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24 de junio de 2018
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De entrada

No. 212

En marzo de 1781 el astrónomo inglés William Herschel descubrió el planeta Urano con un telescopio que él mismo diseñó y construyó. Al principio pensó que se trataba de un cometa, pero luego de repetidas observaciones se dio cuenta de que el objeto se movía muy lento para ser cometa y concluyó que era un planeta. Este hallazgo le valió a Herschel mucha fama y algo de fortuna en forma de una pensión anual de la corona británica para continuar sus investigaciones.

Urano fue el primer planeta que tuvo un descubridor, porque los primeros cinco pueden distinguirse a simple vista y ya eran conocidos desde la Antigüedad. No es de extrañarse entonces el revuelo que causó Urano. Más todavía, tras observar su movimiento en la esfera celeste varios astrónomos dedujeron que tenía que haber otro planeta que por la fuerza de gravedad influía en la trayectoria de Urano.

Los cálculos de la posible ubicación de ese planeta realizados por dos astrónomos, Urbain Le Verrier, francés, y John Couch Adams, británico, permitieron encontrarlo en 1846 y también dieron paso a un conflicto diplomático. Le Verrier y Adams habían trabajado cada uno por su cuenta y reclamaron la paternidad del descubrimiento. La sabia intervención de la comunidad astronómica llevó a que ambos fueran considerados los descubridores de Neptuno.

La historia del hallazgo de Plutón en 1930 es muy curiosa. Recordemos primero que Plutón ya no está clasificado como planeta sino como “planeta enano” junto con Ceres, Eris, Haumea y Makemake; todos más pequeños que la Luna. Pero esto ocurrió hasta el año 2006; Plutón fue durante siete décadas el orgulloso noveno planeta del Sistema Solar. Lo descubrió el estadounidense Clyde Tombaugh, cuando trabajaba en el Observatorio Lowell, en Flagstaff, Arizona. Tombaugh tenía apenas 22 años y andaba en busca del “Planeta X”, cuya existencia predijeron los estadounidenses William Pickering y Percival Lowell, fundador de ese observatorio, para explicar ciertas irregularidades en los movimientos de Urano y Neptuno. Lo curioso es que tiempo después del descubrimiento de Plutón se encontró que la masa de éste era demasiado pequeña para causar tales irregularidades. Tombaugh lo había descubierto por casualidad. Se pensó entonces en la posibilidad de un décimo planeta, idea que se dejó de lado cuando cálculos más precisos de la masa de Neptuno resultaron suficientes para explicar las irregularidades mencionadas.

Ahora hay indicios que apuntan a la existencia de un noveno planeta, lugar que antes ocupaba Plutón, pero situado mucho más lejos del Sol. En el artículo de portada Daniel Martín Reina narra cómo y por qué ha resurgido la idea de un planeta X, que no todos los astrónomos apoyan. Con el tiempo, y el uso de telescopios que ven cada vez mejor y más lejos, conoceremos la respuesta, que en cualquier caso nos dará información muy valiosa sobre la historia de nuestro vecindario en la Vía Láctea. Pero creo que a muchos nos gustaría volver a tener nueve planetas en el Sistema Solar. Y a sus descubridores, de haberlos, el honor de pasar a la historia.

 

Estrella Burgos

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