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23 de agosto de 2017
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Ojo de mosca

No. 15 La temible amenaza del reduccionismo científico

Muchas veces parece que la ciencia no sólo es elitista, sino también antipática. Como si fuera una señora encopetada de la alta sociedad, que no gusta de “rozarse” con el pueblo.

Pero quienes la ven así no la conocen. Una de las críticas que más frecuentemente le hacen es la de “ser muy reduccionista”, es decir que la ciencia, al analizar la naturaleza para tratar de entenderla, la reduce a un conjunto de células, de átomos, de leyes de la física o, peor aún, de ecuaciones matemáticas. Según esta visión, el enfoque científico no puede ser bueno porque le quita el chiste a las cosas; las abarata y deshumaniza.

Pero, ¡sorpresa!: resulta que esta descripción del reduccionismo científico es, como muchos ataques a la ciencia, falsa. Sólo los científicos tontos (que también los hay) podrían pensar que, por ejemplo, las emociones y pensamientos que pasan por el cerebro de una persona podrían reducirse al movimiento de los átomos de su cerebro. Un reduccionismo así amenazaría realmente con desvirtuar la naturaleza humana.

Hoy llamar a alguien “reduccionista” parece ser un insulto (incluso entre científicos). Pero el buen reduccionismo científico no es un defecto, sino una herramienta útil. Se limita a partir de lo más sencillo para llegar a comprender lo más complejo. Y supone —porque en ciencia hay que suponer que no existen los milagros— que los fenómenos complejos (vida, conciencia, evolución, equilibrio ecológico) tienen que estar basados en fenómenos sencillos (como los descritos por las leyes de la física y la química). Pero esto no quiere decir que consistan tan sólo en fenómenos físicos o químicos.

Quienes afirman, por ejemplo, que la biología es sólo física o sólo química, o están bromeando o pecan de ingenuos. No basta con describir las bases de algo para entenderlo completamente. De ser así, bastaría conocer las reglas del ajedrez para predecir cómo se desarrollará un juego de campeonato (pues, después de todo, no es posible hacer ninguna jugada que se salga de las reglas). Éste es el reduccionismo tonto o ambicioso. Afortunadamente, el buen reduccionismo científico, bien aplicado, sigue produciendo grandes avances. La biología molecular es uno de sus logros más notables. Y actualmente se están investigando las bases de la conciencia, que es quizá lo que nos define como humanos. ¿Quién le teme al reduccionismo?

Comentarios: mbonfil@unam.mx

 

Martín Bonfil Olivera

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