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24 de mayo de 2017
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Ojo de mosca

No. 122 Especies exitosas

2009 es, además del Año Internacional de la Astronomía, el Año de Charles Darwin, pues el 12 de febrero se cumplen 200 años de su nacimiento. Es buena ocasión para comentar uno de los malentendidos más frecuentes respecto a su teoría de la evolución.

La gran idea de Darwin —y de Alfred Russell Wallace, quien descubrió independiente pero tardíamente lo mismo— fue darse cuenta de que los individuos que, por sus características individuales, logran sobrevivir mejor y reproducirse, heredan a sus descendientes esas características benéficas. A la larga, la distribución de dichas características en la población va aumentando. Es este proceso de cambio paulatino en la distribución de características entre los individuos de las especies lo que llamamos evolución.

Para ofrecer una imagen comprensible del proceso, Darwin decidió utilizar en su libro El origen de las especies la expresión “selección natural”, que ilustra cómo el ambiente determina cuáles características de un organismo resultan beneficiosas en un momento dado. El filósofo Herbert Spencer, que apoyaba las ideas de Darwin, acuñó la frase “supervivencia del más apto”, con lo que reforzó la idea de la evolución como un proceso de competencia.

Por desgracia, estas expresiones favorecieron la noción errónea de que la evolución es un “avance”, un proceso que “mejora” a las especies, y que por tanto puede hablarse de especies más y otras menos “evolucionadas”. Tal idea ha sido difícil de erradicar.

Hoy mucha gente cree, por ejemplo, que el ser humano es la cumbre de la evolución, o que las bacterias son seres “primitivos”. Se considera que los dinosaurios, como se extinguieron, no fueron especies exitosas, o que las cucarachas, que parecen capaces de sobrevivir en las condiciones más inhóspitas, son exitosísimas.

Lo cierto es que la evolución, a diferencia de la tonta imagen clásica del simio que se convierte en humano, no es un camino que avance linealmente hacia ningún lado. Se trata de un proceso azaroso, ramificado, en que los organismos van variando y produciendo nuevas especies, que comparten una sola característica: han sobrevivido, y si lo han hecho es porque están bien adaptadas a su ambiente.

Pero los ambientes son muy variados, y además cambiantes. La adaptación es un término relativo: al hablar de especies exitosas o no, hay siempre que aclarar que tal “éxito” depende de las condiciones ambientales.

Después de todo, el “exitoso” y “evolucionado” ser humano lleva sobre la Tierra sólo unos
200 000 años, mientras que los “primitivos” y “fracasados” dinosaurios dominaron el planeta durante 160 millones de años. ¿Quién es más exitoso?

comentarios: mbonfil@servidor.unam.mx

 

Martín Bonfil Olivera

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