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23 de agosto de 2017
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Ojo de mosca

No. 134 Ciencia y conciencia

Una característica esencial de la ciencia es que ofrece conocimiento confiable y verificable, no creencias. Sin embargo, de nada sirve esto si quienes deben hacer uso de dicho conocimiento, sean gobernantes y tomadores de decisiones o ciudadanos comunes, no tienen confianza en ella.

El conocimiento es poder: sirve para tomar decisiones. Si es correcto, permite obtener los resultados que se deseaban. Valoramos tanto el conocimiento científico porque, al aplicarlo, funciona: aviones, teléfonos celulares, antibióticos e incontables otros avances basados en la ciencia son prueba de ello.

Pero cuando se trata de temas polémicos o desagradables, que van en contra de nuestras creencias o nuestros deseos, suele haber resistencia a aceptar el conocimiento científico, por más que esté apoyado en pruebas. Dos buenos ejemplos son los movimientos negacionistas que tratan de argumentar que dos grandes problemas actuales —la pandemia de sida y el cambio climático global— son en realidad engaños: complots mundiales creados con oscuros intereses. Lo cual, sobra decirlo, es falso.

Pero crear teorías de complot es fácil: basta con tomar un problema que quisiéramos que no existiera, y luego decir que en realidad no existe. Como “pruebas” se presentan rumores, sospechas, ideas confusas pero que suenen vagamente lógicas y, frecuentemente, mentiras descaradas.

El método científico, en cambio, procede con un rigor poco frecuente en cualquier otra actividad humana. Ante cada afirmación, exige pruebas y argumentos lo suficientemente sólidos como para convencer no a una persona, sino a un grupo de especialistas, luego de ser discutidas a fondo para ver si resisten ser puestas en duda. Aun así, todas las afirmaciones de la ciencia están perpetuamente sujetas a ser corregidas o refutadas si se encuentra nueva evidencia que haga dudar de ellas.

Es por ello que cuando se afirma que el sida es causado por un virus contagioso, o que el calentamiento global es producto de la acumulación de gases de invernadero producidos por la industria humana, se hace con un alto nivel de confianza. Confianza en la ciencia y en su método, que ha sido cuidadosamente desarrollado y perfeccionado a lo largo de varios siglos, y que constituye uno de los logros más admirables del intelecto humano.

La ciencia produce conocimiento confiable, aunque a veces desagradable; los mercaderes de rumores, en cambio, ofrecen sólo promesas fáciles, pero falsas. Mientras que la ciencia tiene credibilidad, las teorías de complot pueden prosperar sólo gracias a nuestra credulidad.

comentarios: mbonfil@unam.mx

 

Martín Bonfil Olivera

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