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26 de junio de 2017
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Ojo de mosca

No. 165 Mentir con estadística

Una conocidísima frase atribuida al primer ministro británico Benjamin Disraeli se usa frecuentemente para descalificar la utilidad de la estadística: "Hay mentiras, mentiras descaradas, y estadísticas".

La estadística consiste en permitir un uso efectivo de la información numérica a través de la recolección, el análisis y la interpretación de datos.

El descubrimiento de un nuevo planeta o de un ejemplar de una especie que se creía extinta son hechos claros, definitivos. Pero no son lo usual en ciencia. Aunque en la imaginación popular los científicos hacen experimentos que demuestran claramente cómo son las cosas, la mayoría de las veces obtienen datos numéricos que no dan una respuesta tajante, sino que sugieren cosas que sólo podemos confirmar mediante un análisis estadístico.

Los químicos, por ejemplo, suelen repetir por triplicado sus análisis, y luego sacan el promedio de los tres resultados —casi siempre ligeramente distintos— para tener una aproximación al valor "real". Cuando se estudian sistemas mucho más complejos —la atmósfera, el cuerpo humano, las galaxias, las colisiones entre partículas subatómicas, o las sociedades— los resultados suelen ser un conjunto muy grande y heterogéneo de datos, que no se puede interpretar directamente.

Es necesario entonces aplicar diversas técnicas estadísticas para analizarlos: determinar su grado de validez, eliminar datos anómalos que se salgan de la norma y puedan ser resultado de errores, ensayar diferentes maneras de agrupar e interpretar los datos, y que pueden producir distintos resultados… Y en todo ese proceso se toman decisiones que pueden ser discutidas por otros colegas. La ciencia no es un proceso completamente objetivo; más bien, construye interpretaciones a partir de los datos disponibles. Interpretaciones que buscan, eso sí, acercarse lo más posible a la realidad.

La estadística no es una ciencia exacta, sino un método que las ciencias —naturales o sociales— usan para tratar de ser lo más exactas posible. A veces se usa para tratar de predecir algo, con una metodología confiable, pero no hace profecías.

Uno de sus usos más polémicos es para realizar encuestas durante las elecciones. Por supuesto, los resultados estadísticos se pueden manipular. La estadística manipula los datos. Y esto se puede hacer correctamente o de manera perversa. Pero es falso que con estadística sea posible demostrar cualquier cosa (eso es distinto: se llama fraude). Pensar así sería negar por completo la utilidad de una de las más poderosas herramientas de la ciencia. Sin ella los científicos estaríamos ciegos.

¿Se puede utilizar mal? Sí. Como cualquier herramienta. ¿Quiere eso decir que la estadística no sirve, que nunca hay que confiar en sus resultados? No. Simplemente, hay que aprender a usarla bien, y conocerla para detectar cuándo se usa en forma incorrecta.

Comentarios: mbonfil@unam.mx

 

Martín Bonfil Olivera

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