba mucho de problemas de
matemáticas. Este gusto por comunicarme con los demás
ha sido una de las características de mi actividad matemática.
Concepción Ruiz, coordinadora de la sala de matemáticas
del Museo de las Ciencias Universum, de la UNAM, no recuerda por qué
decidió estudiar matemáticas pero no se arrepiente en
absoluto de ello y tampoco de haberles dedicado tantas horas de su vida.
Creo que mucho tuvieron que ver los profesores y profesoras que
tuve en la secundaria y en la prepa; lograron transmitirme la pasión
que sentían y así me fui entusiasmando. Ni que decir de
los maestros de la Facultad de Ciencias, que no sólo lograron
que me enamorara de las matemáticas sino que además lograron
la parte más difícil en cualquier historia de amor: que
me quedara con ellas para siempre.
Ignacio Barradas, investigador del Centro de Investigación
en Matemáticas en Guanajuato, del sistema SEP-CONA-CYT, cuenta
que siempre le gustaron las matemáticas pues disfruta el placer
de entender cosas. La abstracción y el placer de pensar
sobre problemas, que finalmente son desafíos intelectuales, lo
vi personalizado en las matemáticas, así que decidí
estudiarlas.
Carlos Prieto, investigador en el Instituto de Matemáticas de
la UNAM, se dedicó a las matemáticas porque tuvo la enorme
suerte de beneficiarse desde pequeño con el gozo, con el placer
que significa entenderlas. Mi familia creó un ambiente
a mi alrededor que me confrontó desde chico con las matemáticas,
con el placer de aprenderlas y con el deseo de enseñarlas. Además,
durante la secundaria, tuve un Maestro (así, con mayúscula)
de matemáticas que sabía matemáticas, cómo
enseñarlas y que nos presentaba temas que rebasaban los programas
oficiales y desafiaban nuestra inteligencia. Más tarde, en la
Facultad de Ciencias, aunque comencé estudiando física,
mis maestros de matemáticas me mostraron su gran belleza y sólo
dedicándome a ellas podría apreciarlas en todo su esplendor.
Todas estas vivencias me enseñaron que las matemáticas
son más que una profesión, más que una especialidad;
son, en sí mismas, un modo, un estilo de vida, que adopté
y que me ha proporcionado satisfacciones intelectuales que difícilmente
podría imaginar haber alcanzado de otra manera.
Alberto Verjovsky, también del Instituto de Matemáticas
de la UNAM, explica que desde pequeño tuvo inclinación
por las matemáticas y estuvo fascinado por la geometría.
Mi papá me ponía problemas de lógica y matemáticas
que me encantaba resolver. No sabía que había una profesión
de matemático y por eso decidí estudiar ingeniería
civil. Un día, un compañero me dijo que había asistido
a una clase de cálculo diferencial excelente (impartida por Guillermo
Torres) en la Facultad de Ciencias. Asistí y quedé impresionado
con la claridad, belleza y utilidad del curso. Decidí cursar
las dos carreras, de ingeniero y matemáticas, pero finalmente
me quedé sólo como matemático.
¿Ciencia, arte, lenguaje o juego?
Juan José Rivaud considera que las matemáticas
son más que eso; ¡Son la ciencia! pues proporcionan
el marco teórico para poder plantear, entender y resolver muchos
de los problemas de las otras disciplinas. Su poder explicativo y deductivo
es algo que no deja de sorprendernos, y va desde ciertos momentos de
la vida cotidiana hasta las preguntas más profundas acerca del
origen del Universo. Las matemáticas no son fáciles, ¡ninguna
actividad realmente interesante lo es!, pero no son imposibles y el
entenderlas produce un gozo difícil de describir.
Carlos Prieto explica que para él las matemáticas
son tres cosas distintas. En primer lugar, son ciencia, una ciencia
especulativa y una ciencia experimental. La matemática propiamente
dicha se genera al demostrar formalmente la afirmación, o contradecirla
sobre la base de un contra ejemplo. En segundo lugar, son un arte, en
el sentido de que su generación, creación y comprensión
implican la experimentación de sensaciones estéticas,
de belleza. En tercer lugar, son un lenguaje, el lenguaje en el que
está escrita la naturaleza. La física y la astronomía
son disciplinas que por excelencia hacen uso del lenguaje matemático
y que, además, han planteado preguntas cuya respuesta ha enriquecido
el -acer-vo de conocimientos matemáticos. Hoy en día,
sin embargo, no son éstas las únicas disciplinas que se
formalizan con el lenguaje matemático. La biología, la
química e, incluso, las ciencias sociales (la lingüística,
la sociología y hasta el derecho) recurren a la mode-lación
matemática, es decir, a la escritura de sus fenómenos,
quizá simplificados, en el lenguaje de las matemáticas.
Todo esto redunda en la propia matemática planteando nuevos problemas
y generando nuevos conceptos.
Para Ignacio Barradas, la respuesta a esta pregunta depende
de lo que entendamos por ciencia. Personalmente prefiero pensar
en ciencia como una actividad intelectual que pretende comprender y
describir el mundo (no sólo físico) y sus fenómenos.
Esto implica también la persecución y adquisición
de conocimiento, de verdades y leyes generales. Con base en esta definición,
las matemáticas son claramente una ciencia; son una actividad
intelectual. Su característica adicional de que sea el lenguaje
de otras ciencias sólo es reflejo de la suposición cada
vez más insostenible de que hay una división entre las
ciencias. La ciencia es una y las fronteras entre sus partes se irán
desvaneciendo cada vez más.
En lugar de proporcionar una definición, Concepción
Ruiz prefiere dar una lista de ideas: Son un lenguaje imprescindible
para el estudio de todo lo que nos rodea, pues hay fenómenos
que solamente pueden describirse en lenguaje matemático, pero
no son sólo una forma de decir, también de preguntar,
y sobre todo son una forma de pensar. A lo largo de la historia, la
noción de lo que son las matemáticas ha ido cambiando
hasta tener, hoy en día, gran cantidad de disciplinas, algunas
muy distintas entre sí, englobadas en las matemáticas.
Son una ciencia porque son rigurosas, porque son un juego que se juega
con una serie de reglas previamente establecidas y que no pueden romperse
así nada más; porque dan coherencia a otras ciencias y
porque con ellas puede estudiarse, entenderse y transformarse lo que
nos rodea. Pero, además, las matemáticas son en sí
mismas un objeto de estudio profundamente apasionante.
Alberto Verjovsky explica que Los más grandes
científicos de todos los tiempos han debido utilizar las matemáticas
pues sus métodos, sus para-digmas, son utilizados universalmente
en todo el resto de las ciencias hermanas. Las matemáticas usan
métodos de-ductivos e inductivos y de hecho hasta experimentales.
Por ejemplo, con el adve-nimiento de las super-com-pu-tadoras se han
realizado experimentos numéricos y gráficos que antes
eran impensables. Sería inconcebible cualquier descripción
de la física, la biología o la química sin este
instrumento especial. Pero las mate-máticas no son sólo
un instrumento, son una ciencia per se. Yo llegaría a decir que
son la gloria del espíritu humano.
Poesía
de las ideas
¿Hay belleza en las matemáticas? Juan José Rivaud
responde: ¡Claro que hay belleza!, ¿no la notan?
Cuando vemos que alguien hace algo difícil pero da la im-presión
de no costarle ningún trabajo, -sen-timos un gran placer estético.
En matemáticas sentimos eso cuando se nos presenta un problema
que no tenemos la más remota idea de cómo solucionar,
y alguien nos da un argumento que hace natural y transparente la solución.
Hay sensaciones estéticas más complejas como, por ejemplo,
la que tenemos al escuchar una sinfonía. El símil en matemáticas
es cuando se nos presenta una teoría en donde todo aparece en
su lugar, precisamente en el momento oportuno, y en donde las sorpresas
adquieren otro significado al volver a leer.
Carlos Prieto explica que para él las matemáticas
son, entre otras cosas, un arte. Me parece que la apreciación
de Poincaré sobre los adeptos de las matemáticas
describe la belleza que guarda esta disciplina. No obstante, cabe mencionar
esa belleza armónica de las matemáticas, ésta sí
evidente a los sentidos, que surge en los fractales, los que con simples
funciones algebraicas se generan en las pantallas de las computadoras.
Alguna vez, cuando Dégas se quejaba de tener muchas ideas, pero
de tener dificultad para hacer poesía con ellas, Mallarmé
le respondió que la poesía no se hace con ideas, sino
con palabras. Creo que ante esta afirmación de Mallarmé,
se podría agregar que las matemáticas son, precisamente,
la poesía que sí se hace con ideas: las matemáticas
son la poesía de las ideas.
Para Concepción Ruiz ... la belleza de las matemáticas
es la misma que encontraría un bailarín en la danza, un
literato en las letras, un arquitecto en los diseños. Su belleza
es mucha porque están llenas de armonía y delicadeza;
reside en que es una disciplina profundamente humana, hecha por los
hombres y mujeres para su deleite. Pero sucede que quienes nos dedicamos
a ellas nos hemos visto en la necesidad histórica de hacer permanentemente
una apología de ellas pues son siempre tachadas de monstruosas.
La realidad es que si bien tienen una faceta de belleza indiscutible,
también tienen una cara horrible, una parte en la que uno sufre;
exactamente igual que lo que le ocurre a un bailarín que piensa
que danzar es hermoso pero que no encuentra un ápice de disfrute
al curarse las ampollas sangrantes de los pies.
Ignacio Barradas parte de lo que dijera el matemático inglés
G. H. Hardy (1877-1947): no puede haber fealdad en las matemáticas.
La belleza es algo que depende de la percepción y por tanto
debe tener, como decía Santo Tomás, características
que plazcan a los sentidos o al espíritu; perfección,
proporciones adecuadas, claridad, etc. Pero los sentidos y el espíritu
incluyen, en su definición más amplia, a nuestro intelecto.
Así, pues, si algo place al intelecto, será considerado
como bello. Más aún, mientras más simple sea la
fórmula que describe algo, mayor su fuerza. Piénsese por
ejemplo en la belleza de la fórmula de Einstein, E=mc2. Si esta
fórmula fuera muy larga, no sólo sería fea sino
que seguramente no sería tan famosa. Einstein decía: una
descripción matemática de algo debe ser lo más
simple posible, pero no más simple. Aunque no necesita explicación,
esta frase subraya el frágil equilibrio entre la belleza de una
expresión matemática y su inutilidad si es demasiado complicada
o muy simple.
Alberto Verjovsky opina que los que trabajan con las matemáticas
saben bien que se puede equiparar su importancia y utilidad con la belleza.
En general, los buenos resultados de las matemáticas siempre
son aquellos que son bellos. Aquellos que carecen de belleza, simplemente
no han sido bien estudiados o bien entendidos. ¿Cómo puede
uno no estar completamente sorprendido al encontrar belleza en el hecho
de que la relación de un diámetro a la circunferencia
de un círculo es una constante universal como pi? ¿Cómo
puede uno no estar absolutamente fascinado por la existencia de esencialmente
sólo tres sólidos platónicos: tetraedro, el cubo
y el dodecaedro (y sus duales, icosaedro y octaedro)? ¿Cómo
puede uno no estar absolutamente maravillado por el hecho de que los
números primos se distribuyen de una manera que se puede precisar?
¿O la percepción de varias dimensiones que describen el
mundo? ¿Por qué se puede construir un mosaico plano con
hexágonos regulares? ¡Podría seguir ad infinitum!.
En la vida cotidiana
Para Carlos Prieto las aplicaciones de las matemáticas
en la vida cotidiana son múltiples. Yo diría, incluso,
que son inevitables. Desde el simple cálculo del interés
simple o el cálculo menos simple del interés compuesto,
hasta las muy sofis-ticadas matemáticas que sustentan la mecánica
cuántica, cuya magia está detrás de los microprocesadores
en las computa-doras y otros sistemas inteligentes, hay todo un universo
de ideas y conceptos matemáticos involucrados en virtualmente
todo el mundo que nos rodea. La geometría del diseño de
vehículos cada vez más rápidos y eficientes; la
teoría de números para codificar y asegurar transacciones
financieras en cajeros automáticos; la topología que permite
entender más formalmente estructuras bioquímicas en la
biología molecular; pero también la aritmética
sencilla que a cada momento usamos para hacer nuestras cuentas,
o la geometría elemental que aplicamos en una infinidad de actividades,
desde la manera estética de acomodar un platillo en la mesa,
hasta la decisión de tomar un camino óptimo para llegar
a un lugar, son algunas de las asombrosas formas como la matemática
aparece en nuestra vida cotidiana.
Ignacio
Barradas explica que las matemáticas son una herramienta
muy útil para describir fenómenos en el mundo físico.
Todo mundo sabe de las aplicaciones de la matemática a
problemas de ingeniería o física, pero poca gente se detiene
a pensar que muchos problemas en arqueología, biología,
inmunología, ingeniería genética, etc. pueden ser
descritos en una forma muy eficiente y práctica en términos
matemáticos. La predicción de cosechas agrícolas
o el diseño de estrategias de producción en una granja,
el diseño de fármacos novedosos o un modelo matemático
del oído, ojo o corazón -humanos, son hoy en día
rutinarios. Muchas herramientas tecnológicas tan útiles
como las imágenes por resonancia -magnética no serían
posibles sin matemáticas, pero -también el diseño
eficiente de un videojuego o de un sis-tema de encriptamiento de información
en internet o la elaboración de una película de ciencia
ficción las re-quieren.
Concepción Ruiz explica que las aplicaciones de las matemáticas
son muchísimas, desde aquellas que nos enseñan en
la primaria hasta la posibilidad de sacar una nave al espacio para conocer
Marte de cerquita. Y aunque su utilidad es indiscutible, y hoy en día
no podríamos siquiera pensar en la tecnología que tenemos
si no fuera, en buena medida, gracias a ellas, es fundamental señalar
que su importancia no reside únicamente en su utilidad. Son ya
parte inseparable de la cultura y del quehacer humano y deben concebirse
no sólo como una gran herramienta sino como una creación
que engrandece, sin duda, a la humanidad.
Para Alberto Verjovsky la matemática es omnipresente
a tal punto que a -veces no nos percatamos de su presencia. Por ejemplo,
todos los días usamos el sistema decimal. Vemos configuraciones
geométricas: rectas paralelas, círculos, triángulos,
etc. Pero, ¿cuál fue la geometría que se utilizó
para hacer estas formas? De hecho, sin notarlo, usamos el sistema binario
en las computadoras y en casi todo proceso de información digital.
Todos los aparatos electrodomésticos, los vehículos, nuestros
anteojos, nuestras computadoras, dependen de la matemática. ¿Cómo
se calculó la trayectoria del satélite que me permitió
ver los juegos olímpicos de Sidney?; ¿cómo se codifican
las claves para la seguridad en mi correo electrónico y mi tarjeta
de crédito?; ¿qué métodos estadísticos
se usaron para hacer una encuesta de una elección (la cual supondremos
limpia y democrática)?; ¿cómo es posible la medicina
moderna sin las matemáticas que permiten, por ejemplo, tomar
imágenes tomográficas de cualquier órgano? En todo
lo anterior, la matemática interviene en forma directa. Para
resumir: ¡No podríamos vivir con el confort de la época
moderna sin las matemáticas!.