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23 de abril de 2017
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Escapar de la violencia
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Escapar de la violencia

Guillermo Cárdenas Guzmán

Con la articulación del conocimiento científico y la participación comunitaria, un grupo de expertos impulsa desde la UNAM programas de intervención social para prevenir y contener este problema desde sus raíces.

Ciudad Cuauhtémoc, un suburbio marginal localizado en Ecapetec de Morelos, municipio del Estado de México al norte de la capital del país, es considerado uno de los focos rojos donde la combinación de violencia, pobreza y deficiencias educativas forma un coctel explosivo.

En la sección 1 de esa colonia —una de las más inseguras del municipio— existe un deportivo llamado “Cristina Pacheco” que hace varios años lucía desolado. Una cancha de futbol de tierra suelta, ubicada en ese predio, era escenario de encarnizadas batallas. En sus alrededores se acumulaban basura, sillones desvencijados y animales muertos. La cancha era frecuentada por jóvenes adictos a las drogas y ahí no se disputaba ningún torneo futbolístico, sino el control de la zona por parte de dos pandillas rivales.

Las balaceras eran tan comunes que la gente las veía como algo normal. “Cuando llegamos la apodamos la ‘cancha ensangrentada’, porque un día antes hubo un homicidio que dejó una gran mancha de sangre”, recuerda el sociólogo y criminólogo Gustavo Galicia Araujo.

Ahora, ese espacio público de 2 350 metros cuadrados está rehabilitado y cercado, equipado con luminarias, aparatos de ejercicio y juegos infantiles donde muchas familias locales conviven hasta el anochecer.

Diagnóstico complejo

El rescate del deportivo en Ciudad Cuauhtémoc, que comenzó en 2008, es parte de un esfuerzo coordinado que se remonta tres años atrás, cuando un equipo multidisciplinario de expertos respondió a un llamado del entonces rector de la UNAM, Juan Ramón de la Fuente, para aplicar las herramientas y el conocimiento de las ciencias sociales a la resolución de problemas comunitarios.

Así nació el “Proyecto México, las regiones sociales en el siglo XXI”, más conocido como Pro-regiones, que busca mejorar las condiciones de vida de las poblaciones además de prevenir y contener desde sus raíces el fenómeno de la violencia. Este grupo está formado por un pequeño núcleo de académicos con edades diversas que incluye sociólogos, criminólogos, ingenieros, un maestro en desarrollo rural, una maestra en pedagogía, además de colaboradores temporales en las regiones donde laboran.

El trabajo que realiza Proregiones está basado en la intervención sociológica, un método desarrollado por el investigador francés Alain Touraine, que propone la participación del sociólogo en el fenómeno social que está estudiando. Con esto se busca descubrir las redes sociales que yacen bajo las prácticas socialmente aceptadas.

En ciertos contextos sociales donde Pro-regiones ha intervenido, la violencia permea; por ejemplo en algunas zonas de Guerrero o el mismo Estado de México. Ahí la labor académica de este grupo resulta tan peligrosa como la de un policía o militar, pues en no pocas ocasiones ha tenido que enfrentar amenazas de la delincuencia organizada e incluso suspender su participación.

El primer paso para contener la violencia es diagnosticarla y determinar qué tan extendida está. Lograr esto no es sencillo, pues al igual que sucede con algunas enfermedades que no generan síntomas, los daños ocasionados por ella con frecuencia no son inmediatamente visibles. Además, el “diagnóstico” resulta incompleto si sólo se toman en cuenta indicadores cuantitativos en forma aislada, como el número de homicidios dolosos o la cifra de robos violentos o secuestros registrados en el país.

Para superar estas limitantes, el equipo de Pro-regiones, coordinado por el investigador Sergio Zermeño García- Granados, del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, ha desarrollado una metodología que les permite focalizar las regiones medias, es decir, de no más de 100 000 habitantes, donde la gente se siente parte de un mismo núcleo social y desarrolla estrechos lazos de identidad comunitaria-territorial (puede abarcar un pueblo, o una o varias colonias).

Los investigadores analizan más de 84 indicadores sociales de las Áreas Geoestadísticas Básicas (AGEB, conjunto de manzanas perfectamente delimitadas, de tipo rural o urbano y con distintos usos de suelo) que elabora el Instituto Nacional de Estadística y Geografía. Con estos datos puede determinarse en qué regiones hay o pueden surgir problemas y en consecuencia, diseñar estrategias de intervención.

En lugar de revisar sólo cifras de delitos, en Pro-regiones se toman en cuenta otros datos pertinentes como rangos de edad de los pobladores, nivel educativo y de desempleo, tipo de vivienda y acceso a servicios públicos, entre otros. Al ordenar estos datos y ubicarlos espacialmente dentro de coordenadas específicas, los expertos definen los contornos (polígonos) de las regiones donde la problemática amerita una intervención.

En coordinación con el Programa Nacional de Prevención del Delito (Pronapred) del Gobierno Federal, los investigadores han delimitado polígonos en diversas partes del país, donde trabajan directamente con los habitantes mediante técnicas de diagnóstico participativo o de grupos focales para definir los problemas locales.

Algunas de las regiones donde han intervenido, además de Ciudad Cuauhtémoc son: las delegaciones Tláhuac y Tlalpan (Ciudad de México); Malinalco (Estado de México); el río San Pedro (Nayarit) así como varias localidades en Michoacán y la Cuenca del Río Atoyac, en Guerrero.

Diálogo de saberes

Como ocurre con los vectores paralelos en matemáticas, que siguen una misma dirección, los expertos de Pro-regiones buscan dirigir los esfuerzos de los actores involucrados en la solución de la problemática local y restaurar, cuando está deteriorado, el entramado de relaciones, grupos e instituciones que se han establecido entre ellos: académicos, organizaciones no gubernamentales (ONG), comités vecinales, asociaciones religiosas y gobiernos.

Esto se concreta mediante intervenciones estructuradas en seis niveles que abarcan desde actividades elementales que sirven como “gancho” para involucrar a la comunidad, como talleres de lectura, prevención de adicciones o prácticas deportivas, hasta medidas más complejas como fundar sociedades cooperativas o redes de comercio justo.

Estas acciones retoman elementos de un plan estratégico de la Organización de las Naciones Unidas (UN-Habitat) para diseñar y gestionar ciudades más seguras. Además, se enmarcan dentro de los modelos de intervención desarrollados por varios sociólogos, principalmente Alain Touraine, fundador del Centro de Análisis e Intervención Sociológicos de la Escuela de Altos Estudios y Ciencias Sociales de París, y Michel Wieviorka, discípulo del primero, ex presidente de la Sociedad Sociológica Internacional y estudioso de la violencia, el terrorismo y el racismo.

¿Cómo se hacen estas intervenciones? Sergio Zermeño lo resume así: “es muy importante articular los planteamientos de la comunidad con el conocimiento universitario, se trata de un diálogo de saberes”. Alberto Hernández, quien también es integrante de Pro-regiones, añade: “Llevamos algunas técnicas y el conocimiento científico, pero los pobladores tienen un saber local, así que los mejores diagnósticos los hacen ellos”.

Estas metodologías se construyen, aplican y adaptan en función del contexto y las necesidades de cada región. Así, mientras en zonas aledañas al río San Pedro en Nayarit asesoraron a pequeñas comunidades de pescadores para enfrentar problemas de contaminación de las aguas, en otra intervención realizada en Atoyac de Álvarez (Guerrero) ayudaron a los pobladores a organizarse para mejorar el abasto de agua y el manejo de residuos sólidos, limpiar la cuenca del río del mismo nombre y dar educación ambiental a los pobladores.

“Si la problemática fundamental de una región es la salud reproductiva (que implica tener la información necesaria para ejercer la sexualidad y la reproducción en forma responsable, satisfactoria y sin riesgos), podemos empezar por invitar a grupos profesionalizados para impartir conferencias o reunirse con las personas interesadas”, precisa Zermeño.

De la teoría a la acción

Los integrantes del programa Pro-regiones realizan su trabajo de intervención social en seis etapas:

1. Acciones para restablecer la confianza y la comunicación que se han perdido en la comunidad, como talleres culturales, orientación vocacional y educación ambiental.
2. Servicios como mejoramiento de transporte público, cuidado de ancianos, revaloración del patrimonio cultural, tratamiento de residuos, preservación de zonas rurales.
3. Establecimiento de cajas municipales de ahorro y crédito; bancos mutualistas y tiendas y redes de comercio justo.
4. Asociación de las personas en el desempeño de una actividad productiva, desarrollo y consolidación de empresas cooperativas.
5. Actividad empresarial basada no en la competencia, sino en la cooperación y con impacto regional, aunque acotada por los imperativos del mercado mundial.
6. Actividad empresarial cooperativa autónoma, con impacto local e interacción con otras regiones.

Espacio recuperado

La intervención en Ciudad Cuauhtémoc, que concluyó en 2014, se ha visto reflejada no sólo en los espacios comunitarios como el deportivo “Cristina Pacheco”, donde ahora hay graffitis artísticos o en el parque Gabilondo Soler —que también fue reacondicionado— sino en la actitud participativa de muchos de sus pobladores.

Lourdes Sánchez —doña Lulú, como la llaman los habitantes de esa localidad— lo ha hecho como vecina vigilante, para evitar que en la cancha renovada vuelvan a proliferar la basura y la fauna nociva. “Hace tiempo unos vendedores querían poner puestos alrededor de la cancha, pero como dejaban su basura me puse a discutir con ellos y les dije que no, que no se vale, todos vivimos aquí y debemos cuidar. Imagínese, vamos a estar como antes, hasta perros muertos nos dejaban y teníamos que pagar 70 pesos para que se los llevaran”.

Doña Lulú, quien habita una pequeña casa de una planta con bardas de tabicón desnudo y materiales de construcción apilados sobre la banqueta, dice que la intervención de Pro-regiones los ayudó a ser más unidos y solidarios al defender los espacios vecinales que antes no le importaban a nadie. Armando Cortés, otro poblador de Ciudad Cuauhtémoc dedicado a la renta de equipos de sonido (“sonidero”) dice por su parte que tratará de organizar más tardeadas donde puedan convivir sanamente los jóvenes. “Hace tiempo hicimos una donde les pedimos entrar sin drogas ni armas y la verdad estuvo muy bien, no terminó en balacera”.

Más vale prevenir…

La Organización Mundial de Salud (OMS) reconoce que para atacar la violencia —que causa 1.6 millones de muertes cada año en el mundo— no existen soluciones sencillas y únicas. Ante ello, recomienda acciones coordinadas entre múltiples sectores de la sociedad. Para lograr esto, señala Gustavo Galicia, “es vital conocer las características de las poblaciones que tenemos enfrente e identificar la problemática al nivel de los indicadores sociales”. Por ejemplo, si en una zona donde existe marginación se registran también altos niveles de deserción escolar o desintegración familiar, es muy probable que ahí prolifere la violencia. Durante esta fase de “incubación” es donde los expertos pueden influir a través de programas oportunos de intervención, para prevenir brotes violentos, que ellos consideran como el efecto y no la causa de los problemas sociales.

Gaspar Palacios, coordinador de proyectos del Conapred, indica que la prevención de la violencia mediante intervenciones sociales pretende evitar que grupos vulnerables, como los jóvenes que abandonan la escuela, caigan en las redes del crimen regular u organizado. “Contra los grupos de delincuentes organizados es poco lo que puede hacerse, porque ahí se necesita una intervención policiaca o militar. Pero sí podemos evitar que los jóvenes sean cooptados por las bandas criminales si les ofrecemos alternativas”, añade Palacios.

En la delegación Tláhuac de la capital del país, los miembros de Pro-regiones alentaron una de estas opciones: la Feria de los Valores, organizada por y para jóvenes de la zona en 2014. Mediante una campaña titulada “¿Vicioso o virtuoso?”, difundida en redes digitales, los expertos los convocaron a diseñar propuestas para mejorar su región. Como hay abundantes ferias en la delegación, los jóvenes decidieron organizar una que incluyó torneos, intercambios de libros, serigrafía, danza y otras actividades culturales. “Les enseñamos la metodología desde el diagnóstico participativo hasta que los jóvenes comenzaron a organizarse de manera espontánea para impartir los talleres”, recuerda Alberto Hernández. La iniciativa de los jóvenes fue tal, afirma el sociólogo, que al final los miembros de Pro-regiones quedaron prácticamente como espectadores mientras aquellos organizaban todas las etapas de las actividades. Esta feria en Tláhuac, recuerda Ángel Torres, uno de los organizadores y habitante de la delegación, ayudó a extender los lazos comunitarios, resolver otros problemas (como el alto consumo de bebidas alcohólicas durante las fiestas patronales, con apoyo de una ley “seca” local) y hacer intervenciones en escuelas secundarias y bachilleratos para prevenir el acoso (bullying), otra forma de violencia que no siempre es visible.

Contra el acoso

Ángel refiere que en dos escuelas secundarias de Tláhuac —ubicadas en los poblados de Zapotitlán y San Juan Ixtayopan— detectaron altos niveles de acoso entre los alumnos, por lo que con asesoría de Pro-regiones decidieron intervenir.“ Les explicamos desde qué es el bullying hasta cómo deben llevarse y prevenir la violencia desde los niveles más elementales, en la escuela y la casa”, relata.

En este caso, Pro-regiones convocó e instruyó a más de 100 jóvenes que fueron beneficiarios del programa Prepa sí del gobierno capitalino, destinado a evitar la deserción escolar mediante estímulos económicos. “Los talleristas nos prepararon para dar clases de antibullying y hablar con los chicos; les preguntamos por qué se sentían tristes o qué les pasaba y así fue como nos involucramos con ellos; sabíamos que un chavo se iba a entender mejor con otro chavo, pues con un adulto va a pensar que lo están obligando”, comenta por su parte Miguel Ángel Escamilla, otro voluntario que participó en este esfuerzo.

“A través de este contacto (directo entre jóvenes) logramos que los chavos soltaran prenda”, reflexiona Ángel Torres, quien menciona el ejemplo de una estudiante que sufría acoso sexual por parte de algunos miembros de su familia y que no se atrevía a denunciarlo con sus profesores por temor a sufrir represalias. Con el apoyo de Pro-regiones formaron una red de solidaridad para apoyar a la alumna y la canalizaron al Centro de Terapia de Apoyo a Víctimas de Delitos Sexuales de la Procuraduría capitalina. En ambas escuelas se redujo la incidencia de acoso en 50%, según una encuesta aplicada a padres y alumnos.

“A veces se tiene el concepto de que los jóvenes somos ni-nis, que no estudiamos ni trabajamos, pero la realidad es otra. A nosotros nos interesa mucho intervenir y hacer algo por nuestra sociedad”, comenta Vanessa García, otra participante que ahora estudia en la Universidad Autónoma de Oaxaca. Con estos modelos los investigadores de Proregiones buscarán ampliar sus esfuerzos de intervención a otras regiones del país, con la meta de impulsar la iniciativa auto-organizada de las comunidades para resolver sus conflictos y promover la cooperación.

Sergio Zermeño reconoce que la Universidad no puede resolver todos los problemas sociales ni reemplazar a las instituciones, pero sí promover una mejor calidad de vida en las regiones. “Ojalá que los gobiernos entendieran esto y tuvieran una mirada social, donde el saber de los administradores y la población se conjugaran”.

Más información

  • Portal de Pro-regiones: http:// proregiones.sociales.unam.mx/
  • Osorio Ballesteros, Abraham (coord.), Aspirar a un mundo distinto: investigaciones sobre paz, conflictos y violencia en México, Ed. Miguel Ángel Porrúa, Ciudad de México, 2016.
  • “Informe mundial sobre la violencia y la salud”, OMS: http://apps.who. int/iris/bitstream/10665/67411/1/ a77102_spa.pdf/
  • Zermeño, Sergio, Reconstruir a México en el siglo XXI, Ed. Océano, Ciudad de México, 2010.
  • Zermeño, Sergio y Gustavo Galicia, Mejorar la vida de los mexicanos, Ed. Siglo XXI, Ciudad de México, 2016.
  • Programa Nacional para la Prevención Social de la Violencia y la Delincuencia: http://nosmuevelapaz.org/

María Emilia Beyer es divulgadora de la ciencia y bióloga de profesión. Es pasante de la maestría en Filosofía de la Ciencia de la UNAM. Actualmente trabaja en la Dirección General de Divulgación de la Ciencia de la UNAM.

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