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16 de agosto de 2017
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Ojo de mosca

No. 106 Polémicas científicas

Una de las características más inquietantes del conocimiento científico es que constantemente cambia. Tiene la desagradable costumbre de resultar, a lo largo de la historia, provisional.

Esto tiende a causar desconfianza: ¿por qué tomar en cuenta un conocimiento, por científico que sea, si no hay garantía de su permanencia? “Las verdades son eternas”, dicen los dogmáticos. Y sin embargo, el científico resulta ser el conocimiento más confiable y útil que podemos tener acerca de la naturaleza. ¿Cómo resolver la contradicción?

Un buen inicio es entender cómo funciona la ciencia; cómo es que los científicos construyen ese conocimiento que tan útil y confiable ha resultado para las sociedades humanas.

El relato clásico comienza en un laboratorio, donde el científico investiga concienzudamente… y desgraciadamente, también termina ahí.

Y es que la labor científica real va mucho más allá de experimentos, laboratorios y microscopios. Una parte importantísima del proceso de investigación no se da en laboratorios, sino en salones donde hay una mesa, un pizarrón y varias sillas, o bien en auditorios, o en las páginas de una revista científica. Se trata de los seminarios, conferencias, congresos y publicaciones donde los investigadores hacen públicos sus resultados y sus hipótesis para discutirlos con sus colegas.

Las discusiones científicas pueden ser sangrientas. Se trata de verdaderas polémicas donde unos tratan de defender sus ideas ante los intentos de los demás por refutarlas. Se cuestionan metodologías, resultados, interpretaciones. Siempre con argumentos sólidos, racionales, y siempre sin piedad. Al final, ganan las ideas que resultan más convincentes: porque tienen más evidencia a su favor, son más coherentes, funcionan mejor al aplicarse, o a veces porque son más simples o elegantes.

Quizá suene terrorífico, pero es uno de los aspectos más apasionantes de la labor científica. A través de estas polémicas, que pueden ser pequeñas, dentro de un grupo de investigación, o convertirse en guerras ideológicas que dividen en dos a la comunidad científica mundial, se generan muchas de las mejores ideas en ciencia. Las polémicas científicas son una forma de pensamiento colectivo.

¿Existen las “verdades científicas”? No; sólo las versiones, las hipótesis, que han sido aceptadas por la mayoría de la comunidad de expertos luego de una discusión rigurosa. No son verdades inmutables, sino ideas aceptadas que pueden luego ser modificadas y hasta desechadas, si aparecen otras mejores o más convincentes.

Hay quien niega hechos como la evolución, el calentamiento global o que el sida es causado por un virus, diciendo que no se trata de verdades absolutas. No lo son, pero sí son el conocimiento actual aceptado por los expertos. Quizá este conocimiento llegue a cambiar, pero por el momento la actitud más sensata es aceptarlo como la versión más probable. Buscar verdades en la ciencia es ignorar cómo trabaja.

Comentarios: mbonfil@servidor.unam.mx

 

Martín Bonfil Olivera

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