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14 de diciembre de 2018
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Aquí estamos

No. 52 Ir más allá

Es domingo en la tarde y te invade la preocupación: mañana tienes examen de matemáticas. Tienes más o menos cinco horas para estudiar casi la mitad del curso. Hojeas tu cuaderno y sólo encuentras unas cuantas reglas y fórmulas que te sirvieron para resolver innumerables ejercicios en clase. Te desvelas y logras aprender de pies a cabeza la forma en que se resuelven los ejercicios; tu experiencia en cursos pasados te dice que ese es el patrón de los exámenes, sólo cambian algunos datos en los ejercicios.

El lunes a las siete de la mañana recibes tu hoja de examen. En tu cabeza giran las técnicas y fórmulas para resolver los ejercicios. Revisas tu examen y son cuatro preguntas, ahora piensas que resolviendo tres ya estás del otro lado. Pero de pronto te invade un sudor frío, te tiemblan las piernas: una pregunta es parecida a los ejercicios del cuaderno, pero las tres restantes ¡son demostraciones de los teoremas!, estás perdido...

Esta historia seguramente le es familiar a muchos estudiantes, principalmente de nivel superior, y en ella intervienen muchos factores; trataré de mencionar los más importantes. Para nadie es noticia que México ocupa los últimos lugares en calidad educativa y con respecto a las matemáticas la situación es particularmente grave. En nuestro país los planes de estudio de matemáticas son buenos y ambiciosos. Entonces, ¿dónde está el problema? Si empezamos a analizar esta situación nos encontramos que en la primaria, secundaria e incluso en el bachillerato, los cursos de matemáticas están orientados a que el alumno sepa resolver los ejercicios. Pero dentro de los objetivos de los cursos no se encuentra el que el alumno sepa deducir la solución a los problemas, encontrar el origen de los teoremas, analizar e interpretar lo que aprende en el salón. Otro factor que influye es la deficiente preparación de los maestros —con sus evidentes y escasas excepciones—, hay ocasiones en que ellos mismos no entienden lo que están enseñando. Por último están los malos hábitos de estudio, y más allá de los malos hábitos, ¿conoce alguien alguna técnica eficaz para estudiar matemáticas?

En conclusión habría que replantear los objetivos de los cursos, aumentar la preparación de los profesores y, sobre todo, enseñar a los alumnos desde temprana edad a analizar su entorno, sus problemas, a deducir las soluciones, a ser capaces de abstraer e interpretar los fenómenos que se les presentan; ir más allá de lo aprendido en clases, y desarrollar una gran facultad para la observación y el análisis. Sólo de esta forma conseguiremos que México tenga un desarrollo próspero en lo que respecta a las ciencias exactas.

Raúl Hernández Toledo
Quinto semestre, licenciatura en matemáticas aplicadas y computación
Escuela Nacional de Estudios Profesionales Acatlán, UNAM
México, D. F.

 

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