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26 de febrero de 2017
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Ojo de mosca

No. 152 ¿Quién decide qué es ciencia?

Al hablar de ciencia nos referimos al conocimiento confiable, comprobable y comprobado acerca de la naturaleza. Pero también los charlatanes que venden horóscopos, medicinas milagrosas o pulseras que aumentan la fuerza hablan de "ciencia": aseguran que sus mercancías están basadas en principios "científicamente comprobados". ¿Cómo se distingue la ciencia legítima de la falsa ciencia?

En la antigua Grecia, lo que se consideraba conocimiento confiable dependía más bien de su coherencia interna: los filósofos que estudiaban el mundo natural ofrecían explicaciones lógicas, basadas en observaciones y el sentido común, que daban sentido a los fenómenos a su alrededor. Bastaba la autoridad de un pensador para dar credibilidad a sus ideas.

Más tarde, con el surgimiento del método experimental, entre los siglos XV y XVIII, la aceptación de las afirmaciones de un científico dependía no sólo de lo bien que sonaran sus argumentos, sino también de la solidez de las pruebas que presentara. Los científicos compartían sus descubrimientos con un círculo de colegas, quienes —si quedaban convencidos— los respaldaban y difundían.

Este consenso entre expertos permitía separar ciencia de seudociencia. Quien establecía los criterios para distinguirlas era la incipiente comunidad científica.

Actualmente, los científicos siguen utilizando el consenso de la comunidad de expertos para juzgar la validez del nuevo conocimiento. Mediante el proceso llamado peer review (revisión por pares o colegas), los nuevos descubrimientos, en forma de artículos especializados, son enviados a revistas científicas de prestigio internacional. Éstas cuentan con comités de especialistas en cada área, que se encargan de analizar los artículos recibidos y juzgar si cumplen con los requisitos de calidad y rigor que la comunidad científica exige para dar por válido un descubrimiento.

En los artículos científicos se describe detalladamente el procedimiento y los razonamientos detrás de las conclusiones presentadas, para que puedan ser discutidos, evaluados, criticados o reproducidos por otros miembros de la comunidad. Pero el proceso de construcción del conocimiento científico no termina con la publicación: la discusión sigue, y en cualquier momento un descubrimiento puede ser refutado. Es este proceso de "conjeturas y refutaciones", como dijera el filósofo Karl Popper, lo que permite que la ciencia avance y evolucione constantemente.

Hoy la evolución de la ciencia incorpora nuevas tecnologías, y las redes sociales como Twitter o Facebook comienzan a permitir que los expertos discutan, en tiempo real y públicamente, los artículos científicos recién publicados.

Lo que no cambia es que la discusión amplia y continua entre expertos es la que permite reforzar nuestra confianza en la ciencia, y asegurar que los charlatanes no son los científicos que dicen ser, sino simples embusteros en busca del dinero de ciudadanos desprevenidos.

comentarios: mbonfil@unam.mx

 

Martín Bonfil Olivera

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