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22 de julio de 2018
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Aquí estamos

No. 47 Reflexiones sobre una obra teatral

Una típica tarde de verano austriaca, un grupo de adultos varones conversa tranquilamente. Su charla es interrumpida por una joven, que aunque elegantemente vestida, es quien se encarga de servir el té; en su rostro es fácil descubrir un gesto de dulzura dócil. Sí... es cierta la escena, es lógica e incluso formal si la pensamos a fines del siglo XIX.

Pero, ¿qué pasaría si esa joven dócil, bella, toda una dama, decidiera de pronto hacer algo inusitado para la época? Si decidiera realizarse estudiando una carrera profesional y, por ejemplo, asistir como alumna a la Universidad de Leipzig. Seguramente, estaría mal de la cabeza, y si a esto se agregara una denuncia de acoso sexual, ¡horror!, sin duda se le calificaría como histérica, por lo que sería necesario que asistiera con un médico de enfermedades imaginarias. Y si el diagnóstico del médico después de varias y prolongadas sesiones de consulta fuera que la enfermedad de la mujer independiente es imaginaria...

Se trata del caso Dora, sobre el cual gira la trama de la representación teatral de la obra homónima de Sabina Berman, Feliz nuevo siglo doktor Freud, que se presentó recientemente en la Ciudad de México. La obra, de un solo acto, se desarrolla en un escenario ambientado por plataformas desplazables y puertas plegadizas que a veces dan acceso a un consultorio, otras a la sala de una casa y a una estación de tren.

Este drama cuestiona el pensamiento del siglo XIX, del cual Freud, aun con toda su aportación al psicoanálisis, no pudo escapar, y que es expresado en forma metafórica por uno de los personajes femeninos de esta puesta en escena: “Freud agregó todo un sótano a la casa que representa la cultura, nos descubrió el sótano de nuestra conciencia: el inconsciente. Es un aumento impresionante. Pero en cuanto a las mujeres...no agregó ni una ventana”.

Pero ¿quién podría agregar una ventana, cuando se encuentra preso en una jaula, en las ideas de su tiempo? Si Freud era un gigante atrapado, como lo señala Sabina Berman: “nunca logra escapar completamente de la jaula. La jaula es su cultura; los barrotes las ideas de su cultura; lo gigantesco es el intelecto de Freud”.

Ésta es una muestra de que pese a las avanzadas ideas de Freud, en él persiste el machismo; si bien nos ha ayudado enormemente a entendernos, en su mente quedaron muchos cuestiones
sin resolver.

Feliz nuevo siglo doktor Freud se presentó en el teatro Xola antes Julio Prieto, de la Ciudad de México. Su elenco estuvo integrado por Juan Carlos Beyer, Luis Miguel Lombana, Mariana Gajá, Lisa Owen, y la excelente actuación de Ricardo Blume, en el papel del doctor Freud, todos ellos bajo la acertada dirección de Sandra Félix.

Vale la pena asomarnos al mundo del arte y poder constatar que puede ser una expresión de muchos de los aspectos que han marcado la ciencia.

Alfredo Andrade García
Estudiante de la maestría en comunicación
Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM

 

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