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23 de agosto de 2017
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Ojo de mosca

No. 197 Buscar otros mundos

Cuando se habla de proyectos como la exploración espacial y la búsqueda de planetas semejantes al nuestro, es frecuente que se opine que sería mejor gastar ese dinero “en algo útil”.

Desde hace siglos la posibilidad de otros mundos habitables ha inquietado la mente de escritores y pensadores de todo tipo, incluyendo científicos. Tradicionalmente, tales nociones habían pertenecido al reino de la fantasía, y más recientemente, al de la ciencia ficción.

Ya Luciano de Samosata, en el siglo II, y Cyrano de Bergerac, en el XVII, soñaban con viajar a la Luna, aunque Galileo descubrió que era desértica y poco acogedora. Aun así, Julio Verne escribió sobre un viaje a la Luna, y H. G. Wells imaginó en ella una civilización subterránea. Marte fue otro candidato favorito. Percival Lowell creyó ver en su superficie señales de vegetación. El avance de la astronomía y la exploración espacial lo refutaron: ni la Luna ni Marte ni ningún otro planeta de nuestro Sistema Solar presentan condiciones adecuadas para que los humanos puedan establecerse y vivir en ellos.

Pero en 1995 se descubrió el primer “planeta extrasolar” que gira alrededor de una estrella, y hoy se conocen casi 1 900. Algunos parecen tener un tamaño, distancia a su estrella y otras características —como presencia de agua— similares a la Tierra. Si pudiéramos viajar a las estrellas, quizá no sería tan difícil hallar un segundo hogar para la humanidad.

Pero, ¿para qué? ¿Por qué se emplean millones de dólares en investigación y exploración espacial en enviar satélites, sondas y robots rodantes a explorar la Luna, Marte y otros rincones del Sistema Solar, y en escudriñar con telescopios las regiones más lejanas?

La respuesta la sabían los escritores de ciencia ficción que vivieron la amenaza nuclear durante la Guerra Fría, el siglo pasado: la humanidad ha llegado a un momento en su historia en que puede destruirse a sí misma. Si no a través de las armas, gracias a las alteraciones que ha ocasionado en el ambiente. E incluso sin eso, el simple aumento de la población inevitablemente hará necesario buscar un nuevo lugar para continuar el desarrollo de nuestra especie. Y de cualquier modo, los astrofísicos predicen que en unos 7 000 millones de años el Sol entrará en su fase final de gigante roja y aniquilará a la Tierra.

Inevitablemente, la humanidad necesitará expandirse o emigrar a otros mundos para sobrevivir. Así que la exploración espacial y la búsqueda de otros mundos distan mucho de ser inútiles. Sólo hay que tener visión de largo plazo. Quizá las ideas de imperios o federaciones galácticas algún día sean realidad.

 

Martín Bonfil

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