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16 de julio de 2018
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Aquí estamos

No. 70 La vida, el tiempo y la muerte

Aquella mañana parecía ser como cualquiera. Estaba en la sala de mi casa, cuando un aullido de dolor que se mezclaba con el ruido del golpe de aquel auto frenando, me hizo levantarme de la silla. Miré por la ventana y yacía allí, ¡era Grace! Su cuerpo estaba inerte y su corazón ya no latía. Mis ojos se humedecieron, y comencé a recordar aquel día en que la vi por primera vez: su pelaje era suave, el color miel de sus grandes orejas se veía mejor al Sol.

Su muerte me dolió enormemente. Notando mi tristeza, mi padre trató de confortarme y comenzó a hablarme del tiempo; me habló de las civilizaciones antiguas y de su lucha por entender la vida, la muerte y el tiempo.

Entonces llegó a mi lado ese pequeño cocker negro con orejitas pequeñas y largas que, lanzando sus intentos de ladridos, me consolaba por la pérdida de su madre. También llegó a mis manos un excelente libro La vida, el tiempo y la muerte de Fanny Blanck-Cereijido y Marcelino Cereijido (FCE/SEP/CONACYT, México, 2002), que aclara muchas de las dudas y preguntas sobre esos temas. Sin ser un libro de biología, trata de la vida; sin ser un tratado de psicología, se refiere a la mente; sin ser de relojería, se refiere al tiempo; sin ser de filosofía, trata sobre la realidad y sin ser una oración fúnebre o algo parecido, habla singularmente de la muerte.

A la vida se refiere diciendo que está compuesta por organismos efímeros que a su vez tienen organización y jerarquías, además de estar constituidos por reacciones químicas, genéticas o celulares, entre otras. De la muerte dice que siempre y sin variación llega a todo ser vivo. Nos muestra que biológicamente los seres vivos nos componemos de células, y que éstas pueden morir de dos formas; la primera, llamada “apoptosis”, es debida a medios naturales, y la segunda es la “necrosis” o muerte debida a factores patológicos.

Del tiempo dice que se compone de momentos, y lo sustenta afirmando que nosotros no recordamos días, sino momentos. Nos dice que ninguno de estos términos se puede definir, a pesar de poder dar ejemplos, y nos muestra uno en una frase significativa: “Hay una época donde la mujer necesita ser bella para ser amada y hay otra donde necesita ser amada para ser bella”; esto nos habla de lo relativo que es el tiempo.

Verónica García Ortiz
Egresada de bachillerato

 

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