El mejor champú
El sebo
que secretan las glándulas sebáceas del cuero cabelludo
es una sustancia grasosa que además de dar brillo a cada cabello,
cubre su superficie o cutícula, evitando la pérdida
de humedad interna. Sin embargo, el exceso de sebo atrae el polvo,
lo que provoca que el pelo se vea sucio y opaco. El detergente de
un buen champú, que actúa como agente limpiador, debe
ser capaz de retirar el exceso de grasa dejando justo la necesaria
para que el cabello no se deshidrate. Muchos anuncios de champús
también destacan la importancia del pH (medida del grado de
acidez o alcalinidad de una solución), pero ¿puede realmente
el pH en el champú hacer que nuestro cabello esté más
limpio, brillante y saludable? Si usamos en el cabello un champú
ácido, con un pH menor que siete, tanto los enlaces de hidrógeno
como los puentes salinos se rompen temporalmente, pero los enlaces
disulfuro permanecen manteniendo la cutícula del pelo ordenada.
Esto permite que la luz se refleje de manera uniforme y el pelo luzca
brillante. Cuando el champú es ligeramente alcalino (pH de
8.5) los enlaces de azufre pueden romperse y la superficie externa
del cabello se vuelve áspera. Esto impide que la luz se refleje
uniformemente en ella; entonces el cabello se ve opaco. El uso frecuente
de un champú alcalino causa daños por el continuo rompimiento
de los puentes disulfuro y es la causa de las puntas separadas u orzuela.
Con un pH de 12 (sumamente alcalino) todo tipo de enlace se rompe
y el cabello ¡se disuelve! Ésta es la base del funcionamiento
de algunas cremas depiladoras que se encuentran en el mercado. El
cabello tiene su resistencia máxima y luce más brillante
a un pH de entre 4 y 6; he ahí el truco de las abuelas, que
recomendaban el uso de limón o jitomate para acomodar el cabello
y que éste se viera brillante, ya que ambos son un poco ácidos.
El detergente contenido en la mayor parte de los champús deja
el pelo ligeramente alcalino, por lo que se recomienda el uso de enjuagues
y acondicionadores, productos que contienen ácidos débiles
que permiten restablecer el pH del pelo a su intervalo normal, además
de aceites que evitan la deshidratación y proporcionan mayor
brillo.
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La
muerte de Napoleón |
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La
información que puede obtenerse del análisis de
una muestra de cabello puede resultar sorprendente. En 1950
el científico sueco Sten Forshufvud leyó las memorias
de un asistente de Napoleón Bonaparte, quien se suponía
había muerto de cáncer de estómago cien
años atrás. En ellas se describen los detalles
de los últimos días de la vida del emperador.
Forshufvud identificó en el relato los síntomas
del envenenamiento con arsénico y se dio a la tarea de
investigar la posibilidad de que Napoleón hubiese sido
asesinado. Para ello consiguió una muestra de pelo de
Bonaparte, pues se sabe que el arsénico se une fuertemente
a los átomos de azufre de la queratina; de hecho, normalmente
hay rastros del arsénico que ha sido absorbido del ambiente.
Los análisis ordenados por Forshufvud mostraron que el
cabello de Bonaparte contenía cantidades de arsénico
treinta veces superiores al contenido normal promedio de ese
elemento, con lo que la suposición del científico
sueco sobre un posible asesinato parecía viable. Sin
embargo, el misterio no ha sido aclarado del todo pues en los
años ochenta se analizó un trozo del papel que
cubría la pared del cuarto que habitó Napoleón
durante su exilio y se determinó que contenía
arsenito de cobre, un compuesto utilizado como pigmento de color
amarillo en el papel tapiz manufacturado en esa época.
En presencia de humedad y moho el arsenito de cobre produce
pequeñas cantidades del gas trimetilarsina, que es altamente
tóxico, lo que abre la posibilidad de que la muerte de
Napoleón Bonaparte haya sido producto de ese fenómeno
y no por asesinato. |
¿Ondulado
o lacio?

Los enlaces
de azufre entre las cadenas de queratina actúan como los peldaños
de una escalera, manteniendo fija la estructura del cabello. El funcionamiento
de los permanentes para rizar o alaciar el pelo se basa en la ruptura,
la reorganización y la formación de nuevos enlaces disulfuro.
La mayoría de los permanentes consiste en una loción
rizadora o alaciadora y un agente neutralizador. La loción
rizadora contiene hidróxido de amonio, que rompe la cutícula
permitiendo que la solución penetre fácilmente, y tioglicolato
de amonio, que rompe los enlaces disulfuro separando las cadenas de
queratina. El desagradable y picante olor característico de
los permanentes resulta de la combinación entre el olor del
amoniaco y el olor a huevo podrido de los compuestos de azufre. Una
vez separadas las cadenas proteicas, el pelo está listo para
ser modificado: si lo que se quiere es rizarlo, se enrolla en los
tubos de plástico para permanente, o se cepilla intensamente
para alaciarlo. Una vez que la estructura del cabello se ha reorganizado
es tiempo de revertir la reacción y formar otra vez los enlaces
de azufre pero ahora en su nueva posición. Primero se retira
el tioglicolato de amonio con agua y se aplica la solución
neutralizadora, que no es otra cosa que peróxido de hidrógeno
(agua oxigenada), el cual vuelve a formar los enlaces disulfuro entre
las cadenas de queratina. Finalmente el cabello se enjuaga y al secarse
se restablecen los enlaces de hidrógeno y los puentes salinos.
El pelo vuelve a ser fuerte, pero ahora tiene una apariencia muy diferente
gracias a la nueva posición de sus enlaces disulfuro.