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22 de enero de 2018
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De entrada

No. 80

El pasado 13 de junio, cuando la presente edición estaba por irse a la imprenta, se dio a conocer el hallazgo del planeta más parecido a la Tierra que se haya encontrado fuera del Sistema Solar. El planeta es, en palabras del astrónomo Paul Butler, de la Carnegie Institution, en Washington, “como el primo grande de la Tierra”. Tiene una masa de 7.5 veces la terrestre y un radio de dos veces el de nuestro planeta. Se encuentra a 15 años luz de nosotros y describe una órbita casi circular alrededor de su estrella, conocida como Gliese 876 y ubicada en la constelación de Acuario.

Los planetas extrasolares que se habían detectado hasta ahora son más grandes que Urano, cuya masa es de 15 veces la de la Tierra, y gaseosos, como todos los gigantes del Sistema Solar. Se piensa que el nuevo planeta podría ser rocoso. Pero ahí termina su parecido con el nuestro. A diferencia de los confortables 15 ºC que hay, en promedio, en la superficie terrestre, el “primo” es extremadamente caliente: su superficie está a una temperatura de entre 200 y 400ºC. Esto se debe a su cercanía de la estrella: el planeta describe una órbita alrededor de Gliese 876 en sólo dos días. Este descubrimiento, realizado por un grupo de astrónomos que encabeza Geoffrey Marcy, de la Universidad de California en Berkeley, Estados Unidos, y patrocinado por varias instituciones de ese país, es un preludio de lo que traerá la próxima década en lo que se refiere a la búsqueda de mundos como la Tierra: mundos que podrían tener las condiciones necesarias para la vida. En qué se basa esa búsqueda y de qué manera va a realizarse es lo que narra Antígona Segura Peralta en el artículo de portada. Ella participa activamente en esta aventura: es investigadora en el Laboratorio Virtual de Planetas del Instituto de Astrobiología de la NASA.

Aldo Iván Ramírez Orozco es un ingeniero civil al que le apasionan la historia de las matemáticas y los juegos con palabras. Conjunta ambos en un texto sobre palíndromos y capicúas que resulta ideal para pasar las tardes lluviosas del verano, tratando de encontrar simetrías.

 “Si tus órganos están sanos, todas las riquezas de un rey no aumentarán tu felicidad” es una frase que se atribuye a Horacio, poeta romano del siglo I a. C. Y es exacta, a juzgar por lo que escribe Guillermo Cárdenas Guzmán en su reportaje “Trasplantes de órganos: los retoños de la vida”. Lamentablemente, este formidable recurso para restaurar la salud de miles de pacientes se ha visto afectado por mitos o leyendas urbanas francamente aterradores. Cárdenas pone las cosas en claro y nos da multitud de argumentos para convencernos de la importancia de donar órganos.

Por su parte, y en la sección “Así fue”, Roselia Medina Tinoco aborda la triste historia de Alfred Wegener, el investigador que propuso la revolucionaria teoría de la deriva continental, que es hoy un pilar de la geología.

Completa la edición un texto de Erica Torrens —quien ya ha escrito aquí sobre diversas maravillas marinas—, dedicado a un pez muy peculiar: el tiburón ballena. Erica, además, nos invita a viajar hasta una isla localizada frente a las costas de Yucatán para que nademos junto a este animal enorme e inofensivo.

 

Estrella Burgos

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