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21 de agosto de 2017
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Ojo de mosca

No. 168 Conocer, entender, amar… y actuar

La ciencia es importante; nadie lo duda. En lo que no todo mundo está de acuerdo es en por qué es importante.

Hay quien piensa que importa porque nos ofrece una manera de ver el Universo que no sólo despierta nuestro asombro, sino que también nos permite entenderlo. Esta fascinación, similar a la experiencia estética que produce el arte, pero que en el caso de la ciencia requiere pasar primero por la comprensión, es una de las características que hacen de ella algo tan único.

Otras personas consideran que la importancia de la ciencia radica en que gran parte de todo lo que conocemos como "progreso" ha sido resultado de la aplicación del conocimiento sobre la naturaleza que ésta nos ha proporcionado.

Para otros más, la ciencia es importante por su tremendo potencial para influir en la vida de las personas y las naciones. Es una fuerza social tan poderosa que no es exagerado decir que el destino de los países está estrechamente ligado al desarrollo científico. Decidir en qué dirección queremos usar el conocimiento producido por la ciencia es literalmente una cuestión de supervivencia.

Y sin embargo, la ciencia no está directamente al alcance de los ciudadanos: el lenguaje ultra especializado en que se expresa hace que sólo los expertos puedan comprenderla a cabalidad.

Por eso existen especialistas en hacer la ciencia accesible para el público no científico. Los divulgadores científicos —como los que hacen posible esta revista— buscan que quienes no están en contacto directo con la labor científica tengan la oportunidad de apreciarla.

La divulgación científica puede realizarse en varios niveles: el ideal sería "democratizar" la ciencia y la responsabilidad sobre su uso: lograr que cualquier persona pueda participar de manera informada y consciente en las decisiones sobre ciencia que se toman en su comunidad.

Pero antes de lograr la participación ciudadana —la acción— es necesario proporcionar al público no científico la oportunidad de acercarse a una parte de nuestra cultura con la que muchas veces está poco familiarizado. Hay prejuicios que ven a la ciencia como algo extraño, aburrido o dañino. Permitir que las personas la conozcan mejor es el primer paso para construir una cultura científica en los ciudadanos.

A partir la apreciación de la ciencia, puede avanzarse hacia su comprensión pública, objetivo en el que la mayor parte de los divulgadores científicos concentran sus esfuerzos. Y es precisamente con esta apreciación y comprensión que puede surgir, por un lado, el amor por la ciencia, y por otro, la acción para garantizar que su uso sea siempre el más adecuado.

Comentarios: mbonfil@unam.mx

 

Martín Bonfil Olivera

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