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25 de febrero de 2017
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Ojo de mosca

No. 173 Tecnología y ciencia

Las palabras "ciencia" y "tecnología" parecieran estar ligadas indisolublemente. Se las presenta siempre juntas, y se asume que no puede hablarse de una sin mencionar obligadamente a la otra.

Pero, como muchas veces ha insistido el destacado médico mexicano Ruy Pérez Tamayo, son muy diferentes. "La ciencia —explica— es una actividad creativa cuyo objetivo es la comprensión de la naturaleza y cuyo producto es el conocimiento", mientras que la tecnología es "una actividad productiva cuyo objetivo es la transformación de la naturaleza y cuyos resultados son bienes de consumo o de servicio".

Indudablemente la ciencia puede ser aliada de la tecnología, en el sentido de que el conocimiento que la primera produce puede ser aprovechado por la segunda para generar nuevas maneras de transformar la naturaleza. Prácticamente toda la tecnología que ha cambiado dramáticamente a las sociedades humanas en los últimos siglos es producto directo de la aplicación del conocimiento científico: de la máquina de vapor, que desató la Revolución Industrial y que dependió de los avances de la termodinámica para consolidarse, hasta la moderna tecnología de computación, que aprovechó el desarrollo del circuito integrado semiconductor (los famosos chips de computadora), producto en parte de la mecánica cuántica.

Pero la tecnología no siempre depende de la ciencia: hay algunas que existieron incluso antes de que los antiguos griegos inventaran el método científico. Las técnicas de fabricación de cerveza eran ya conocidas por egipcios y sumerios varios milenios antes de nuestra era; la panadería, curtiduría y metalurgia son otros ejemplos de antiguas tecnologías que se desarrollaron de manera práctica, sin conocer los principios científicos que las sustentan.

Eso sí: la simbiosis de ciencia y tecnología puede ser muy provechosa para ambas partes. Una tecnología empírica puede desarrollarse sólo dentro de ciertos límites; la investigación científica que esclarece sus bases abre nuevos horizontes para nuevos e impensados avances. Por su parte, la ciencia también se beneficia enormemente de su asociación con la tecnología: el surgimiento de nuevos instrumentos, más precisos y potentes, y de técnicas completamente nuevas abre, al aplicarse a problemas científicos, vías inesperadas de investigación. En muchos casos, es la tecnología la que va delante de la ciencia y la guía y estimula en su exploración de nuevos mundos.

Así, ciencia y tecnología, aunque distintas y no necesariamente ligadas, forman un binomio poderoso. A lo largo de la historia, han permitido a la humanidad afrontar con mejores herramientas los retos que le plantea el medio. Una asociación fructífera, sin duda.

 

Martín Bonfil Olivera

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