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28 de abril de 2017
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Ojo de mosca

No. 119 Creatividad científica

Uno de los prejuicios más arraigados con respecto a la ciencia es que se trata de una actividad mecánica, rutinaria. Que está sujeta a un método rígido —incluso se enseña en la escuela: observación, hipótesis, experimentación…— y que es llevada a cabo por individuos aburridos, distraídos y enajenados. Los típicos nerds.

Es raro encontrar que alguien relacione el adjetivo “creativo” con la ciencia. Creativos, se piensa, son los pintores, poetas, escritores… Y es cierto: los artistas crean, a partir de su imaginación y su destreza, cosas que anteriormente no existían en el mundo. Y para hacerlo gozan de una libertad prácticamente absoluta, limitada sólo por las posibilidades de su medio de expresión —instrumentos musicales; pinceles y pigmentos; el lenguaje mismo— y por su entorno social (pues hay obras de arte que son rechazadas, censuradas o incluso destruidas por ciertas sociedades… incluida la nuestra).

Pero, por sorprendente que parezca, los científicos también son creativos. Tienen que serlo: de otra manera no podrían ser científicos.

Su creatividad se presenta de muchas maneras, y se requiere para las más diversas tareas. La más importante es concebir explicaciones coherentes y plausibles para los fenómenos que estudian. Pero luego tienen que ser capaces de inventar formas de poner a prueba estas explicaciones: confrontarlas con la realidad, por medio de experimentos, observaciones, análisis o simulaciones, para saber si la describen adecuadamente, o si hay que desecharlas, inventar nuevas explicaciones y probar de nuevo.

Finalmente, los científicos muchas veces tienen que inventar los instrumentos que les permitan realizar los experimentos, observaciones o análisis que imaginaron. Mucha tecnología moderna surgió a partir de la creatividad de un científico que quería hacer un experimento para el que no existía el aparato necesario.

Quizá lo que más distingue a la creatividad científica de la de los artistas es el mayor número de limitaciones que enfrenta. Los científicos, como los artistas, encuentran obstáculos técnicos y sociales para realizar su labor. Hay instrumentos científicos que no pueden construirse, o no con la precisión que sería deseable. Otros, cuya construcción resulta demasiado cara. Y hay experimentos que no pueden realizarse por razones éticas, legales, ideológicas… Pero el obstáculo más grande para la creatividad científica es la realidad misma. Mientras que el artista puede inventar mundos nuevos, el científico se encuentra siempre, en último término, obligado a ceñirse al mundo real.

Y sin embargo, al final, arte y ciencia se relacionan con la realidad: ambos buscan describirla, explicarla y darle sentido. Sólo que lo hacen por distintos caminos creativos..

comentarios: mbonfil@servidor.unam.mx

 

Martín Bonfil Olivera

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