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28 de abril de 2017
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¿Cómo ves?
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Ojo de mosca

No. 172 La verdad construida

Creemos vivir en el mundo real. Nada resulta más natural que decir "lo vi con mis propios ojos", o tocar un objeto para subrayar su solidez, su realidad. Pero a nivel psicológico, la realidad del mundo físico que percibimos con nuestros sentidos resulta menos sólida de lo que parece.

En primer lugar, porque no percibimos el mundo externo directamente. Nuestros ojos no ven los objetos en sí, sino la luz reflejada en ellos, que nos comunica algunas de sus propiedades. Al ser captada esa luz por las retinas, es convertida en impulsos nerviosos que viajan a través del nervio óptico hasta las áreas visuales del cerebro, donde son procesadas.

Y lo mismo con los otros sentidos: tacto, olfato, oído y gusto son maneras en que nuestro cerebro recoge datos acerca del mundo que nos rodea para, ahí aislado en la oscura bóveda del cráneo, elaborar a partir de ellos representaciones lo más fieles posible de lo que ocurre afuera.

Pero la construcción de esas representaciones dista mucho de ser simple. Implica un procesamiento en paralelo de las señales recibidas, que son distribuidas a distintas áreas donde son manipuladas y transformadas de forma muy compleja. Por ejemplo, hablando de la vista, hay regiones cerebrales que detectan la presencia de bordes, líneas verticales u horizontales, movimiento, colores, intensidad de luz, textura y muchas otras propiedades. Y a niveles más complejos, hay áreas de la corteza visual que reconocen categorías generales, como caras, letras o árboles, y otras que distinguen casos particulares: la cara del vecino, la S mayúscula de cierta marca comercial, nuestro árbol favorito del parque.

La manera en que todo este trabajo de cómputo cerebral en paralelo se integra para dar origen a la sensación subjetiva de "ver" es algo que apenas se está comenzando a comprender. Lo que está claro es que lo que "vemos" es más bien una especie de realidad virtual creada por nuestro cerebro, que coincide bastante bien —pero no siempre, como demuestran las ilusiones ópticas, las alucinaciones y las alteraciones neurológicas que afectan la visión— con la realidad externa.

Curiosamente, lo que ocurre a nivel psicológico en el individuo ocurre también a nivel colectivo en las sociedades. Las "realidades" aceptadas por una sociedad son también construcciones que se arman a partir de datos que son interpretados de distintas maneras por los individuos, y que sólo cuando logran un cierto consenso se convierten en "verdades". Se habla así de verdad histórica, jurídica, científica, pero no de verdad absoluta.

Al final, la idea de "verdad" es ingenua: habitamos, más bien, en realidades construidas, que tratamos de poner de acuerdo para aproximarnos a lo que existe ahí afuera.

 

Martín Bonfil Olivera

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