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12 de diciembre de 2017
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Ojo de mosca

No. 181 La lotería de la ciencia

Quince años compartiendo la ciencia: felicidades a todo el equipo de ¿Cómo ves? y a quienes han hecho posible esta aventura.

Cuando se habla del poco apoyo que recibe el desarrollo de la ciencia y la tecnología en nuestro país, se piensa casi siempre en dinero.

Se manejan distintos datos. Como el número de investigadores por cada 1 000 habitantes: México tiene 0.3, mientras que Estados Unidos casi 5, igual que Corea; Japón, 5.5, España, 3; Argentina casi 1, y Brasil, 0.6. O bien el porcentaje del Producto Interno Bruto (PIB): México invierte menos del 0.4%; Estados Unidos, 2.79; España, 1.38, y Brasil, 1.09.

Visto así, el problema parecería ser sólo de dinero y número de investigadores disponibles. Pero se refuerza un conocido prejuicio: que como los recursos monetarios y humanos son limitados, una manera de optimizarlos es apoyar, sobre todo, a investigadores y proyectos que se enfoquen no sólo a investigar "cosas curiosas", sino a resolver los Grandes Problemas Nacionales: pobreza, enfermedad, desforestación, contaminación y otros.

Se trata del viejísimo debate entre ciencia "básica" y "aplicada", donde la primera sale siempre perdiendo. Más allá de lo falso de tal dicotomía (como afirma el Dr. Ruy Pérez Tamayo, a la que hay que apoyar es a la ciencia bien hecha), esta visión pragmática de la investigación resulta dañina.

¿Por qué? Porque la ciencia es esencialmente darwiniana. Contra lo que vemos por televisión, es raro que un científico que busque la respuesta a una pregunta particular logre encontrarla. Lo normal es que descubra una serie de cosas inesperadas, que le abren nuevas rutas de investigación. Algunas resultarán ser callejones sin salida; otras lo llevarán a descubrimientos interesantes, pero completamente distintos a lo que buscaba. (Y no lo hace individualmente: cada investigador tiene también varios alumnos de licenciatura y posgrado, explorando diversos proyectos, para que alguno se tope con un camino prometedor.)

Podría parecer ineficiente, pero así son los procesos darwinianos. En ciencia no hay manera de asegurar que se va a hallar lo que se buscaba; pero sí que, si se recorren los vericuetos por los que nos lleva la exploración de la naturaleza, se descubrirán cosas importantes y útiles… y algunas incluso tendrán aplicación práctica.

Pero esto sólo ocurrirá si hay un número suficientemente grande de científicos trabajando en libertad y con presupuesto adecuado, haciendo buena ciencia, para explorar estas rutas inesperadas; para que algunos pocos puedan descubrir algo grande. Y normalmente, estos descubrimientos pagan con creces la inversión que se hizo.

La ciencia es una lotería. Un país que quiera progresar debe comprar suficientes boletos: sólo así tendrá posibilidades de ganar el premio mayor.

 

Martín Bonfil Olivera

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