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26 de junio de 2017
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Ojo de mosca

No. 185 Cientificismo

Todo exceso es malo, dice el dicho. Incluso en ciencia. Sin la menor duda, la ciencia es una de las creaciones intelectuales más refinadas de la humanidad. Es también, por mucho, el mejor método que tenemos para obtener conocimiento sobre la naturaleza. Conocimiento que además tiene la virtud de ser confiable: funciona cuando se aplica a resolver problemas prácticos.

Pero eso no quiere decir que no tenga límites. Así como debe haberlos, y muy claros, para distinguir la ciencia legítima de sus imitaciones baratas que pretenden embaucar incautos vendiendo remedios milagrosos o métodos adivinatorios, los hay también en cuanto a su campo de aplicación y su poder para hallar explicaciones y hacer predicciones confiables.

En otras palabras, la ciencia no sirve para todo. No sirve para saber si alguien nos ama, juzgar una obra de arte, decidir por quién votar, resolver un dilema ético ni elegir qué mermelada es la más sabrosa. Ni, por supuesto, para resolver dudas sobre la existencia de una divinidad. Puede, eso sí, proporcionarnos información útil que nos ayude en estas decisiones. Pero no resolverlas.

Aunque esto debería ser obvio, hay quienes sinceramente no lo creen, y piensan que la ciencia puede resolver cualquier tipo de problemas en cualquier área, no sólo respecto al mundo natural, y que básicamente es la única forma legitima de obtener conocimiento acerca de cualquier cosa.

Quienes piensan así llegan a descalificar cualquier otra forma de obtener conocimiento, como la fi losofía, la revelación, las tradiciones y otras, pues consideran que sólo el científico es verdadero conocimiento: todo lo demás son simples creencias sin justificación, que no deberían ser tomadas en cuenta. Existe una palabra para designar a estos extremistas de la ciencia: cientificistas.

La Real Academia define el cientificismo como la "doctrina según la cual los métodos científicos deben extenderse a todos los dominios de la vida intelectual y moral sin excepción"; la "teoría según la cual los únicos conocimientos válidos son los que se adquieren mediante las ciencias positivas", y la "tendencia a dar excesivo valor a las nociones científicas".

En este sentido, el cientificismo sería un vicio del pensamiento; una confianza exagerada en la ciencia que llega a la soberbia, y en casos extremos, a un verdadero fanatismo.

Tiene dos desventajas: no sólo es poco sensato, sino que refuerza, al presentar una ciencia totalitarista e intolerante, el rechazo que mucha gente siente hacia ella.

La ciencia es una creación humana. Por ello, a pesar de su valor, tiene limitaciones, contradicciones y defectos. Su objetivo es, simplemente, proporcionarnos conocimiento confiable acerca del mundo natural. Transformar ese conocimiento en sabiduría es tarea que va más allá de sus posibilidades.

Comentarios: mbonfil@unam.mx

 

Martín Bonfil Olivera

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