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19 de enero de 2018
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De entrada

No. 12 Mi marciano favorito

A partir de la década de los setenta, los terrestres hemos recibido asombrosas imágenes de los planetas y satélites con los que compartimos el Sistema Solar. Estas imágenes han sido transmitidas a la Tierra por sondas espaciales y por el Telescopio Espacial Hubble; con ellas se ha ampliado en forma considerable nuestro conocimiento del diminuto rincón del Universo que habitamos. Pero al observarlas es difícil evitar un sentimiento de desolación: hasta ahora la evidencia indica que en esa rica variedad de mundos no hay seres vivientes. ¿Y más allá, en otras estrellas? Posiblemente sí y el relato de cómo se les busca es lo que ahora presentamos en el artículo de portada; un recuento de los esfuerzos que realiza la astronomía para encontrar compañeros cósmicos a través de mensajes, los que enviamos y los que esperamos recibir algún día. El tema mueve a la reflexión de cómo podrían ser los extraterrestres, en especial las formas de vida inteligente. Al respecto, lo que abunda en los medios de comunicación son ideas que principalmente reflejan lo que pensamos de nosotros mismos o nuestros más antiguos temores. Quienes afirman, sin prueba alguna, haber tenido contacto con extraterrestres, los describen como seres humanoides (cabezones, sin pelo, ojos enormes, pies y manos con más o menos dedos que nosotros), misteriosos y a menudo amenazantes, que gustan de aparecerse sólo a unos cuantos, en circunstancias extrañas y siempre sin dejar rastro.

Incluso se habla de que han cometido horrendas acciones o que actúan con la complicidad de poderosos gobiernos, aunque no se dice qué objetivos podría perseguir una conspiración semejante. Los personajes y la trama de esos “testimonios” guardan un sospechoso parecido con varias historias de ficción, demuestran además una imaginación limitada y egocéntrica al suponer que los alienígenas se parecen a nosotros no sólo en su aspecto sino también en su comportamiento, especialmente en lo que se refiere a las características humanas más deplorables.

Yo la verdad espero que los otros seres inteligentes que pueblan el Universo hayan logrado construir sociedades más avanzadas que las de la Tierra, no sólo por su ciencia y tecnología, sino también que sean pacíficas, solidarias y justas, donde el amor, la tolerancia y el respeto guíen siempre las acciones de sus integrantes, y nadie tenga que morir por la negligencia, la corrupción y el abuso de otros.

Extraterrestres así no tendrían por qué esconderse de nosotros o andar por ahí asustando o secuestrando automovilistas en apartados caminos. Ciertamente, mi imaginación también es limitada y egocéntrica. Cuando pienso en los alienígenas en realidad pienso en cómo quisiera que fuésemos nosotros.

Y aunque lo más probable es que esta reflexión no sea útil en el campo de la búsqueda de inteligencias alienígenas, sí resulta indispensable siempre que uno se plantea cómo hacer de éste un mundo mejor.

 

Estrella Burgos

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