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16 de agosto de 2017
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Ojo de mosca

No. 192 Tecnociencia

¿Qué fue antes, el huevo científico o la gallina tecnológica?

A mucha gente le llama la atención que siempre que se habla de ciencia —sobre todo en los medios gubernamentales—, se la menciona ligada a la tecnología. Como si fueran un par de gemelos siameses, inseparables.

Y sin embargo, ciencia y tecnología son dos cosas bastante distintas: la ciencia es una actividad creativa que busca entender la naturaleza, explica Ruy Pérez Tamayo, científico y académico mexicano. Y aclara que la tecnología, en cambio, es una actividad productiva que busca generar bienes de consumo o servicio. “Ciencia es lo que hay que hacer para saber; tecnología, lo que hay que saber para hacer”, resume.

Actualmente es común pensar que la tecnología se deriva de la ciencia, pues para su desarrollo depende del conocimiento generado por aquella, que aplica de manera práctica para modificar el mundo que nos rodea y nuestra relación con él. Pero históricamente existen muchos ejemplos en que un desarrollo tecnológico apareció antes que su comprensión científica. La cocina, la arquitectura, la fermentación, la agricultura y muchas otras tecnologías aparecieron milenios antes de los comienzos de la ciencia. E incluso en tiempos más recientes, desarrollos como la máquina de vapor de James Watt comenzaron a usarse sin tener una verdadera comprensión teórica de su funcionamiento (que sólo llegaría cuando Sadi Carnot fundó la termodinámica, con lo que el invento de Watt se pudo perfeccionar y volverse comercial).

Pero en realidad, así como cada vez que hay un desarrollo tecnológico suele haber, antes o después, un avance científico que lo haga posible (o lo explique), todo logro científico, sobre todo en los últimos siglos, puede darse sólo cuando existe la tecnología que permita. La microbiología no existiría sin el microscopio; la física nuclear, sin los aceleradores de partículas. Para hacer ciencia se necesitan, forzosamente, telescopios, incubadoras, termómetros, computadoras, refrigeradores, satélites, cámaras fotográficas… tecnología. Sin todo ello, la ciencia se vuelve imposible. En ese sentido tan real, la ciencia depende de la tecnología tanto como ésta de la ciencia. La ciencia es una con la tecnología.

Es por ello que hoy se ha acuñado el término tecnociencia, que describe no sólo la profunda simbiosis entre ciencia y tecnología, sino también la compleja red de relaciones entre éstas y el resto de la sociedad. Hoy el concepto incluye también al sistema industrial y empresarial que hace posible a la tecnociencia, y sus relaciones económicas, políticas y sociales con el resto de la actividad humana.

La ciencia y la tecnología no sólo son inseparables entre sí; también lo son del resto de la sociedad.

 

Martín Bonfil Olivera

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