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23 de octubre de 2018
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Aquí estamos

No. 61 Crónica de una experiencia antropológica

Después de nueve horas en el autobús, llegamos exhaustos al huerto de Catemaco, en Veracruz. Desempacamos rápidamente y bajamos para reunirnos con los otros niños y monitores. Emocionados e inquietos formamos un círculo alrededor de la directora del campamento, para que nos diera indicaciones de la primera actividad y las reglas del campamento. Ya estábamos listos para emprender nuestro viaje hacias la fascinante práctica del Temazcal.

Subimos de nuevo al camión y minutos más tarde llegamos a un hermoso camino guiado por velas. Éste nos llevó a un árbol rodeado de pequeños troncos, donde nos sentamos a escuchar una plática sobre técnicas de relajación; nos llevaron a cambiarnos, todos teníamos que estar descalzos y en traje de baño.

Según nos explicaron, se trataba de adentrarnos al universo de los Tuxtlas; de incursionar en el terreno de la antropología social; entender la relación entre la magia, la botánica y la religión que ha caracterizado a muchas de nuestras culturas; conocer sus manifestaciones en una serie de fenómenos socioculturales que influyen cotidianamente en la vida de muchas personas, habitantes de esta región y del mundo entero.

Nos explicaron que el Temazcal es la práctica de un baño caliente donde liberas sensaciones negativas; por eso, antes de entrar, tuvimos que pedir permiso a los cuatro puntos cardinales: norte, sur, este, oeste y nos hicieron una limpia con plantas y humo.

Desde afuera, el baño del Temazcal se ve poco resistente ya que está hecho de ramas y hojas de palmeras, pero una vez adentro es como un iglú en el que no entra ni un rayo de luz. Cuando estábamos adentro, los monitores metieron las primeras piedras calientes. Estas piedras, que provienen de un horno y salen al rojo vivo, son arrojadas a un recipiente con poca agua y sueltan un vapor muy caliente. Cada vez que entraba una piedra teníamos que decir “Homatacuyatzi”, para demostrar respeto.

Después de casi una hora de intenso calor, pasamos a una alberca con agua helada donde te relajas completamente. Al salir de la alberca te llevan a un comedor donde te espera una taza de té de lima muy caliente. Después de tomarla es una sensación muy rica, frío por fuera y caliente por dentro. Así concluye el Temazcal, una práctica que muestra mucho de nuestra cultura.

Milena López V.
Primero de Secundaria
Colegio Británico Edron
México, D. F.

 

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