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18 de diciembre de 2017
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Ojo de mosca

No. 117 La desesperante estadística

Uno de los aspectos de la ciencia que más desesperan a quienes no se dedican a ella es que no revela verdades tajantes.

Por ejemplo, los datos científicos pueden indicar que cierto hábito —como el tabaquismo— puede causar cáncer de pulmón. Incluso se sabe cuál es la probabilidad de que un fumador desarrolle esta terrible enfermedad…Pero no se puede decir con certeza si un individuo dado, por más cigarros que fume diariamente, terminará sus días asfixiándose y sometido a radiaciones. La ciencia, debido a este carácter estadístico, sólo revela lo que ocurrirá en promedio.

Pero la estadística en ciencia, además de ser frustrante, tiene otra cara que resulta útil, utilísima. Es una herramienta indispensable para el trabajo científico. El análisis estadístico de los datos obtenidos en una investigación permite extraerles información importantísima, que sería invisible a simple vista.

Un ejemplo son los estudios clínicos, necesarios para saber si un medicamento es realmente efectivo o si sus supuestos efectos son sólo producto del azar o del efecto placebo (que a veces ocasiona curaciones espontáneas). Para contrarrestar estos problemas, los estudios utilizan el método de “doble ciego”: los voluntarios se dividen en dos grupos, uno de los cuales recibe el fármaco y el otro una pastilla de almidón (el placebo). Ni los voluntarios ni los médicos que les dan las pastillas saben quién recibe qué. Sólo al tener los resultados, separar ambos grupos y realizar un cuidadoso análisis estadístico puede saberse si el fármaco tenía un efecto significativamente superior al placebo. ¡Y aun así, a veces es muy difícil distinguir un efecto real de una variación al azar!

También hay sorpresas. En ciertos casos el fármaco probado ha resultado tan exitoso que no es ético negarlo a los pacientes que estaban recibiendo placebo, y el estudio se tiene que interrumpir. Y un famoso estudio de un fármaco que se estaba probando para combatir la hipertensión reveló que no servía. Sin embargo, se presentó un fenómeno curioso: al terminar el estudio, los participantes que habían recibido placebo regresaban las píldoras que les sobraban, pero los que habían recibido el fármaco real no las devolvían, poniendo excusas como que “las habían perdido”. Investigando un poco, se descubrió que el fármaco, llamado sildenafil, tenía un curioso efecto secundario no previsto. Hoy es el principio activo de uno de los medicamentos más vendidos del mundo: el Viagra. En esta ocasión, no hubo necesidad de usar mucha estadística.

comentarios: mbonfil@servidor.unam.mx

 

Martín Bonfil Olivera

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