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23 de mayo de 2017
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Ojo de mosca

No. 157 No saber

Mentir es uno de esos defectos que son parte de la naturaleza humana. En particular cuando pensamos que decir la verdad puede causar un perjuicio, real o supuesto, a quien la dice.

Muchas veces mentimos con tal de no decir "no sé". La razón puede ser simplemente mantener la imagen que otros tienen de nosotros. El (mal) profesor que prefiere improvisar una historia inventada antes que reconocer, ante la pregunta inesperada de un alumno, que simplemente no conoce la respuesta es un ejemplo clásico.

Curiosamente, en esto los científicos suelen ser distintos de la persona común: están entrenados para reconocer la ignorancia no como un defecto, sino como una oportunidad para explorar en busca de nuevo conocimiento. En un seminario científico, donde se analizan y discuten métodos, datos, interpretaciones y teorías, la respuesta "no sé" (casi siempre seguida, eso sí, de un "pero…") no sólo no es mal vista, sino que se considera respetable e interesante.

Un caso reciente es el aparente descubrimiento de neutrinos que viajan más rápido que la luz. Como este hecho contradice la teoría especial de la relatividad, los investigadores decidieron publicar sus datos… pero no para declarar que Einstein se había equivocado, sino para pedir a sus colegas de todo el mundo que los revisen y les ayuden a encontrar el error. Un ejemplo de la sencillez con la que los científicos aceptan la posibilidad de estar equivocados, sin que ello signifique una falla o debilidad.

Son frecuentes también las polémicas científicas en las que un experto intelectualmente honesto tiene que reconocer —aunque sus gustos personales puedan ir en uno u otro sentido— que no se puede saber, todavía, cuál de dos teorías opuestas es la correcta. ¿Es conveniente recurrir al cultivo de vegetales transgénicos para producir alimentos y combatir el hambre, o son los riesgos de causar daños ambientales tan graves que convendría más renunciar a esta tecnología? En tanto no haya datos suficientes como para crear un consenso entre la comunidad de especialistas, la única respuesta sincera es "no se sabe".

En otros casos, en cambio, una antigua polémica llega a ser resuelta. Entonces, los científicos deben dejar de decir "no sé" y declarar que ya se sabe la respuesta, aunque algunos obstinados que mantenían el punto de vista opuesto se nieguen a aceptarlo. Es el caso de quienes se empeñan en negar, pese a la sólida evidencia acumulada, que el cambio climático global es ocasionado por la acción humana, o que la causa del sida es un virus bien identificado.

La ciencia, antes que mentirse, prefiere reconocer su ignorancia como primer paso para remediarla. A eso debe su constante avance y evolución.

comentarios: mbonfil@unam.mx

 

Martín Bonfil Olivera

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