18 de agosto de 2026 18 / 08 / 2026

La dignidad de la historia

Entrevista de ¿Cómo ves? a Pablo Piccato

Imagen de La dignidad de la historia

Ilustración: revista ¿Cómo ves?

Historia de la violencia en México

Comienzas tu libro afirmando que hacer historia no consiste en decir que lo que ocurre hoy había ocurrido ayer, sino buscar sólidas razones para criticar la noción de que las cosas son como son y no hay nada que hacer al respecto.

Algo que siempre digo en mis clases y en mis libros es que uno sólo puede escribir historia desde el presente. No podemos ir al pasado y verlo de manera objetiva y distante; siempre empezamos desde las preguntas que nos plantea el presente. Y, claro, esto ocurre cuando estudiamos la violencia de forma histórica. También es importante rescatar la contingencia de la historia: pensar que las cosas sólo podían suceder de una manera no es productivo para mí como historiador. Hubo un tiempo en que la disciplina de la historia estaba dominada por la búsqueda de los grandes patrones que transformaban la sociedad y la política, o los grandes hombres, pero ahora los historiadores somos más humildes y también miramos las cosas en escala más pequeña y sin suponer que las cosas cambian en una dirección inevitable.

Planteas que la violencia no sólo es un acto de brutalidad, sino un medio para comunicar cosas que también está determinado por nuestros valores.

La idea es ésta: cuando alguien comete un acto de violencia, violencia política, criminal, violencia de género, siempre hay un exceso en el uso de la fuerza. Es decir, nunca es sólo “Le pegué en la cabeza a esta persona porque me quería llevar su billetera”, que sería lo más pragmático. Nunca es así. La violencia siempre carga un objetivo simbólico. La forma en la que se ejecuta esa violencia le comunica algo a la víctima y al resto de la sociedad. También es una forma de comunicarse con los pares: si soy un criminal y quiero que mis cuates vean que yo soy el más bravo tengo que mandar un mensaje que está relacionado con la forma en que uso la fuerza. Si ya le rompiste la cabeza a alguien y le quitaste su billetera, no hace falta que le sigas pegando, pero la crueldad es lo que la gente lee, decodifica, y es un mensaje. Esto depende, claro, de la tecnología, de las armas que uses, de si cometes la violencia en público o en privado, todas esas son cosas que hay que leer para entender el significado.

Yo llegué a esa idea gracias a los historiadores y sociólogos que han trabajado sobre la mafia. La mafia es una organización secreta, pero todo el mundo sabe que existe, entonces ¿cómo hacen los mafiosos para comunicarle a la sociedad que les tienen que pagar una cuota, que tienen que respetarlos? Usando una violencia en un cierto lenguaje, con claros significados. Eso pasa también en México con la violencia del crimen organizado. Y es muy claro en la violencia de género: la violación nunca es solamente por motivos sexuales, es para demostrar algo: que uno es muy hombre, que tiene control sobre las mujeres, que puede adquirir cosas, pero no es por el placer sexual. Tal vez para algunos esto sea sorprendente, pero la violencia no suelen cometerla únicamente personas con una enfermedad mental. Más allá de su condición, siempre hay un significado en sus acciones.

La dignidad de la historia. Historia de la violencia en MéxicoIlustración: revista ¿Cómo ves?

¿Y cómo es que la violencia se repite de formas parecidas según el lugar y el momento?

Quiere decir que hay un patrón, una práctica de la violencia que tenemos que entender y que no se puede explicar únicamente como un proceso interno en el cerebro de una persona. La violencia siempre es una relación social. Para la historia es útil mirar las prácticas que cambian con el tiempo, las armas que usas, las víctimas que escoges, la publicidad que rodea a la violencia. Por ejemplo, la gente en el Porfiriato se peleaba a cuchilladas afuera de las pulquerías y era rutinario; seguía reglas bien conocidas pero no explícitas. Como historiador, nunca voy a poder explicar por qué un borracho se peleó con su tío, porque no me puedo meter en la cabeza de los individuos, ni siquiera cuando están sobrios. Pero sí puedo entender las recurrencias, los patrones.

Una cosa que sabemos es que la violencia emerge cuando las personas se sienten humilladas o vulnerables.

Pero esto puede operar también colectivamente. En la Revolución lo vimos de manera clara. Cuando una comunidad decía “Están abusando de nosotros, quitándonos las tierras y violando a nuestras mujeres, así que vamos a usar la violencia para darles una lección”, era una forma de recuperar la dignidad colectiva con los recursos disponibles. En distintos momentos de la historia los actores sociales pueden ver la violencia como una forma de recuperar su honor o su dignidad o su estatus. Pero eso no quiere decir que sea siempre así: si hace 100 años cuando alguien te miraba feo en una pulquería te tenías que pelear, ahora si alguien se pelea por esa razón la respuesta social no va a ser la misma. La tolerancia hacia la violencia ha disminuido, creo, y eso la hace menos útil para reivindicar la dignidad.

Los movimientos feministas que están en contra de la violencia de género la señalan como una cosa costosa y negativa. Con ese fin sus acciones hacen eco a la violencia, la denuncian, pero no la reproducen en sus aspectos más negativos (aunque como en todos los movimientos sociales hay distintos grupos que tienen distintos métodos). Estos movimientos han disminuido la tolerancia hacia la violencia contra las mujeres, incluso la que es puramente simbólica, como decirle cosas a las mujeres en la calle. No digo que no suceda, pero empieza a ser mal visto. Y antes no era así.

Así que todas esas formas de usar la violencia para recuperar la dignidad o el estatus social cambian, y no son siempre igual de efectivas. Es decir, hay momentos en los que la tolerancia a la violencia aumenta y, por lo tanto, su efectividad como forma de reivindicación también puede aumentar, al menos a corto plazo.

La dignidad de la historia. Historia de la violencia en MéxicoThe Library of Congress

¿Y cómo se relaciona todo esto con las formas legales y extralegales de hacer justicia?

Es muy claro que si no funciona la justicia existen más incentivos para usar la violencia. Por un lado porque es más difícil que te castiguen, pero también porque no existe una alternativa legítima para resolver conflictos. Por ejemplo, si alguien me defrauda y yo puedo acudir a la justicia, y veo que los procedimientos son los correctos, voy a aceptar el resultado porque voy a decir “Bueno, a veces ganas y a veces pierdes, pero es un proceso legítimo.” En ese caso no me sirve recurrir a la violencia informal. Es difícil afirmar que si la justicia funcionara mejor disminuiría la violencia, pero el hecho es que todavía hay formas socialmente legítimas de resolver los conflictos que no son legales.

Lo que ahora pasa en México es que los mismos actores del Estado actúan sobre la premisa de que la justicia no funciona, así que tienen que usar la violencia extralegal para obtener resultados. Si tú vas con un policía y le dices “¿Por qué torturan a la gente?” te responderá “Bueno, para darles una lección para que ya no anden robando”, porque dan por sentado que la investigación, el juicio y la encarcelación no van a funcionar. Los mismos agentes del Estado toman ese proceso en sus manos y utilizan medios ilegales para defender la legalidad. Es una paradoja que en México es muy común y todo el mundo ha visto cómo funciona.

¿Qué pasa en otros países? ¿Qué determina las formas específicas de violencia que ocurren ahí? Por ejemplo, en India no es inusual que los policías agarren a la gente a palazos.

Es una pregunta muy difícil, pero sí sé que en India utilizan esos palos. Y cuando lo veo no puedo dejar de pensar en el colonialismo y en la forma en que Inglaterra establecía su autoridad utilizando una violencia, que ponía en juego diferencias de casta o construidas por el racismo, y que de cierta forma infantilizaba a los sujetos. En México sí dan bastonazos los granaderos, pero es algo que está mal visto y le quita prestigio al Estado. Cada lugar tiene una historia de prácticas, de hábitos para usar la violencia y de tecnologías disponibles. En India, en Inglaterra y en Japón ves muchos ataques con cuchillo porque es más difícil conseguir armas, lo cual no quiere decir que no haya violencia, sino que se usan distintos instrumentos. En Estados Unidos puedes comprar rifles de gran calibre si quieres, y entonces ves casos de violencia donde se usan armas de alto poder. Canadá y Estados Unidos son sociedades muy parecidas, pero en Canadá es muy difícil tener algunos tipos de armas y hay menos balaceras. Además de la tecnología disponible están los patrones o las prácticas sociales. En algunos lugares es totalmente normal que si vas a un partido de fútbol y te metes en la porra equivocada te peguen, y en otros es inaceptable hacer eso, más allá de algunos insultos. Obviamente hay factores institucionales, históricos, culturales, pero tienen que ver con la forma en la que socialmente se juzga ese uso de la violencia.

Lo que hay que tener claro es que no hay una violencia nacional mexicana. Hay una historia de violencia, de prácticas violentas que es particular de este país, pero que no es intrínsecamente mexicana. Es decir, tiene una historia, tiene condiciones, tiene que ver con la justicia, con las instituciones, con la sociedad, con la religión. Pero no es que los mexicanos sean así.

La dignidad de la historia. Historia de la violencia en MéxicoArkadij Schell/Shutterstock

No llevas a un millón de mexicanos a una isla y los dejas a su suerte y entonces vas a reproducir la misma violencia.

Exacto. Bueno, es un estereotipo que ha existido durante mucho tiempo; tal vez ya está cambiando, pero con toda la violencia del narcotráfico empeora esta caricatura de los mexicanos con las pistolas. Si algo quise mostrar en mi libro es que no es cierto, no hay nada particular en los mexicanos que cause la violencia.

¿Crees que hay explicaciones en nuestro legado colonial o ese es un argumento determinista?

Sí, sin duda hay un legado colonial que le imprime ciertas características a las concepciones sobre la diferencia social. La idea de la raza se la debemos al colonialismo; la idea de que la gente es distinta porque su color de piel es distinto no sería el mismo problema sin el colonialismo y el esclavismo. Todas esas cosas tienen una historia y es importante tenerla en mente. Pero aun aceptando eso no hay que caer en un argumento determinista; el colonialismo en sí ayuda a entender la violencia, pero no la determina en el presente. Incluso en América Latina hay países que fueron colonias y que tienen niveles de violencia actuales muy distintos. Costa Rica, Chile y Uruguay también fueron colonias y tuvieron castas, esclavos y todas las cosas que venían con el colonialismo, pero hoy no son tan violentos como otros en América Latina. Corea fue una colonia durante mucho tiempo, tuvo que lidiar con China, luego con Japón, pero ahora no es un lugar violento. De todos modos hay que ser muy escépticos con la idea de que el colonialismo lo explica todo.

En tu libro dices que es más fácil imaginar la idea del asesino solitario, del desadaptado, que de la violencia social, y escribes que tal vez puede parecer de mal gusto otorgarle historia a la violencia, elevarla a algo que pueda tener historia

Normalmente la historia se plantea trazar la genealogía de nuestro presente para darle más legitimidad, más prestigio. Eso pasa mucho en Estados Unidos y en México también. Por ejemplo, hay quien puede sentirse orgulloso de venir de una familia colonial, de antepasados que llegaron hace mucho de España, pero la gente que no tiene dinero o recursos no sabe ni quién fue su bisabuelo, porque conservar buenos registros y documentos tiene un costo. La forma en la que trazas la historia de tu familia te da capital social.

Entonces, decir que la violencia tiene historia podría parecer un intento de legitimación, y en ese sentido es más fácil naturalizarla y pensarla como una cosa puramente psicológica, por un lado, o un destino social o cultural, por el otro. Pero la historia es contingente, depende también de la voluntad de los actores y no está determinada de antemano. La violencia que existe en el presente no tiene por qué existir; es producto de un proceso, pero es algo que nosotros mantenemos vivo.

Podemos cambiar de dirección. Y eso es lo que la historia puede ofrecer, la idea de que no hay un solo camino inevitable porque somos mexicanos. En todos los momentos de la historia hay la posibilidad de decir: no, no acepto que la violencia sea natural; no acepto que sea un derecho de los hombres. Y eso es útil, yo creo.

La dignidad de la historia. Historia de la violencia en MéxicoJorge Mejía Peralta/Flickr - Thayne Tuason

¿Y qué le dirías a un chico de 16 años que se siente bombardeado por las noticias y cree que vivimos la época más violenta de la historia o que no hay nada que hacer frente al cambio climático o la inflación?

Sobre la violencia que llega por las redes sociales, yo creo que lo importante es decidir no participar en la cadena de producción de esas noticias. Si ves videos de peleas o de balaceras, o de boxeo entre mujeres, formas parte de la reproducción de la violencia a nivel simbólico, porque le das un clic a alguien que la vende. Obviamente no quiere decir que después vayas a cometer esa misma violencia, pero estás ampliando su plataforma.

Y también es útil darse cuenta de que todo cambia. Por eso una razón por la que escribo es para recordarles a los lectores que la historia es contingente y que depende de muchas decisiones, muchas condiciones, muchos actores, y que no hay nada dictado de antemano. Esa es una forma de recuperar la agencia del lector o del ciudadano o del participante de un movimiento político: entender que está en un momento en el tiempo que tiene un pasado y un futuro, y que en este momento hay una ventana donde lo que tú hagas y decidas cambia el futuro, pero también cambia el pasado, porque podrías verlo de una forma distinta de acuerdo con tus decisiones en el presente. Si prefieres vestirte de vikingo o de cowboy y hacer guerras de mentiras, por ejemplo, estás agrandando una parte del pasado en lugar de otras.

¿Qué tiene que saber un chico que está tentado a estudiar historia?

Que la historia aparte de ser apasionante siempre es útil. La disciplina de la historia enseña a escribir y comunicar ideas, a trabajar con grandes cantidades de información a veces muy compleja. Un historiador tiene que saber leer, organizar, darle sentido a esa información. Sus fuentes pueden ser viejos documentos en un archivo, el periódico, una novela, una canción, un edificio o una infinidad de trazos del pasado. La habilidad para darles sentido es útil en todo momento.

La dignidad de la historia. Historia de la violencia en Méxicoclicksdemexico/Shutterstock

Pablo Piccato

Pablo Piccato es profesor en el Departamento de Historia en la Universidad de Columbia, Nueva York, donde trabaja desde 1997. Hizo su licenciatura en historia en la Facultad de Filosofía y Letras de la unam y su maestría y doctorado en Historia en la Universidad de Texas en Austin. Ha sido profesor o investigador visitante en instituciones de Argentina, Brasil, Italia, Francia, Alemania y en varias universidades mexicanas. Su trabajo gira alrededor de la historia social y cultural del México moderno, con interés particular en el crimen, la política, la prensa y la literatura.

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