Ojo de mosca 335
Ojo de mosca
Martín Bonfil Olivera
Tachina grossa. Clase: Insecta. Subclase: Pterygota. Filo: Endopterygota. Orden: Diptera
En esta era moderna llena de computadoras, pantallas, internet, realidad virtual e inteligencia artificial cada vez es más difícil distinguir lo que ocurre en la vida real de lo que sucede en el mundo digital al que vivimos conectados.
A veces no está claro dónde termina el mundo real, físico, y el imaginario, virtual. Por ejemplo, ¿son verdaderamente nuestros amigos aquellos que sólo conocemos mediante redes sociales, a quienes jamás hemos visto en persona? Vivimos peleas y hasta romances en línea. Pero ¿es realmente real la vida virtual? ¿O nos estamos convirtiendo en una especie que vive una vida imaginaria dentro de un engaño digital?
El filósofo austriaco Karl Popper (1902-1994), famoso por sus trabajos sobre filosofía de la ciencia, planteó una forma de entender nuestra realidad que puede ayudar a ubicarnos.
Popper propuso que el mundo físico que habitamos, con sus rocas y planetas, ríos y ciudades, y gobernado por las leyes de la física y la química, constituye lo que llamó el “Mundo 1”. Nuestros cuerpos y los cerebros que nos hacen conscientes, producto de la evolución biológica, forman parte de este mundo, naturalmente.
Pero Popper planteó que existe también el Mundo 2, que surge a partir de los fenómenos del Mundo 1 pero lo trasciende: es el mundo de la mente, de lo personal, donde habitan nuestra conciencia, nuestros pensamientos y aprendizajes. Los humanos sentimos que existimos en este Mundo 2, dentro de nuestras cabezas, no ahí afuera en el frío Mundo 1 de lo meramente físico.
Pero existe también el Mundo 3, plantea Popper: el mundo de la cultura, del conocimiento compartido, creado por las mentes humanas pero que las trasciende. Este mundo existe no sólo en los cerebros de las personas, a partir de lo que éstas crean, aprenden y comparten con sus congéneres, sino también en el lenguaje, los libros y bibliotecas, internet y los repositorios digitales y en los artefactos mismos que construimos. Porque el conocimiento que está contenido en estos medios seguiría existiendo aun si la humanidad desapareciera.
Pues bien: podría decirse que nuestras vidas “reales”, presenciales, con sus relaciones sociales, alegrías y tristezas, enamoramientos, pleitos e historias, las vivimos desde el Mundo 2 en su relación con el Mundo 1: como seres biológicos con una vida mental que nos relacionamos con otros seres biológicos iguales.
Pero nuestra vida virtual la vivimos sobre todo en la relación entre el Mundo 2 y el Mundo 3 (aunque claro, usando tecnología que existe en el Mundo 1), como mentes que nos conectamos con otras mentes en espacios que no existen en el Mundo 1 ni el 2, sino en el Mundo 3 de las creaciones humanas, culturales. En espacios imaginarios que compartimos y que sentimos reales precisamente porque son compartidos con otros.
Y no es tan sorprendente: lo mismo ha sucedido siempre, cuando formamos parte de comunidades que leen los mismos libros, estudian la misma disciplina o comparten las mismas ideas o tradiciones. Nuestra vida cultural siempre ha dependido del Mundo 3. Un mundo que, si bien no es propiamente físico, no por eso es menos real.













