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16 de agosto de 2017
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Ojo de mosca

No. 108 Dios y la ciencia

Es tan bien conocida la anécdota del matemático Pierre Laplace, cuando le contestó a Napoleón que la hipótesis de Dios “no le era necesaria”, que resulta trillada.

Y sin embargo, la relación entre ciencia y religión siempre ha sido interesante y polémica. Representa el contraste entre dos formas de ver el mundo: la científica y la religiosa.

En la primera, se asume que todo fenómeno natural puede explicarse recurriendo a la misma naturaleza, en la que no hay ningún plan predeterminado. En la segunda, se da por hecho que existe tal plan, así como un ser superior a la naturaleza que creó el mundo y en cierta medida lo controla.

A veces se piensa que la ciencia pretende demostrar que dios no existe. Nada más erróneo: por su propia naturaleza, la ciencia está incapacitada para decidir sobre cuestiones sobrenaturales. Pero esto no quiere decir que acepte la existencia de dioses o entidades místicas. Al contrario: mientras se declara agnóstica (ignorante) respecto a la existencia de dios, la ciencia actúa como si no existiera.

Ello no impide que haya numerosos científicos que creen en algún dios. Aunque no siempre a la manera teísta, es decir, concibiendo a dios como una persona (un individuo con una personalidad). Muchos científicos tienen creencias religiosas de tipo deísta: creen que existe un creador, pero no es una persona, ni tiene mucho sentido rendirle culto.

Todavía más diluidas son las creencias religiosas de científicos como Einstein, quien aunque constantemente hablaba de “el buen dios”, en realidad lo hacía para referirse, según sus propias palabras, “a su admiración ilimitada por la estructura del mundo, según nos la puede revelar nuestra ciencia”. Es esa armonía la que le provocaba un sentimiento de asombro religioso, no la creencia en un dios.

Finalmente, claro, existen los científicos ateos, que no creen en ningún dios ni experimentan sentimientos religiosos. El eminente biólogo Richard Dawkins es uno de los más destacados: se ha lanzado en una cruzada para combatir lo que él considera son abusos de la religión. El químico Peter Atkins, por su parte, escribió un delicioso libro llamado Cómo crear el mundo (Crítica, 2003), donde muestra que puede explicarse el universo completo —al menos en principio— sin necesidad de recurrir a un creador.

Al final, el punto es que la ciencia no puede responder preguntas acerca de dios, pero tampoco tiene necesidad de ello. Alguna vez Einstein dijo: “La ciencia sin religión es coja; la religión sin ciencia es ciega”. Quizá sería más correcto decir que la ciencia sin religión es… ¡ciencia!

Comentarios: mbonfil@servidor.unam.mx

 

Martín Bonfil Olivera

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