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16 de julio de 2018
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Drogas de diseño*
Ilustración: Salvador Gutiérrez

Drogas de diseño*

Benjamín Ruiz Loyola

Qué son, de dónde provienen, cómo alteran la percepción y el comportamiento, y cuáles son los riesgos de consumir estas sustancias.

La mayoría de los químicos que se dedican a la investigación farmacéutica diseñan moléculas, a partir de productos de la naturaleza, pensando en sus aplicaciones médicas. Así se han creado múltiples medicinas, entre ellas, analgésicos basados en sustancias que existen, por ejemplo, en los sauces y quitan el dolor, la fiebre y la inflamación. Sin embargo, no todos los fármacos que se diseñan así son exitosos y uno de los problemas que pueden presentarse, y obligan a descartarlos, es que tengan demasiados efectos secundarios negativos. Entre esos fármacos hay algunos que son compuestos cuya estructura molecular tiende a repetir o incrementar los síntomas de las drogas naturales; éste es el origen de la mayoría de las llamadas "drogas de diseño", como el éxtasis.

Burlar la ley

La metilendioximetamfetamina (MDMA), conocida ahora como éxtasis, originalmente fue preparada en 1914 para reducir el apetito y combatir la obesidad. Como resultó poco efectiva para ello, se mantuvo en el olvido hasta la década de 1960, cuando se descubrió su capacidad para incidir en los procesos mentales. Comenzó a ser utilizada por algunos siquiatras y sicólogos para tratar de ayudar a personas con desórdenes sicológicos y emocionales hasta 1985, cuando se comprobó que al combinar los efectos estimulantes de las anfetaminas con un efecto alucinógeno propio, causaba más daños que beneficios. Precisamente esta última propiedad la convirtió en una droga de diseño pues permitió obtener juntos los efectos de algunos estimulantes y alucinógenos, en una sustancia que, entonces, era aceptada legalmente.

De esta manera surgen muchas de las actuales drogas de diseño: al no existir una prohibición expresa para la sustancia diseñada, se podía explotar e inundar el mercado con drogas "no controladas", en tanto no se modificaran las leyes para incluir a dichas sustancias. Recordemos el principio jurídico que dice que lo que no está expresamente prohibido, está permitido. Así las cosas, al estar prohibida la cocaína y no la MDMA, los yuppies de los años ochenta utilizaban esta última como sustituto de la primera sin infringir la ley.

Aunque el concepto de droga de síntesis expresamente diseñada para burlar la ley se está eliminado en algunos países y se les comienza a clasificar como "compuestos análogos", siguen existiendo lagunas, que se aprovechan para comercializar sustancias potencialmente dañinas. Así sucede con ciertos productos que se venden en algunas tiendas naturistas y que se promueven como inocuos aduciendo que están hechos exclusivamente a partir de plantas. Y en ese camino, se olvida que la heroína y la cocaína provienen precisamente de plantas.

Las drogas de diseño, también llamadas drogas rave, drogas de club, drogas tecno, drogas dance o drogas de fiesta (véase recuadro), abarcan una gama de sustancias, entre las cuales las más conocidas son el éxtasis, el GHB, el Rohypnol, la Ketamina (Special K), el LSD y el PCP.

¿Éxtasis?

El éxtasis es una anfetamina que, como todas, actúa sobre el sistema nervioso central, incrementando la cantidad de neurotransmisores (sustancias que transmiten información dentro del cerebro y desde éste al resto del cuerpo). Entre sus efectos se encuentran el quitar el sueño, producir sensación de euforia y reducir el cansancio a la vez que generan excitación psicomotora, por lo que se les emplea en las fiestas para poder resistir por largo tiempo el ritmo de los bailes actuales. Además minimiza las inhibiciones, haciendo al usuario más sociable, aunque no necesariamente más agradable, e intensifica la experiencia sexual. Y también es una droga muy peligrosa.

En España, por ejemplo, se han registrado varias muertes por el consumo de éxtasis en fiestas rave. En Barcelona, en mayo pasado, murió un muchacho de 19 años y en Málaga, dos meses antes, dos jóvenes de 19 y 20 años fallecieron y dos más, de 21 y 16, fueron hospitalizados. Uno de ellos volvió drogado a su casa luego de asistir a un rave, y comenzó a tener convulsiones con más de 200 pulsaciones por minuto, más del triple de lo normal. Su padre declaró que "tenía el interior del cuerpo destruido y sangraba por todos los sitios". En este caso, se anota como causa de la muerte "Fracaso multiorgánico sin respuesta a tratamiento alguno". Lo ocurrido lo explicó Antonio Zarzuelo, farmacólogo de la Universidad de Granada (diario El país, 5 de marzo, 2002): "El éxtasis elimina la sensación de fatiga y estimula el sistema cardiovascular; como además se consume con calor y haciendo ejercicio, la temperatura corporal se eleva (hipertermia); se presenta sudoración excesiva y al perder líquido el corazón va más de prisa, lo que inevitablemente provoca un paro cardiaco". Todo se conjuga para perjudicar al usuario, porque la temperatura corporal aumenta sin que éste lo perciba, lo que podría causar desde deshidratación hasta lesiones cerebrales y renales o, como hemos visto, la muerte.

Pasado el efecto inicial, se presentan graves síntomas secundarios, que van desde pánico y depresión hasta deseo vehemente de administrarse alguna droga. Desde el punto de vista físico, existen riesgos de estado de choque al aumentar de golpe el calor corporal debido a la deshidratación; pérdida del apetito y del sueño, además de persistir las irregularidades del funcionamiento del corazón que mencionábamos.

Comúnmente el éxtasis se encuentra como tableta, cápsula o polvo y se consume por la boca; a veces se ingiere con bebidas alcohólicas, que transforman ésta en una mezcla altamente peligrosa. Eso no significa que quien la prueba por primera vez vaya a morir, pero la conjunción de varios factores podría dar ese resultado. Uno de los principales problemas es que debido a la falta de control sobre la producción de las pastillas de éxtasis, las dosis son muy variables. Un día se pueden tomar tres pastillas que contengan 35 miligramos cada una, y al siguiente pensar que otras tres darán el mismo resultado pero en realidad se ingiere el triple de la dosis porque esta vez son de 110 miligramos cada una.

Muchas de las drogas de diseño actuales son sustancias a las que se les encontraron demasiados efectos secundarios negativos para ser usadas como medicinas.

GHB, Rohypnol y Ketamina (Special K)

Por sus características sedantes y generadoras de amnesia, además de su poco sabor y olor, estas sustancias se han utilizado como "drogas de violación" para cometer abusos sexuales, principalmente de mujeres, ya que bajo sus efectos la víctima ofrece menos resistencia al ataque. Es posible que el empleo de estas drogas haya dado lugar a la creencia de que en algunos bares o centros nocturnos, sobre todo en aquellos que cuentan con la barra libre o la bebida incluida en el precio de entrada, le ponen éter al hielo para embrutecer a los consumidores.

Los efectos iniciales del GHB —entre 15 minutos y una hora después de la ingestión— son principalmente alucinaciones sicodélicas o estado de euforia que pueden durar hasta tres horas. Luego vienen la sedación intensa, la sensación de vértigo, depresión, alteraciones visuales y respiratorias, pérdida de la conciencia, amnesia, coma y, eventualmente, la muerte. Si se le combina con alcohol, la posibilidad de alcanzar una sobredosis mortal se eleva muchísimo.

El Rohypnol es un tranquilizante, diseñado originalmente como medicina antidepresiva y contra la ansiedad, que pertenece a la familia de las benzodiazepinas (como el Valium y el Librium). Al principio reduce la ansiedad, y luego provoca sueño, dificultad al hablar y moverse (porque induce desde relajación hasta pérdida total del control muscular); puede ocasionar confusión, depresión, alteraciones respiratorias, lagunas mentales que duran más de 24 horas, amnesia y, en algunos casos, extrema agresividad.

La Ketamina, conocida como Special K, es un anestésico de uso veterinario, prohibido para consumo humano. En las fiestas se le puede encontrar en forma líquida o como un polvo blanco que se aspira por la nariz o se fuma mezclado con tabaco o con mariguana. Provoca alucinaciones intensas, desde relajación hasta pérdida total del control muscular (si afecta a los músculos respiratorios, puede ocasionar la muerte), así como pérdida de la conciencia; tiene propiedades hipnóticas y provoca amnesia. El consumidor se ve distante, aislado de lo que lo rodea.

La Ketamina o Special K y el “polvo de ángel” son fármacos de uso veterinario, prohibidos para consumo humano. El primero es un anestésico y el segundo un analgésico.

LSD

Éste es un alucinógeno muy potente que distorsiona las percepciones sensoriales y se le encuentra en las fiestas en forma de pastillas, polvo o líquido. Durante el "viaje" se dilatan las pupilas, se incrementan la temperatura corporal, la sudoración, el ritmo cardiaco y la presión sanguínea. Posteriormente, se presentan náuseas, visión borrosa y comportamiento impredecible, que puede desembocar en paranoia o esquizofrenia. Como efecto a largo plazo, pueden presentarse recuerdos de lo experimentado durante el viaje, sin estar drogado, por el resto de la vida.

PCP

Esta droga, llamada también "polvo de ángel", comenzó a estudiarse como anestésico en 1950; durante las investigaciones se detectaron efectos secundarios adversos como alucinaciones, delirio y desorientación. Poco después de haber sido aprobado para uso humano, se prohibió por esos efectos secundarios y se autorizó sólo como analgésico de uso veterinario. Frecuentemente se le emplea para adulterar o sustituir a otras drogas más caras, como la cocaína y el LSD. El nombre PCP viene de la época del movimiento hippie en San Francisco, en los años sesenta, porque la llamaban píldora de la paz (en inglés, PeaCe Pill).

Las drogas de diseño generalmente se fabrican en laboratorios clandestinos, sin condiciones de higiene. Las dosis que se venden en la calle o en las fiestas son muy variables, de manera que el consumidor no puede saber qué cantidad de droga está ingiriendo.

Hay que saber más

Es importante tener en cuenta que muchas de las drogas de diseño se elaboran en laboratorios clandestinos, sin condiciones de limpieza. Por ello, la pureza de la droga es muy dudosa, y las impurezas presentes podrían acarrear otros problemas insospechados. Además, en este tipo de drogas las mezclas y combinaciones son cada vez más comunes, lo que conlleva complicaciones diferentes para cada caso y dificulta enormemente su tratamiento.

Por otra parte, al buscar la manera de alcanzar los efectos de las drogas con medicamentos autorizados, se dificulta la lucha contra el tráfico y consumo de ellas.

El consumo en México

El pasado 4 de abril la policía de Guadalajara, acompañada por elementos de la Procuraduría General de la República, destacados en el Estado de Jalisco, irrumpió violentamente en una fiesta rave y detuvo a varios jóvenes y cinco adultos, a algunos de los cuales se les encontraron drogas. Un mes más tarde, el 5 de mayo, un operativo similar en Tlajomulco, Jalisco, dejó 25 detenidos, a los cuales se les aseguraron 366 tachas, seis piedras de éxtasis, 174 pastillas psicotrópicas, 620 gramos de mariguana y 13 pipas para inhalar drogas.

De los detenidos el 5 de mayo, dos menores y tres adultos fueron consignados por delitos contra la salud. De acuerdo con José Manuel Caldera, secretario técnico del Consejo Nacional contra las Adicciones (CONADIC), hay una gran incidencia de consumo de drogas en jóvenes cuyas edades fluctúan entre los 6 y los 14 años de edad y se calcula que al menos 500 mil jóvenes mexicanos consumen alguna droga.

Un estudio realizado por los Centros de Integración Juvenil, señaló que de 113 muchachos que acudieron a solicitar información, 112 habían probado alguna vez metanfetaminas (como el éxtasis). Es una cifra alarmante, sobre todo si se considera que 51% de esos jóvenes consideró que esa droga era la que más impacto tenía en su vida. Además, 36.7% la consideró su droga favorita. Esto sugiere que al menos la mitad de quienes prueban las anfetaminas se vuelven adictos a alguna droga, y la tercera parte de ellos las siguen consumiendo hasta que buscan ayuda profesional para rehabilitarse. En la misma encuesta las drogas depresoras como el GBH, el Rohypnol, la Ketamina y el Fentanyl, alcanzaron 68% de consumo alguna vez, aunque menos del 1% la consideraba su droga favorita.

En una información preliminar acerca del aseguramiento de drogas durante 2001, la PGR informó que se aseguraron más de 330 kg de metanfetaminas, lo que sería suficiente para preparar más de tres millones de pastillas con dosis individuales. Si eso fue lo que se aseguró, imaginemos las cantidades que se distribuyeron en las calles y fiestas.

Por otra parte, es interesante analizar la evolución del consumo de este tipo de drogas en nuestro país. En 1988, el 3.33% de la población había probado drogas alguna vez en su vida, cifra que cinco años después, en 1993, se ubicaba en 3.9%, pero que de manera alarmante subió hasta 5.27% en 1998, lo que representa un aumento superior al 58% en sólo 10 años, o del 35% en solamente cinco. A ese ritmo, para el 2003 se alcanzaría una cifra de entre 6.2% y 7.1%.

En el norte del país hay más consumidores que en el sur, y los lugares con mayores índices de consumo son, en orden descendente: Tijuana (14.7%), Ciudad Juárez, Guadalajara, Ciudad de México, Monterrey y Matamoros (3.62%). Entre menores de edad, consumen más los niños que las niñas y en ambos casos se tiene una diferencia sensible si los menores viven en familia (4.5%) que si ya no lo hacen (28%). Los estudiantes consumen menos (1.3%) que aquellos jóvenes que no estudian (4.2%). A nivel del país, esto implica que la deserción escolar (o la falta de oportunidades para continuar estudiando) provoca que el consumo de drogas se triplique. La edad mínima a la que se ha detectado consumo de drogas es de cinco años, pero esos son casos aislados; en donde se dan los patrones repetitivos de consumo es entre los 12 y los 25 años, agravándose entre los 15 y los 18.

Específicamente hablando de drogas de diseño, se ha detectado que el consumo de metanfetaminas aumentó, en un periodo de tres años (de 1994 a 1997) en más de 15%, mientras que el de depresores de utilidad médica (como el Rohypnol, el Ritalin y el GHB) aumentó 11% en el mismo periodo.

Fiestas de larga duración

Rave es la denominación que se da a fiestas que duran toda la noche (o más si es posible). Existen dos clases de raves: los comerciales, que se efectúan en locales establecidos, y los privados o secretos, que se realizan en bodegas, zonas campiranas u otros lugares amplios. En ambos casos se cuenta con música acelerada a muy alto volumen, en los que puede haber entretenimiento tecnológico (juegos de video o proyección de películas o videos, entre otras posibilidades, láser, luz UV, etc.) y a menudo se consumen drogas estimulantes y alucinógenas. Tecno y dance son las corrientes musicales asociadas a estas reuniones.

Los asistentes generalmente tienen de 13 a 25 años de edad. Hay varias cosas que se utilizan antes, durante o después de un rave, entre ellas: botellas de agua, ya que el éxtasis provoca deshidratación e incrementa la temperatura corporal; los llamados light sticks (bastones luminosos), ya que la percepción de luces y experiencias visuales se incrementa mientras dura el efecto de la droga. Aunque parezca extraño, se usan chupones porque al drogarse se desarrolla tendencia a trabar las quijadas y a "rechinar" los dientes y con el chupón se previenen las deformaciones y otros problemas dentales, además de que en ocasiones se emplean como aplicadores, colocando dentro del chupón un receptáculo que contiene la pastilla a consumir. También se usan frascos goteros en los que se guardan las drogas en forma líquida; tapabocas y Vick Vaporub, para aumentar su efecto; bebidas con cafeína para auxiliar contra el cansancio producido por el ejercicio y el efecto estimulante de las drogas, y cajitas de dulces en las que se guardan las pastillas de droga sobrantes.

¿Cómo prevenir?

Es importante hacer señalamientos en dos vertientes: la gubernamental y la personal. En cuanto a la primera, debe destacarse que hay pocos estudios serios acerca del consumo de drogas y sus efectos entre los jóvenes mexicanos. Y, por si fuera poco, la escasa información es muy difícil de localizar y aún más de obtener. Los esfuerzos del gobierno para controlar el tráfico de drogas deben estar ligados a un profundo conocimiento de la situación. Mientras se siga contando con información poco actualizada la lucha estará perdida. Por otra parte, debe considerarse la corriente social que pugna por la legalización de las drogas como único medio de control sanitario y de tráfico. El filósofo español Fernando Savater es un exponente de esta corriente y sostiene que la política de prohibición solamente alienta al narcotráfico y los castigos inhumanos para los consumidores, antes que para los traficantes. No necesariamente tenemos que estar de acuerdo con Savater, pero tampoco debemos olvidar los estragos que causó en los Estados Unidos la prohibición de las bebidas alcohólicas durante una buena parte de la primera mitad del siglo pasado.

En lo que se refiere al ámbito personal, se necesita la plena participación de los consumidores potenciales para que efectivamente se nieguen a convertirse en adictos. Precisamente por ello los traficantes enfocan sus baterías hacia los jóvenes, porque son los más susceptibles de aceptarlas, sea como forma de rechazo a lo establecido o como una nueva experiencia. En los centros nocturnos debe exigirse que se sirvan botellas cerradas tanto de bebidas alcohólicas como de refrescos, y abrirlas en la mesa, no en la barra, y abstenerse de compartir comida, bebida y cigarros con desconocidos.

Si bien es remota la posibilidad de que alguien muera después de consumir por primera vez alguna de estas drogas, el peligro existe y los efectos secundarios permanentes también. Es innegable que la experiencia al consumir una droga puede resultar atractiva; sin embargo, el riesgo de caer en la adicción es enorme, con consecuencias graves en la mayoría de los casos. Es cierto que a veces la curiosidad y la presión social provocan una predisposición al consumo de drogas, igual que ocurre con el alcohol y el cigarro. Pero hay que preguntarse si de verdad vale la pena arriesgarse a dañar de por vida los riñones, el corazón, el sistema nervioso, la mente; si queremos pagar el precio de vivir una vida incierta muchos años, por algunos momentos de "éxtasis". La decisión es, a fin de cuentas, personal, pero afecta muchas vidas en torno a nosotros.

Se calcula que en 1988 el 3.33% de la población mexicana había probado drogas alguna vez en su vida, para 1998 esa cifra aumentó al 5.27%. Entre 1994 y 1997 el consumo de metanfetaminas, como el éxtasis, aumentó en más de 15%.

Benjamín Ruíz Loyola es profesor de tiempo completo en la Facultad de Química de la UNAM y autor de más de 50 artículos de divulgación.

 
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