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16 de agosto de 2017
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Ojo de mosca

No. 147 El valor de un ser humano

La ciencia adopta, como parte de su método, un enfoque naturalista: excluye cualquier hipótesis que postule la existencia de entidades sobrenaturales. Una consecuencia de este requisito metodológico (suponer que existen espíritus, milagros o magia le impediría trabajar) es que la ciencia es, necesariamente, materialista.

Últimamente, "materialista" se ha convertido en una mala palabra. Y en efecto: aplicado de manera miope, el materialismo puede llevar a conclusiones cuadradas y cortas de miras. Un ejemplo: calcular cuánto vale un ser humano.

Químicamente, el cuerpo humano –si no hay espíritus, un humano es nada más su cuerpo– se compone sólo de varios elementos en distintas cantidades. Aunque los cálculos varían, consta de 65% de oxígeno, 18% de carbono, 10% de hidrógeno, 3% de nitrógeno, 1% de fósforo, 0.5% de calcio, 0.35% de potasio, 0.25% de azufre, 0.15% de sodio, 0.15% de cloro, 0.05% de magnesio y cantidades minúsculas de otros elementos. El precio de todo esto es entre uno y 15 dólares.

Pero no saltemos a conclusiones: los elementos del cuerpo humano no están aislados, forman compuestos químicos, incluyendo macromoléculas de gran complejidad, como el ácido desoxirribonucleico (ADN) y proteínas como enzimas o anticuerpos, con altísimo valor de mercado. Tan solo el costo estimado del ADN de un humano sería de 9 700 000 dólares, y el de sus anticuerpos, 7 300 000.

Pasando del nivel químico al fisiológico, que considera ya no moléculas, sino los órganos del cuerpo humano, su valor aumenta. Un pulmón puede costar 116 000 dólares; un riñón, 91 000, y un corazón, 57 000. El valor total de los órganos de un cadáver que pueden aprovecharse para trasplantes es de cientos de miles de dólares. Y algunos tejidos y células son aún más caros: la médula ósea puede valer 23 millones de dólares; 32 óvulos de una mujer, 224 000 dólares, igual que los millones de espermatozoides que un hombre puede vender durante 20 años. Así, el valor de un cuerpo humano podría alcanzar los 45 millones de dólares.

Pero un ser humano no es sólo la materia que lo forma: es también su historia, su vida y sus actos, todos consecuencia de su mente y su conciencia, productos no materiales, pero tampoco sobrenaturales, del funcionamiento de su cerebro.

El error es valorar a una persona sólo por su costo monetario, no importa si es dos o 45 millones de dólares. Un ser humano no puede tener precio. No es sólo materia, sino conciencia. El reto es entender, de manera naturalista, cómo esta surge de un cerebro hecho sólo de elementos químicos.

Comentarios: mbonfil@servidor.unam.mx

 

Martín Bonfil Olivera

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