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25 de junio de 2017
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Ojo de mosca

No. 11 Sentidos: ¿físicos o químicos?

Entre los científicos, los físicos tienen fama de presumidos. Tal vez sea porque su ciencia fue la primera en quedar firmemente establecida, a partir de los trabajos de Galileo, Newton y demás figuras importantes. (Aunque habría que considerar si la historia natural, disciplina protocientífica que daría origen a la biología, o la medicina, que ya desde los antiguos griegos tenía pretensiones de ciencia, no podrían disputarle a la física su lugar como la ciencia más antigua.) De cualquier modo, muchos físicos tienden a actuar como si las otras ciencias fueran más “sencillas”: si sabes física, cosas como la química o la biología resultan fáciles, parecen pensar. Pero hay un ejemplo biológico que muestra lo contrario: los órganos de los sentidos. La explicación de cómo funcionan los cinco sentidos ha sido buscada desde la antigüedad. Hoy tenemos una comprensión relativamente clara de ellos. Sin embargo, si analizamos las cosas más detenidamente, veremos que sólo dos de los cinco sentidos se comprenden con detalle: la vista y el oído, es decir, los sentidos físicos.

¿Por qué físicos? Porque ambos perciben ondas: en un caso luz, que son ondas electromagnéticas (o si se quiere fotones... pero no entremos en esa discusión) y en el otro sonido, que son ondas sonoras (vibraciones transmitidas por el aire). Incluso el tacto, que percibe muchos estímulos distintos como temperatura y presión, parece tener bases “físicas” y se entiende con bastante precisión. El gusto y el olfato, por su lado, son sentidos químicos, pues ambos detectan moléculas que se ponen en contacto con proteínas receptoras en la superficie de las células correspondientes. Sin embargo, si uno preguntaba más —qué células y proteínas intervienen, o qué sucede entre el momento en que la sustancia es captada y la sensación es percibida en el cerebro— la respuesta solía ser un encogimiento de hombros y una afirmación de fe. De fe científica, claro: “seguramente pronto se entenderán los detalles”. O sea que los sentidos químicos han resultado ser más difíciles de entender que los físicos. ¿Será que lo químico no es, después de todo, tan sencillo? Esta diferencia, sin embargo, probablemente desaparecerá pronto, ya que hace unos meses se reportó la identificación de dos proteínas —TR1 y TR2— que parecen ser los receptores para el sabor dulce y amargo, respectivamente. A partir de su identificación, los biólogos moleculares seguramente podrán explicar los pasos bioquímicos que nos permiten distinguir un chamoy de una gomita. Pronto seguirá el estudio molecular del olfato. Y con esto, finalmente, la competencia entre física y química terminará con un empate... aunque éste se logre jugando en la cancha de la biología.

Comentarios: mbonfil@unam.mx

 

Martín Bonfil Olivera

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