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Maia F. Miret
Ilustración: revista ¿Cómo ves?
Como cada octubre, en este número comprobamos una vez más que la ciencia y el terror se llevan sorprendentemente bien. Y es que año con año, desde que inauguramos esta bonita tradición, hemos constatado que podemos estudiar científicamente las cosas que nos dan miedo, por qué nos dan miedo, a qué hora nos dan miedo, por qué no deberían darnos miedo, por qué hay quienes nunca tienen miedo y, a todo esto, qué es el miedo.
Este año Jonathan Luis Razo López nos regala “Sustos que dan gusto. La neurobiología del miedo” y nos explica qué es esta emoción, si también la sienten los animales (sí), qué pasa en nuestro cuerpo cuando tememos, en qué se parecen nuestros cerebros a los de las moscas y por qué a algunas personas (como a mí) nos gustan tanto las historias de terror, siempre y cuando se queden en la pantalla de la tele y las páginas del libro.
Luego tenemos los fantasmas (en mi opinión los mejores personajes del terror, pero cada quien). En “Selfie fantasmal” Reinher Rolando Pimentel Domínguez discute el tema de la fotografía de espectros. Hubo una época en la que se puso muy de moda lo de fotografiar aparecidos, y aun hoy hay quien jura que la lente permite ver cosas invisibles para el ojo humano. ¿Será? Descúbrelo aquí.
Otro tipo de fantasma inquietante es el que hace su aparición cuando una persona que ha perdido una extremidad siente que sigue allí, y no sólo eso: le pica, le duele, siente que se alarga o se encoge… En “Fantasmas que duelen” Luis Gerardo Balcázar Ochoa cuenta qué provoca este extraño fenómeno con ayuda de un popular personaje de caricatura, y también discute qué es en realidad eso que llamamos dolor y si hay casos en los que no es “real”.
Y nada, feliz mes del terror. Que lo disfrutes, ahora que sabes por qué nos gustan tanto los sustos.
Maia F. Miret













