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16 de octubre de 2018
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Aquí estamos

No. 28 Desde la selva

Los antiguos pobladores llamaron a esta región “Paraíso terrenal”. Aquí los árboles alcanzan 40 metros de altura y cuentan con un espeso follaje a través del cual logran colarse unos cuantos rayos de luz; además, han formado con sus raíces unas bases llamadas contrafuertes o zancos que les permiten aferrarse al suelo de la selva húmeda y evitan que sean derribados por el viento. Dentro de este ecosistema destacan gran variedad de hongos y helechos, así como una palma llamada chocho, cubierta de espinas desde el tronco hasta los frutos.

Sin duda los insectos dan vida al paisaje; pequeños y grandes escarabajos se acercan a los riachuelos buscando agua. Al sentir el paso de los intrusos, los grillos y ranas que habitan entre la hojarasca saltan; un insecto carnívoro, la Mantis religiosa, se oculta entre las plantas gracias al camuflaje. Mariposas de alas azules despiertan nuestra admiración.

Llama la atención el trabajo que realizan hormigas como las arrieras o cortadoras de hojas que, al construir sus hormigueros, limpian considerables áreas de suelo y forman caminos de varios metros de largo que las conducen a los árboles. Marabunda es el nombre común dado a un grupo de cientos y cientos de hormigas negras que van por toda la selva devorando insectos vivos o muertos que se encuentran a su paso. Así, las hormigas contribuyen con la rápida descomposición de organismos vegetales y animales. Otra característica importante de la selva siempre verde es la captación de agua en grandes cantidades, de tal manera que no es raro encontrarse riachuelos y lagunas donde los animales asisten a beber.

Este paisaje corresponde a la Estación de Biología Tropical “Los Tuxtlas” de la UNAM, en el estado de Veracruz. Junto a este sentimiento de fascinación por la riqueza biológica de la selva húmeda mexicana, me desconcierta la deforestación; extensas áreas de selva han sido sustituidas por pastos para ganado o tierras de cultivo.

A través de sus estaciones biológicas, la UNAM desempeña un papel importante al tratar de frenar la grave situación por la que atraviesa la selva veracruzana. Pero hace falta mayor cooperación de los habitantes de la zona, de las autoridades del gobierno municipal y federal y de quienes vivimos fuera de la región, que podemos comenzar por informarnos acerca de los beneficios ambientales que este ecosistema le brinda al planeta.

Lidia Barajas
Egresada de Ciencias de la Comunicación,
FCPyS, UNAM.
México, D.F.

 

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