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17 de julio de 2018
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México, naturaleza viva
© Fulvio Eccardi, México, naturaleza viva

México, naturaleza viva

Víctor M. Toledo y Fulvio Eccardi

En México, la naturaleza aún está viva gracias al esfuerzo de los pueblos indígenas mesoamericanos y de los grupos de científicos y conservacionistas.

Quizá como nunca antes, los habitantes urbanos del planeta han perdido su capacidad para relacionar su mundo, en el que predominan las estructuras de cemento, plástico, metal y vidrio, con el universo menos artificial pero no por ello menos complejo de la naturaleza y de las culturas rurales. Hoy, los habitantes de las grandes ciudades, y especialmente los niños, tienden a olvidar que por más sofisticados que sean los espacios urbanos e industriales, éstos dependen de los recursos y servicios naturales y de quienes los proveen (agricultores, pescadores, ganaderos, productores forestales, recolectores).

Y es que la naturaleza es el sustento material y espiritual de los seres humanos. Aún las complejas sociedades industriales, con sus artefactos, aparatos y máquinas, no sobreviven sin los suministros y servicios que ofrece la naturaleza: alimentos, agua, materias primas, aire limpio, paisajes silvestres, temperaturas reguladas, medicinas y genes. Los seres humanos también requieren del mundo natural como recurso de inspiración, reflexión y encuentro con los orígenes profundos de la vida, del planeta y del cosmos.

Para muchos pensadores este desconocimiento (que implica una simplificación de la compleja realidad), es una de las causas fundamentales de los problemas que hoy aquejan al mundo contemporáneo. La falta de conciencia acerca de la permanente interconexión entre los seres humanos, independientemente de la actividad que realizan, y de éstos con los seres vivos y los ciclos, pulsos y umbrales de los sistemas naturales, no sólo genera ignorancia y decisiones erróneas, también provoca la falta de una ética ecológica, de una conciencia global, de una visión acerca del verdadero rol de los seres humanos y sus estructuras sociales, en el espacio y en el tiempo.

Quienes han adquirido conciencia de esos vínculos, eternos y esenciales, de la sociedad con la naturaleza, saben que el no mantener una relación adecuada (armónica, equilibrada, equitativa) con el entorno natural significa el fin de la propia especie humana y no necesariamente del resto de las especies o del planeta.

Un proyecto espectacular

La exposición México, naturaleza viva, que puede visitarse gratuitamente de mayo a agosto del 2003 en el Paseo de la Reforma en Chapultepec, en la Ciudad de México, es el producto central, mas no el único, de un proyecto de comunicación que busca informar y educar acerca de la enorme riqueza natural de México y sus relaciones con las diversas culturas antiguas y actuales. Para ello utiliza diferentes medios, productos y diseños de la más alta calidad científica y artística. El proyecto fue concebido por sus autores, el biólogo y fotógrafo Fulvio Eccardi y el ecólogo y escritor Víctor M. Toledo, hace casi 15 años, cuando de manera pionera produjeron los primeros documentos acerca de la diversidad biológica de México (1988) y la necesidad de su divulgación amplia.

Concebida como un escaparate de 150 imágenes, cuidadosamente seleccionadas de un acervo de 250 mil fotografías captadas por Eccardi durante los últimos 26 años, la exposición ofrece al espectador un conjunto de “ventanas” que lo llevan mediante imágenes, mapas y textos a conocer los esplendores del universo natural y cultural del país. Su objetivo es provocar en el visitante una reflexión profunda acerca del valor de la naturaleza, su íntima relación con las culturas, y su importancia estratégica como fuente de alimentos, agua, materias primas, oxígeno, y otros recursos.

El proyecto de comunicación incluye además de un folleto gratuito, un catálogo bilingüe (español e inglés), un libro de arte (en preparación), y una página en internet o sitio web (www.mexico naturalezaviva. com) que de manera permanente y gratuita ofrece un acervo de información científica (que incluye artículos, fichas temáticas, ilustraciones, fotografías y mapas). El proyecto cuenta con el soporte institucional y científico de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO), con la colaboración de instituciones culturales como la Fundación Televisa y, para la Ciudad de México, de la Secretaría de Cultura del Gobierno del Distrito Federal, y el apoyo económico de algunas empresas (Fuji, American Express y Lunwerg). El proyecto se ha iniciado en la capital del país y seguirá por las principales ciudades mexicanas y algunas capitales de Europa.

Un proyecto de comunicación

¿Cómo estimular, desencadenar o reactivar en los seres humanos cuyo ámbito de acción se reduce a los espacios urbanos e industriales esos impulsos que les permitan arribar a una conciencia, a una percepción correcta? Creemos que ello no es una tarea reducida ni a la mera información (la vía cognitiva), ni a la sublimación reflexiva (la vía perceptiva). Dicho de otra manera, ésta es una función quizá descomunal pero no por ello imposible de la ciencia y del arte, del pensamiento y del sentimiento, de la razón y de la pasión.

Con esta visión emprendimos la tarea de construir un proyecto de comunicación de carácter integral (véase recuadro) dirigido a mostrar, a través de la imagen y de la palabra, la enorme riqueza biológica del país y sus relaciones con las culturas antiguas y actuales.

Para ello tomamos como eje central y punto de partida la exposición fotográfica México, naturaleza viva, la cual fuimos construyendo, con el valioso apoyo de un grupo de colaboradores y colegas, a lo largo de casi un año. Hubo que adoptar conceptos o criterios básicos, seleccionar las imágenes de acuerdo con éstos y, por último, armar una secuencia que tuviera por igual lógica, agilidad y ritmo.

¿Naturaleza viva o naturaleza muerta?

Actualmente existe un fuerte debate en el mundo del conservacionismo acerca de si las áreas naturales y la biodiversidad del planeta deben preservarse como estancos aislados, a manera de un zoológico o museo, o si lo que debe procurarse es un manejo adecuado de toda la naturaleza, lo cual incluye por supuesto áreas excluidas de la acción humana. La diferencia es sustantiva, porque la primera propuesta se concentra solamente en lo que queda dentro de las zonas declaradas como reservas naturales, mientras que la segunda se empeña en alcanzar un cierto equilibrio entre los procesos naturales y los sociales.

Como muchos otros estudiosos, nosotros pensamos que la naturaleza intocada, prístina y alejada de lo humano es una naturaleza muerta. Lo mismo puede decirse de la naturaleza domeñada, explotada, constreñida y simplificada bajo la racionalidad del mundo industrial. Sólo unanaturaleza conocida y reconocida en permanente interacción con las culturas humanas, es decir una naturaleza humanizada, es una naturaleza viva.

La contraparte no es menos cierta: sólo una humanidad que reconoce en la naturaleza su razón de ser, su fuente material y espiritual, es capaz de naturalizarse. Sólo cuando se reconoce, interpreta y utiliza a la naturaleza de manera correcta, los seres humanos y, más precisamente las sociedades humanas, logran vivir y sobrevivir.

Una de cada 10 especies que existen en el mundo se encuentran en territorio mexicano.

El caso de México

En nuestro país, la visión anterior cobra pleno sentido porque un largo proceso histórico de humanización de la naturaleza ha hecho que a cada especie de planta, grupo de animales, tipo de suelo o de paisaje, de montaña o manantial, casi siempre corresponda una expresión lingüística, una categoría de conocimiento, una historia o una leyenda, un significado mítico o religioso, un uso práctico, una vivencia individual o colectiva.

Por la profunda relación que ha existido y continúa existiendo entre las culturas originales de México y los recursos naturales de su territorio, hoy no es posible aproximarse a las raíces culturales del país sin tocar los nervios primigenios de su naturaleza y viceversa. El universo aún vigente del “México profundo”, término acuñado por el antropólogo Guillermo Bonfil, no sólo atañe a la cultura, también es naturaleza y, más precisamente, naturaleza humanizada. La dimensión profunda de México es por lo tanto doble: cultural y ecológica, un fenómeno que es el resultado de un proceso histórico de por lo menos 9 600 años.

Riqueza biológica y cultural

Nuestro país es una de las regiones biológica y culturalmente más ricas del mundo, un fenómeno que es a su vez consecuencia de su heterogeneidad ecológica, una característica solamente igualada por países como India, Australia o Perú. En efecto, México se ubica como el quinto país en el mundo por su riqueza biológica, detrás de Brasil, Colombia, Indonesia y Australia. Una de cada 10 especies que existen en el mundo se encuentra en territorio mexicano. El país posee una de las floras más contiene más especies de plantas que Australia, India o toda Europa. Ello lo hace ser el tercer país florísticamente más rico del planeta.

La nación es también reconocida mundialmente por su gran variedad de especies de mamíferos, reptiles, anfibios, peces de agua dulce, cactos, pinos, y otros grupos de organismos. Igualmente se considera uno de los cinco principales centros de domesticación de plantas en el mundo, con más de 100 especies. Finalmente, sus bosques y selvas y sus costas y lagunas costeras sirven año con año a innumerables especies migratorias, como aves, mariposas o ballenas, que buscan climas más cálidos durante el invierno.

Quinientos años después de la conquista de la antigua Mesoamérica, en lo que hoy es México, los descendientes de los antiguos pobladores olmecas, zapotecas, mayas, aztecas, etc., no sólo no han desaparecido sino que hoy mantienen una férrea resistencia cultural y han incrementado su población. México es hoy el hogar de la mayor población de pueblos indígenas en América, más de 10 millones de hablantes de cerca de 230 diferentes lenguas y dialectos, y pertenecientes a más de 50 culturas principales.

Los indígenas de México son dueños de cerca del 80% de los bosques y selvas, lo que hace de México el laboratorio del experimento de manejo forestal comunitario más importante del mundo.

La importancia de las culturas indígenas

En México es posible distinguir 26 regiones indígenas, la mayor parte de las cuales se encuentran en las porciones centro y sur del territorio nacional, en unos 800 municipios, y ocupando cada uno de los principales ambientes. La superficie bajo custodia indígena es inmensa: por lo menos 30 millones de hectáreas. Por ello son además los dueños y usufructuarios de alrededor del 80% de los bosques y selvas del país, lo que hace de México el laboratorio del experimento de manejo forestal comunitario más importante del mundo. En buena parte de las regiones indígenas se origina el agua que surte a hidroeléctricas, centros urbanos e industriales, zonas de agricultura de riego, áreas costeras de pesca y polos turísticos.

Finalmente, las regiones indígenas disponen de innumerables “yacimientos biológicos y genéticos”; es decir, de las áreas de mayor riqueza de especies de plantas, animales, hongos y otros organismos, y las que aún conservan el mayor número de variedades genéticas (germoplasma): el 60% de las áreas de centro y sur de México reconocidas como prioritarias por la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO).

La importancia de los conservacionistas

La conservación de la naturaleza, como un acto consciente y universal de los seres humanos, es un fenómeno reciente que ha surgido como una reacción a la impresionante depredación de los recursos naturales provocado por la expansión industrial. Esta corriente surge de las vertientes modernas de la ciencia y de la toma de conciencia de amplios sectores informados e ilustrados de la sociedad humana.

Hoy el país dispone de instituciones académicas, sociales, privadas y públicas dedicadas a la tarea de conservar su biodiversidad. Aún más como resultado de la discusión y de la integración de esfuerzos, se ha convertido en un país pionero a nivel mundial tanto por lo avanzado de sus concepciones como de los logros alcanzados. A la fecha el país dispone de un sistema nacional de áreas naturales protegidas con una superficie cercana a los 12 millones de hectáreas, así como de mecanismos para el uso adecuado de los recursos naturales (las Unidades de Manejo Sustentable de los Recursos Silvestres cubren unas 13 millones de hectáreas), además de diversos programas de forestería y pesca sustentables. Pero todavía más importante, las políticas de conservación han reconocido el rol estratégico de las culturas rurales a través de programas específicos como el Corredor Biológico Mesoamericana, y el Proyecto de Conservación de la Biodiversidad en Comunidades Indígenas.

En México la naturaleza sigue viva

Si alguna conclusión puede extraerse de las líneas anteriores, es que en México la naturaleza aún está viva por el esfuerzo compartido de los pueblos indígenas mesoamericanos y de los grupos de científicos y conservacionistas.

Hoy el país está realizando uno de los experimentos socioecológicos más avanzados y esperanzadores del orbe, porque está logrando esfuerzos colectivos y participativos de uso adecuado y conservación de sus recursos naturales en los que convergen las dos tradiciones arriba descritas. Ello se expresa en cientos de iniciativas, proyectos y programas en los que concurren todo una gama de sectores (comunidades rurales, científicos y técnicos, organizaciones no gubernamentales, organismos privados nacionales e internacionales, sectores de la iglesia, oficinas e instancias gubernamentales). En suma, un esfuerzo que en el fondo busca conservar la doble riqueza de México: su diversidad biológica y su diversidad cultural.

Víctor M. Toledo, ecólogo, poeta, ensayista y dibujante, ha realizado investigación científica desde hace tres décadas en la UNAM (Centro de Investigaciones en Ecosistemas). Sus últimos libros son Ecología, espiritualidad, conocimiento (PNUMA y UIA, 2003) y con M. Boada, El planeta es nuestro cuerpo (Fondo de Cultura Económica, en prensa). Una síntesis de su obra puede verse en: www. victormtoledo.com

Fulvio Eccardi, biólogo y fotógrafo nacido en Italia, se ha dedicado durante 25 años a la investigación y difusión de temas relacionados con la conservación de la naturaleza. Su trabajo fotográfico ha sido expuesto y reconocido a nivel nacional e internacional. Su último libro (en italiano e inglés) es una exploración sobre el café, que lo llevó a visitar y fotografiar en 15 países.

 
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