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17 de enero de 2018
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Aquí estamos

No. 74 Un planeta muy mono

Desde el momento que ha reconocido su existencia en este planeta, el ser humano se ha cuestionado sobre la existencia de vida en otros planetas. Además de toda la investigación científica que se ha hecho y se sigue haciendo al respecto, muchas novelas y películas han tratado ese tema. Aquí quisiera referirme a una película, considerada una obra clásica de la ciencia ficción, que trata no sólo sobre el afán de explorar y conocer nuevos mundos sino también de lo que nos esperaría en un aterrador futuro: es la versión original de El planeta de los simios, producción estadounidense, dirigida por F. J. Shaffner, en 1978.

Todo comienza con el envío al espacio de una nave tripulada por un pequeño grupo de hombres liderados por el comandante Taylor. Después de un largo viaje, la nave cae en un planeta desconocido el cual es gobernado por simios con un avanzado grado de civilización. Ellos tienen sometido a un grupo de humanos al que, entre otras cosas, usan para realizar experimentos.

Aquí se muestra la potencialidad del hombre en su aspecto creativo pero también su capacidad destructiva; de igual forma permite cuestionarnos acerca de nuestros valores y creencias, e incluso sobre nuestra propia existencia. La película nos permite reflexionar hasta dónde la fe y las creencias religiosas pueden llegar a contraponerse a los descubrimientos científicos, a tal grado que se llegue a negar lo evidente con tal de que unos cuantos sigan ostentando el poder y el control sobre los demás.

Aunque El planeta de los simios fue estrenada en 1978, en el 2005 vale la pena verla pues además de su valor cinematográfico (la dirección, la actuación y los efectos especiales bien logrados para la época) fue la pionera de toda una secuela de películas que trataron de vislumbrar el futuro. En su época causó furor, e incluso en el año 2001 se elaboró otra versión que, desde mi punto de vista, no pudo igualar a su antecesora.

No cabe duda que los clásicos nunca mueren y siempre permanecen en el gusto del espectador, incluso de los jóvenes ahora acostumbrados a mayor acción en el cine.

Eduardo Fernando Aguado Cruz
Alumno de la maestría en Comunicación
División de Estudios de Posgrado
FCPyS, UNAM

 

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