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18 de julio de 2018
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Retos

No. 211 Acá las delicias de la Doctores

Acá las tortas

Todas las mañanas a eso de las 6, el Califa se desplazaba por las calles de la colonia Doctores de la Ciudad de México a velocidades vertiginosas en su bicicleta llevando en la cabeza una inmensa canasta con pan dulce, bolillos y teleras, mientras iba cantando a todo pulmón canciones de Pedro Infante, José Alfredo Jiménez y Vicente Fernández. Lo primero que hacía después de salir de la panadería “La Flor de Oaxaca” era repartir teleras en varias torterías. En “Las Supremas”, atendida por las hermanas gemelas María Rosa y Rosa María, entregaba 350 teleras menos que en “Las Ricas de la Doctores” atendida por doña Mariana y su hija Ana María. En “Acá las Tortas” dejaba 350 más que en “Las Ricas de la Doctores”, exactamente el doble de las que dejaba en la tortería de María Rosa y Rosa María. Al final el Califa entregaba todas las teleras que le quedaban en la tortería “La Poblanita” que atendía nada más y nada menos que Nadia, una acapulqueña morena y sonriente que traía de un ala al Califa y que siempre le reclamaba que le debería dejar a ella sola las 4 000 teleras con las que salía de la panadería “La Flor de Oaxaca”.

¿En cuál de las 4 torterías dejaba menos teleras el Califa?

Acá lo alternativo

El Califa era un gran promotor de lo alternativo; además de abogar por el uso de la bicicleta como transporte en la ciudad, también proponía que en vez del dinero se usara la moneda social conocida como tumin. Por eso les propuso a las torterías de la colonia Doctores aceptar también esta moneda alternativa. A diferencia de los billetes emitidos por el Banco de México, había billetes de tumines de prácticamente todas las denominaciones: 1, 2, 3, 4, 5, etcétera.

Así las cosas, una tarde que andaba el Califa con muchísima hambre detuvo su bici frente al puesto de Nadia y le pidió una torta especial de pierna que se podía intercambiar por 19 tumines. Nadia preparó la torta con mucho esmero y en cuanto estuvo lista el Califa la comenzó a devorar saboreando cada bocado hasta acabársela. Los problemas comenzaron a la hora de pagar, ya que el Califa sólo traía billetes de 3 tumines y Nadia solamente tenía de 5. Esperaron unos minutos a que pasara alguien que les cambiara alguno de los billetes por billetes de 1 tumin pero nadie traía. Fue entonces que el Califa pensó lo que debían hacer para que él pagara la torta y que ninguno de los 2 perdiera tumines.

¿Cómo hicieron Nadia y el Califa para que la torta quedara pagada y ninguno perdiera 1 solo tumin?

Acá el paraíso

Nadia quedó más que deslumbrada con la solución del Califa y éste aprovechó para invitarla a dar un paseo en bicicleta. Él se subió a la bici, Nadia se trepó en los diablos y entonces el Califa pedaleó vertiginosamente por las calles de la colonia hasta que repentinamente y para sorpresa de los peatones, la bicicleta se comenzó a elevar en el aire. Y pedaleando y pedaleando en unos cuantos minutos llegaron a las nubes donde los alcanzaron 3 platillos voladores —1 negro, 1 gris y 1 dorado—, y una extraña voz proveniente de sus propias mentes les dijo: “Uno de estos 3 platillos voladores los llevará al planeta de las delicias por unos días y luego los traerá de vuelta. En la puerta de cada platillo dice adónde va, pero en realidad sólo 1 de los 3 dice la verdad”.

Nadia y el Califa leyeron cuidadosamente lo que había en la puerta de cada platillo volador. En el platillo negro decía “Este platillo volador va al planeta de las delicias”; en el gris decía: “Este platillo no va al planeta de las delicias” y en el dorado decía: “El platillo negro no va al planeta de las delicias”. Sin pensarlo 2 veces el Califa subió con Nadia a 1 de los platillos y, efectivamente, estuvieron casi una semana paradisiaca en el planeta de las delicias y luego los trajo de regreso a la Tierra.

¿En cuál de los platillos se subieron?

Soluciones al número anterior

El mil amores
Tiene que llevarlos a Azcapotzalco.

Ojos tapatíos
El ahuehuete más viejo tenía 18 años y los otros 14 y 16.

El mariachi loco
Había 38 ajolotes y 4 frascos.

 

Antonio Ortiz

En ediciones anteriores
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Racismo discriminación que persiste

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Fracking. Beneficios fugaces… ¿daños permanentes?*

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El camino a las percepciones

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