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17 de octubre de 2017
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Dinosaurios. Novedades de la era Mesozoica

Dinosaurios. Novedades de la era Mesozoica

Guillermo Cárdenas Guzmán

Además de los hallazgos paleontológicos más recientes, un estudio británico sugiere reestructurar el árbol genealógico de estos gigantes prehistóricos.

Aunque hoy forman parte de la cultura popular y son protagonistas de innumerables series de ficción y documentales, hace apenas dos siglos nadie sospechaba que unos seres monstruosos con aspecto de reptiles gigantes dominaron la Tierra durante 165 millones de años. Cuando el naturalista francés George Cuvier y el geólogo y paleontólogo inglés William Buckland examinaron los primeros vestigios fosilizados de huesos y vértebras enormes en el siglo XIX, supusieron que se trataba de cocodrilos o lagartos desconocidos.

En 1841 el paleontólogo inglés Richard Owen clasificó a estas criaturas, cuyos restos no correspondían a ningún animal vivo conocido, en una categoría diferente a los reptiles y les dio un nombre formado por las raíces griegas deinos (“terrible”) y sauros (“lagarto”). Desde entonces se han descubierto especies de todos los tamaños, no sólo gigantes, y los dinosaurios no han dejado de cautivar al público y de plantear enigmas a quienes los investigan. Su historia natural todavía se escribe: hallazgos recientes de restos en distintas partes del mundo —incluido México— siguen revelando pistas sobre la vida y extinción de estos animales prehistóricos.

Viejos (no tan) conocidos

El rompecabezas de la vida y la desaparición de estas “estrellas” del mundo prehistórico está lejos de completarse, como afirma René Hernández Rivera, investigador del Instituto de Geología (IG) de la UNAM. Hay consenso en la idea de que las aves descienden directamente de un suborden de dinosaurios llamados terópodos que eran bípedos y tenían patas de huesos huecos. Otro punto en el que parece haber acuerdo entre los expertos es que los dinosaurios, igual que las aves y los humanos, podían mantener constante su temperatura corporal, observa Hernández.

Los hallazgos recientes de restos fósiles del periodo cretácico inferior, principalmente en la región china de Liaoning, han aportado sólidas evidencias de que muchas especies de dinosaurio tenían plumas (véase ¿Cómo ves? No. 79). El famoso Archaeopteryx litographica, cuyos restos fueron descubiertos en Alemania en 1861 y que antes se consideraba como el eslabón perdido con las aves, hoy está catalogado como el dinosaurio emplumado a partir del cual surgieron éstas, dice René Hernández.

Más allá de estos acuerdos persisten numerosas incógnitas que los especialistas no han logrado resolver, entre otras qué tipo de enfermedades padecían comúnmente los dinosaurios —algunos indicios sugieren que además de constantes fracturas de las costillas, sufrían cáncer— así como las razones de que muchos de ellos, sobre todo herbívoros, hayan alcanzado grandes tamaños. Hay indicios de que el tamaño les sirvió para evitar que los depredaran los dinosaurios carnívoros, comenta Hernández. Otras hipótesis destacan la existencia de nichos ecológicos vacíos que estos organismos ocuparon gracias a que podían medrar libremente en su ambiente.

Fernando Rodríguez Chávez, director del Museo de Geología y Paleontología de la Escuela Superior de Ingeniería y Arquitectura (ESIA) Ticomán del Instituto Politécnico Nacional, señala que una de las grandes interrogantes es cómo se adaptaron las estructuras óseas y musculares de los dinosaurios a los constantes cambios ambientales y de la corteza terrestre durante la época que habitaron la Tierra.

MÁS INFORMACIÓN

1677 El químico Robert Plot, de la Universidad de Oxford, ilustró un libro con el dibujo de un fémur descomunal, que en ese tiempo no fue reconocido como de dinosaurio.
1808 El paleontólogo francés George Cuvier examinó huesos fósiles hallados en Normandía. Propuso que eran de un “cocodrilo” desconocido al que luego se clasificó como dinosaurio carnívoro.
1821 El paleontólogo inglés Richard Owen dio a estos animales prehistóricos el nombre con el que ahora los conocemos, dinosaurios, que significa “lagarto terrible”.
1858 William P. Foulke localizó el primer esqueleto completo de un dinosaurio, un hadrosaurio al que se denominó Hadrosaurus foulki en su honor.
1861 El paleontólogo alemán Hermann von Mayer identificó los restos del Archaeopteryx, ejemplar que conjuga rasgos de aves modernas y de dinosaurios.
1870 Tras observar los miembros posteriores de dos aves (avestruces y emúes) el científico británico Thomas Huxley propuso que todas ellas descienden de los dinosaurios.
1887 El paleontólogo británico Harry G. Seeley dividió a los dinosaurios en dos grandes grupos según la forma de la pelvis: ornitisquios (de pájaro) y saurisquios (de reptil).
1902 El paleontólogo Barnum Brown comenzó a excavar el yacimiento de Hell Creek, Montana, donde descubrió ejemplares como el Tyrannosaurus Rex y el Ankylosaurus.
1960 El paleontólogo francés Albert-Félix de Lapparent detectó huellas de un iguanodonte en Svalvard (Noruega), con lo cual se mostró que los dinosaurios habitaron en latitudes polares.
1971 En el desierto de Gobi (Mongolia) un equipo de científicos mongoles y polacos descubrió los restos enlazados de dos dinosaurios muertos en combate: Protoceratops y Velociraptor.
1986 El paleontólogo estadunidense Jacques Armand Gautier confirmó que las aves descienden de pequeños dinosaurios terópodos, lo cual llevó al uso de la cladística para clasificar a los dinosaurios.
1996 Científicos chinos desenterraron los restos de un diminuto dinosaurio con plumas. al que se le asignó el nombre Sinosauropteryx, que significa “lagarto chino alado”.
2003 El paleontólogo Paul Sereno, de la Universidad de Chicago, localizó en la India los restos de un dinosaurio con cresta, al que se llamó Rajasaurus narmandesis.

GIGANTES EN LA TIERRA

Los dinosaurios habitaron el planeta durante tres periodos de la era Mesozoica, desde el Triásico temprano, hace poco más de 230 millones de años hasta su extinción masiva ocurrida durante el Cretácico, hace 65 millones de años. Es decir, su “reinado” se extendió durante 165 millones de años. En contraste, los homínidos más antiguos, que surgieron mucho después, durante la era Cuaternaria, datan de hace unos 2 millones de años.

SACUDIDA AL ÁRBOL GENEALÓGICO

Los dinosaurios se dividen tradicionalmente en dos grandes ramas: los ornitisquios (cadera de ave) y los saurisquios (cadera de lagarto), con un grupo primitivo de carnívoros, los Herrerasauridae, ramificados en varios puntos del árbol genealógico. En el nuevo esquema que proponen Matthew Baron y sus colaboradores, en un artículo publicado en Nature, los terópodos como el T. Rex se agruparían dentro de la primera.

 

Más herramientas de estudio

Paralelamente a estos descubrimientos, en las décadas recientes se han introducido nuevas metodologías de análisis que permiten a los biólogos y paleontólogos clasificar vestigios fósiles de una forma más rápida y precisa. Por ejemplo, hoy el método más aceptado para estudiar las relaciones evolutivas entre los organismos es la cladística, como escribe Héctor Arita, investigador del Instituto de Investigaciones en Ecosistemas y Sustentabilidad de la UNAM, en su libro Crónicas de la extinción, la vida y la muerte de las especies animales. A diferencia de otros métodos que se basan en la comparación de los rasgos externos de los organismos, la cladística —desarrollada inicialmente por el biólogo alemán Wilhelm Henning— los agrupa en ramas, o clados, cuyos elementos comparten características procedentes de su último ancestro común. Así, se consideran más cercanamente emparentados aquellos individuos que comparten ancestros más recientes, independientemente de que tengan plumas, pelo o escamas.

Aunado a ello, los expertos ahora cuentan con herramientas matemáticas y programas que les facilitan la clasificación: basta introducir en la computadora la información obtenida de los restos animales y a partir de una búsqueda en sus bases de datos, la máquina sugiere a qué género o especie perteneció el espécimen, así como su probable ubicación en el árbol de la vida.

Con estos instrumentos los expertos también han afinado la clasificación; hace 15 años aceptaban la existencia de unos 1 600 géneros de dinosaurios, pero la cifra se redujo a aproximadamente 1 200 (el número total de especies en la actualidad supera las 2 000). La razón, según explica el maestro Hernández, es que los paleontólogos con frecuencia registraban como especies separadas vestigios de una misma especie correspondientes a fases distintas de desarrollo. Un buen ejemplo son los hadrosaurios conocidos como pico de pato, que habitaron las regiones más septentrionales del actual territorio mexicano. Estos organismos carecían de cresta al nacer, pero la desarrollaban en la edad adulta, de modo que los equipos científicos podían confundirse al registrar restos de animales de edades distintas. Pese a todo, cada año se suman entre 10 y 15 nuevas descripciones de géneros de dinosaurios en todo el mundo.

¿Nuevo árbol genealógico?

Hacia finales del siglo XIX, el paleontólogo británico Harry G. Seeley separó a los dinosaurios en dos grandes grupos, de acuerdo con la forma de los tres huesos de la pelvis: los Ornitischia (cadera de ave) y los Saurischia (cadera de lagarto). A medida que se descubrían más especies y géneros, los paleontólogos añadieron una tercera rama al linaje de los dinosaurios: los terópodos, que Seeley anexó en 1887 al grupo de los saurisquios.

Aunque esta clasificación ha suscitado controversias —pues en ocasiones se observó que los miembros de un grupo compartían rasgos con los de otro distinto— se ha mantenido como referente. Tal situación podría cambiar en caso de aceptarse la idea de Matthew Baron, David Norman y Paul Barrett, de la Universidad de Cambridge y el Museo de Historia Natural de Londres, quienes proponen reestructurar el árbol genealógico de estos seres prehistóricos.

En un artículo publicado en abril de este año en la revista Nature, Baron y sus colaboradores analizaron las similitudes y diferencias entre 450 rasgos anatómicos observados en los restos de 74 especies de dinosaurios. La mayoría vivieron durante los primeros 100 millones de años de la era de los dinosaurios, que abarcó tres periodos de la era mesozoica. El grupo de los Saurischia comprende dinosaurios terópodos como el velocirraptor o el famoso tiranosaurio, mientras el de los Ornitischia abarca ejemplares como el triceratops. La modificación más notable de Baron, Norman y Barrett es que colocan al linaje de los terópodos en la rama que contiene a los dinosaurios con cadera de ave.

Así, la nueva clasificación acerca grupos que antes estaban separados, por ejemplo, los T. Rex (saurópodos) y los triceratops (ornitisquios). “Cuando comenzamos nuestro análisis, nos preguntamos por qué algunos antiguos ornitisquios parecían anatómicamente similares a los terópodos”, dijo Baron. “Nuestro estudio sugiere que ambos forman parte del mismo clado. Esta conclusión nos conmocionó, puesto que va en contra de todo lo que sabíamos”, reconoció el científico en un comunicado de la Universidad de Cambridge. La clasificación que proponen estos investigadores plantea también que los primeros dinosaurios habrían surgido hace 247 millones de años (los fósiles más antiguos se remontan a hace 243 millones de años).

Según el estudio, la cuna de los dinosaurios también sería diferente: en lugar de Gondwana, antiguo supercontinente que más tarde formaría la parte sur del mega continente Pangea, ahora sería una región localizada en el norte del continente americano. Algunos paleontólogos como Thomas Holtz, de la Universidad de Maryland, anticipan que este análisis cambiará los libros de texto; pero Hernández Rivera recomienda tomárselo con cautela, hasta que se realicen nuevos estudios que permitan aceptar o rechazar la hipótesis de Baron, Norman y Barrett.

México, filón de huesos y dientes

Los yacimientos más ricos de fósiles de dinosaurios están en varias regiones de Europa, Asia y Estados Unidos, de donde proceden muchas de las especies que las producciones cinematográficas han llevado a las pantallas. Sin embargo, hace más de 70 millones de años hubo en lo que hoy es México un mar poco profundo con un clima más cálido y húmedo que el actual, a la orilla del cual proliferaron numerosas especies de dinosaurios que apenas hace poco han salido a la luz gracias al trabajo de científicos mexicanos.

En el país sólo se han localizado fósiles del Cretácico y Jurásico (es decir, de entre 66 y 200 millones de años de antigüedad), en yacimientos de los estados de Baja California, Sonora, Coahuila, Chihuahua, Tamaulipas, Michoacán, Puebla y Chiapas. Hasta hoy se han descrito ocho especies exclusivas de México.

En 2016 un equipo dirigido por Héctor Rivera Sylva, jefe del Departamento de Paleontología del Museo del Desierto (MUDE) en Saltillo, Coahuila, identificó un nuevo género y especie de dinosaurio a partir de fragmentos de cráneo, huesos del brazo, vértebras, cadera y fémur. Este año lo denominaron formalmente Yehuecauhceratops mudei, en alusión al museo. Los restos se colectaron en el municipio de Ocampo, en el norte de Coahuila, entre 2007 y 2011. Posteriormente fueron analizados en el laboratorio por Rivera y sus colaboradores, quienes clasificaron al nuevo espécimen como el primer centrosaurino ceratópsido del país. El grupo de los ceratópsidos incluye dinosaurios con cuernos en la cara como el triceratops, que habitaron Asia y Norteamérica hacia el final del Cretácico.

Rivera Sylva explica en entrevista que al depurar las piezas se dieron cuenta que una de ellas presentaba una protuberancia en forma de pico, lo cual era indicio de que alojaba un cuerno. Esto constituyó la señal inequívoca de que se trataba de algo nuevo, pues ninguna otra especie o género de ceratópsido descubierto en Norteamérica presenta tal rasgo.

Cuando completaron la reconstrucción del Y. mudei, los científicos determinaron que esta criatura, que habitó tierra coahuilense hace 74 millones de años, medía unos tres metros de largo y se alimentaba de plantas.

Este hallazgo, a decir de Rivera, ayuda a entender los cambios del medio ambiente prehistórico de la región, así como a explicar la enorme diversidad de dinosaurios que habitaron en Norteamérica. Mientras aquellos de Estados Unidos y Canadá son ampliamente conocidos, los de México apenas empiezan a descubrirse y caracterizarse. En Coahuila, por ejemplo, no se ha explorado ni el 10 % del terreno.

“Hace unos 20 años no se hablaba de dinosaurios en México. La mayoría de los libros que se traducían al español mencionaban a los que habían sido localizados en Estados Unidos o Inglaterra”, recuerda Rivera. “Pero a partir de los años 80 se dieron muchos hallazgos en el país, lo que nos dio una especie de identidad nacional paleontológica.”

MÁS INFORMACIÓN

  • Estefanía, Laura, Dinosaurios jurásicos, Arquetipo Grupo Editorial, Montevideo, 2012.
  • Rivera Sylva, Héctor, “Los dinosaurios de México”, Ciencias No. 98, abriljunio, Ciudad de México, (en línea)
  • Hernández, René, Dinosaurios, SEP, Ciudad de México, 1994.

 

Guillermo Cárdenas Guzmán es periodista especializado en temas de ciencia, tecnología y salud. Ha laborado en diversos medios de comunicación electrónicos e impresos, como los diarios Reforma y El Universal. Actualmente es reportero y editor de contenidos de ¿Cómo ves?
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