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17 de diciembre de 2018
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Aquí estamos

No. 66 Entre dragones y agujeros negros

Los agujeros negros, esas extrañas y poderosas criaturas intuidas por la relatividad general de Einstein, parecerían ser en esta época lo que los dragones alados de fuego en el medioevo, pero aquéllos son reales.

El agujero negro es el resultado del último estadio de la vida de ciertas estrellas. A partir de cierta masa, cuando el combustible nuclear de la estrella se acaba, las reacciones termonucleares no pueden impedir que la fuerza de la gravedad atraiga toda la materia de la estrella hacia el centro de la misma.

En las proximidades del llamado horizonte de sucesos del agujero, el lugar donde la materia, tal como la conocemos, conoce el último estadio antes de ser engullida, la distorsión del espacio y del tiempo es de tal calibre que si una nave espacial se encontrara allí la veríamos como suspendida, quieta, mientras que los tripulantes de la misma estarían experimentando una caída a gran velocidad hacia el abismo. Su tiempo y el nuestro quedan disociados debido al desmesurado efecto de la gravedad en las proximidades del agujero. El espacio queda también terriblemente distorsionado por un efecto brutal de marea: a pequeñas distancias la fuerza de atracción es extremadamente variable, de modo que una barra de hierro se estiraría como un chicle. Allí prolifera la llamada materia exótica capaz de desencadenar una especie de minúsculos túneles en el espacio-tiempo que no son menos interesantes que los agujeros negros. Esos túneles, llamados agujeros de gusano, son capaces, al menos en teoría, de comunicar dos lugares distantes en el espacio y en el tiempo.

Agujeros negros, agujeros de gusano, túneles en el espaciotiempo, viajes en el tiempo, distorsión espacial y temporal, todos estos conceptos que parecen sacados de una novela de ciencia ficción, forman parte ya de la ciencia que se investiga en la actualidad, y no deja de ser una paradoja que la física, la ciencia más pura y dura, se ocupe de cuestiones, en otro tiempo, esotéricas. La física cuántica y la teoría de la relatividad general nos presentan a la materia como algo siempre en movimiento que se confunde con el propio espacio y tiempo. Conforme tratamos de entender sus propias entrañas se nos aparece como formando una especie de entidad compleja que algún premio Nobel no ha dudado en llamar: la materia-espacio-tiempo. Las extrañas criaturas que dan nombre a este artículo han contribuido, con la curiosidad que han despertado entre los físicos, a comprender mejor el mundo que nos rodea. En cierta forma su negra belleza ha arrojado un rayo de luz sobre nuestro conocimiento del Universo.

Salvador Ruiz Fargueta

 

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