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24 de mayo de 2017
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Ojo de mosca

No. 167 ¿Intolerancia científica?

Siempre que se intenta marcar límites entre la ciencia y otras disciplinas que pretenden ser parte de ella, pero que no son aceptadas por el grueso de la comunidad científica reconocida, se desata un debate. Y salen a relucir palabras como "intolerancia", "cerrazón", "fundamentalismo", "dogmas" o "inquisición".

Y es que la ciencia no es un club cerrado, sino un conjunto muy diverso de conocimientos sobre la naturaleza —y de métodos para producirlos y verificarlos— cuyas fronteras son borrosas y cambian constantemente. Pero tampoco puede ser una disciplina en la que "todo se vale" (aunque el filósofo Paul Feyerabend, en un exceso de entusiasmo, así la haya descrito).

Los límites del saber científico se amplían continuamente. En el gran universo de la ignorancia, la pequeña isla de nuestro conocimiento va expandiéndose… y su playa, esa frontera difusa entre lo conocido y lo que todavía no entendemos, crece también, paradójicamente.

¿Quién decide qué es ciencia y qué no? No existe un "comité central" que revise las solicitudes de las nuevas disciplinas que aspiran a ser reconocidas como ciencias. Algunas de ellas surgen como derivaciones de ciencias ya establecidas (física, química, biología…). Otras provienen del ámbito de las tradiciones y creencias, como muchas "medicinas alternativas" que tratan de mezclar conceptos científicos con visiones más bien místicas.

El historiador y filósofo Thomas Kuhn describió cómo es el consenso de una comunidad científica que comparte un lenguaje, visión del mundo, metodología, criterios de calidad y otras características (lo que él llamaba "un paradigma científico") lo que define, no formalmente pero sí en la práctica, lo que es ciencia y lo que no.

Este "criterio de mayoría selecta" no siempre es lo más justo ni siempre acierta, pero es el método más eficaz que se ha hallado para legitimar el conocimiento científico. El procedimiento de "revisión por colegas", principal herramienta para garantizar la calidad del conocimiento científico que se publica, forma parte de él. Y tiene la ventaja de ser flexible: aunque sea lenta y trabajosamente, el consenso de la comunidad científica puede cambiar cuando hay argumentos y condiciones adecuadas. Así, "ciencias" que originalmente no fueron reconocidas como tales han llegado a serlo… porque lograron convencer a la comunidad.

Ante la proliferación desmedida de falsas ciencias y de francas supercherías, el criterio pragmático sigue siendo lo más sensato. Si queremos hablar de ciencia, atengámonos a lo que se halla dentro de la frontera del conocimiento reconocido. Y dejemos lo que está afuera para después… si llega a convertirse en ciencia legítima.

 

Martín Bonfil Olivera

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