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22 de octubre de 2017
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Ojo de mosca

No. 150 Las dos ciencias

La ciencia no es una entidad monolítica, de una pieza; es más bien un mosaico. Tiene múltiples aspectos, y se puede enfocar desde diversos puntos de vista. En una visión extrema, la ciencia tiene dos caras.

La primera es la más común; nos la enseñan desde la escuela. La ciencia, se dice, cuenta con un método basado en la observación objetiva, la experimentación rigurosa y la lógica inflexible para, a partir de datos duros, formular hipótesis, someterlas a prueba y, en caso de ser confirmadas, elevarlas al estatus de teorías. El conocimiento así obtenido adquiere el sello de garantía de estar "científicamente comprobado", y nos muestra las verdaderas leyes de la naturaleza. Podemos confiar en él plenamente, y a partir suyo puede desarrollarse tecnología que inevitablemente funciona.

En la cara opuesta, favorecida por estudiosos de la ciencia (historiadores, filósofos, sociólogos), y menos conocida por el público general, la ciencia aparece como una disciplina plagada de problemas. En primer lugar, no existe la observación desprejuiciada: no podemos confiar en lo que nuestros sentidos nos muestran, e inevitablemente nuestros prejuicios culturales modifican lo que percibimos. Tampoco la experimentación es realmente confiable, pues sus resultados están siempre sujetos a la interpretación, siempre sesgada, del científico. Y la ciencia, siendo una actividad social, está sujeta a los mismos problemas que cualquier otra empresa humana: distorsiones, errores, fraudes, promoción de los intereses de grupos… La ciencia es resultado de una actividad política en que los grupos que logran crear los vínculos de poder necesarios imponen su visión de la realidad. La cuestión misma de si la ciencia se descubre o más bien se inventa queda en duda…

Por difícil que resulte para quienes crecimos con la visión tradicional de la ciencia, la visión herética de sus estudiosos es sorprendentemente sólida, y de hecho más realista que la versión ingenua que se nos enseña desde niños.

¿Qué pensar, entonces? ¿Cómo es la ciencia, en realidad: objetiva, confiable, benéfica? ¿O arbitraria, caprichosa, manipulable… peligrosa?

Lo cierto es que ambas visiones describen características reales de la ciencia. Sin ser completamente objetiva y confiable, busca la máxima objetividad posible, y es la forma más refinada y poderosa para obtener conocimiento sobre la naturaleza que ha descubierto nuestra especie. Pero al mismo tiempo, es una construcción social humana, y verla como un método infalible e incuestionable sería engañarnos.

Quizá la mejor forma de aprovechar las dos caras de la ciencia sea desacralizar su versión dogmática, agradable pero irreal, y aprovechar la visión crítica que la relativiza para fortalecerla, al conocer mejor sus defectos y problemas… y sus grandes virtudes.comentarios:

mbonfil@unam.mx

 

Martín Bonfil Olivera

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