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22 de noviembre de 2017
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¿Cómo reaccionamos ante una catástrofe?

¿Cómo reaccionamos ante una catástrofe?

Estrella Burgos

Cuando tengas en tus manos esta edición habrán pasado menos de dos meses de los sismos de septiembre en nuestro país, el del día 7 y el del 19. Los edificios que no se derrumbaron pero están seriamente dañados empiezan a ser demolidos y ya está iniciándose la reconstrucción. Pero muchas personas todavía viven en albergues o en la calle, junto a sus viviendas afectadas, por temor a que les roben sus pertenencias o porque no tienen adónde ir.

Es demasiado pronto para saber si quienes vivieron el trauma de los sismos se recuperarán psicológicamente por sí solos o van a requerir ayuda profesional. Esto lo dice el doctor Omar Torreblanca, investigador de la Facultad de Psicología de la UNAM. En entrevista, nos explica que la respuesta social predominante ante catástrofes es, en primer lugar, el estupor, y después el miedo colectivo, la sensación de que la propia vida está en riesgo. Pero en lo individual hay una gran diversidad de respuestas, pues esto depende de numerosos factores.

Torreblanca, quien cita una investigación española de la psicóloga Itziar Fernández y colaboradores, destaca las diferencias del impacto psicológico dependiendo de dónde estuvimos cuando ocurrieron los sismos. En el estudio de larespuesta humana a un desastre —ya sea un terremoto, un huracán, un accidente nuclear o un conflicto bélico— se identifican cuatro zonas principales: la zona de impacto central, que es donde se presenta la mayor cantidad de fallecimientos, heridos y daños materiales; la zona de destrucción, en donde hay menos muertos y heridos pero predomina la destrucción; la zona marginal, en la cual no hubo daños pero se suspendieron servicios como el teléfono, el agua o la luz; y la zona exterior, en la que no ocurrió nada pero que es desde donde la gente empieza a ir a la zona siniestrada para ofrecer su ayuda.

De acuerdo con el psiquiatra Miguel Otero Zúñiga de la Facultad de Medicina de la UNAM, quien impartió una conferencia sobre el tema en Universum, Museo de las Ciencias, a principios de octubre, otros factores que influyen en la respuesta individual ante una catástrofe —cuando ésta sucede y en las horas, días y semanas siguientes— son: la edad, las experiencias previas, el apoyo que se tenga de otras personas y los antecedentes de salud física y mental.

El término clave para entender nuestras reacciones, señala Omar Torreblanca, es el estrés: “Hay un estrés normal que nos permite adaptarnos a los peligros, hacer frente a las amenazas. Ese estrés implica un desgaste para el organismo, que reacciona con todo el sistema nervioso autónomo, que a su vez controla las funciones viscerales”. En segundos nuestro organismo se prepara para huir o combatir la amenaza: el corazón late más rápido, los músculos se tensan, llega más oxígeno a todo el cuerpo. Pero estamos expuestos a estresores continuamente, mucho más en caso de un desastre y sus secuelas, y si no desarrollamos mecanismos compensatorios, nos podemos enfermar física y mentalmente.

Otero Zúñiga se refiere a una “ecuación” que permite estimar cualitativamente el daño que causa el estrés (y que puede verse arriba).

¿Cómo defendernos del estrés? La propia ecuación ya lo apunta y por fortuna es mucho lo que podemos hacer. El Dr. Otero recomienda que aprendamos a “apagar” los estresores. Un ejemplo es darnos un descanso de las noticias relacionadas con desastres. Y para las personas cuyo riesgo es más alto, como los rescatistas, los médicos, enfermeros y bomberos, es muy importante que se tomen descansos alejándose temporalmente de la situación. Otras recomendaciones son aprender a hacer respiración abdominal —dos o tres veces al día—, como hacen los practicantes de yoga, meditar, hacer relajación muscular y ejercitarse regularmente. Y, desde luego, alimentarse, dormir bien y evitar el consumo de tabaco, alcohol y drogas. También es clave cultivar las relaciones sociales y familiares. Otero Zúñiga hace énfasis en que todas estas medidas deben seguirse cotidianamente, aunque ya haya pasado el acontecimiento desastroso. De hecho, el hacerlo nos dará además herramientas para afrontar situaciones catastróficas que pueden presentarse en el futuro.

Síntomas del estrés
Psicológicos Cognitivos. Problemas de memoria, indecisión, incapacidad para concentrarse, preocupación, pérdida de objetividad, miedo anticipatorio.
Emocionales. Mal humor, agitación (aumento de la actividad motriz), inquietud, irritabilidad, impaciencia, incapacidad para relajarse, sentimientos de tensión, infelicidad, soledad y aislamiento, depresión y ansiedad.
Conductuales. Comer poco o en exceso, dormir poco o en exceso, autoaislamiento, tendencia a retrasar las tareas o las decisiones, desatender las responsabilidades, consumir alcohol, tabaco o drogas.
Físicos Dolor de cabeza, de espalda, tensión muscular, diarrea o estreñimiento, náuseas o sensación de mareo, insomnio, dolor de pecho, palpitaciones, taquicardia, ganancia o pérdida de peso, sudoración abundante, y muchos más.

 

Daño = tipo de amenaza + vulnerabilidad personal
recursos de protección + autoestima + soporte social

 

Fases de una respuesta psicológica

Una aportación central de los investigadores Itziar Fernández, Carlos Martín y Darío Páez, de las universidades del País Vasco y de Deusto, España, es haber descrito, en 2004, las etapas de respuesta psicológica ante los desastres en un trabajo titulado “Emociones y conductas colectivas en catastrofes” que puede consultarse en la red en el sitio Research Gate.

Fases previa y de alerta
En la fase previa es frecuente que tanto las autoridades como la población en general minimicen la amenaza. Cuando las personas no tienen alternativa, viven en lugares peligrosos y tienden a no hablar del riesgo que corren. La fase de alerta está delimitada entre el anuncio del peligro y la aparición de la catástrofe. Hay un comportamiento de indiferencia aparente, con resignación o negación del peligro, dando prioridad a la actividad cotidiana.

Fases de choque y de reacción
La fase de choque es breve y brutal, se presentan la conmoción, la inhibición y el estupor. Hay alteración del ánimo, sensación de irrealidad y suspensión de las actividades. La fase de reacción, que implica intentos de huir del lugar, es muy breve y no sobrepasa, generalmente, unas horas.

Fases de emergencia y de resolución
La fase de emergencia tiene dos etapas: a) dos o tres semanas después de la catástrofe, hay ansiedad, intenso contacto social y pensamientos repetitivos sobre lo ocurrido; b) de tres a ocho semanas después hay inhibición al hablar sobre lo ocurrido, se desea hablar de las propias dificultades pero no escuchar a los otros., aumenta la ansiedad, las reacciones psicosomáticas o pequeños problemas de salud, se presentan pesadillas, discusiones y conductas colectivas disruptivas.

Fases de adaptación y de post catástrofe
La fase de adaptación ocurre unos dos meses después del hecho. Las personas dejan de pensar y de hablar sobre la catástrofe, disminuyen la ansiedad, las reacciones psicosomáticas y los otros indicadores.

La fase de post catástrofe se caracteriza por actividades de organización social, entre las que destaca la estructuración del duelo colectivo.

 

Estrella Burgos se ha dedicado a la divulgación de la ciencia principalmente en medios escritos. Es editora de ¿Cómo ves?
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